Raíces – Música de los Andes: cantos y sonoridades de resistencia y reexistencia

Palpitaciones de los corazones que se expresan en los Bombos Legüeros, variedades de respiraciones de acuerdo al sentipensar interpretadas en los Sikus y las Quenas, sensaciones que experimentan los cuerpos transmitidos en las cuerdas y los Charrangos, cuerdas vocales que vibran con fuerza y dulzura para hacerse cantos.

Por Jhon Mario Marín Dávila

Fotos tomadas de la página de Facebook Raíces Música de los Andes

En un viaje al Ecuador y al sur de Perú, un grupo de estudiantes logró una cercanía con la cultura andina, que le despierta una inspiración y otra forma de percibir las culturas del sur. Esta cercanía con el pensamiento andino los llevó a ser conscientes de que el territorio al que pertenecen, el Valle de Aburrá, está dentro de la cordillera andina y cordillera central. Los estudiantes se preguntaron, entonces, sobre la cultura andina del Valle de Aburrá y tejieron varias reflexiones sobre un territorio geográficamente andino, pero que culturalmente no alberga ya mucho de sus tradiciones, epistemologías, formas de relacionamiento y de vida.

Con el propósito de construir un grupo para volver a la raíz, fortalecer, recuperar el folklore y la identidad andina, hacer un ejercicio investigativo y también con el interés de participar en los espacios sociales, las organizaciones comunitarias, procesos de resistencia, estos estudiantes decidieron crear e hilvanar el grupo Raíces Música de Los Andes en el 2014.

Esteban Garcés Gómez, integrante del grupo Raíces Música de los Andes, dice que “fortalecer la identidad en estos tiempos de colonialidad, en tiempos de neoliberalismo, que lo que se busca es una homogenización cultural, ideológica, política y epistémica, retornar a estas músicas, a estas sonoridades es una apuesta muy importante por la construcción de la identidad latinoamericana. Apostarle a la identidad hoy es apostarle a la resistencia, a la reexistencia para poder consolidar otros mundos posibles, alternativos al capitalismo, a la explotación y a la muerte”.

El formato que tiene el grupo Raíces es un ensamble latinoamericano, con cuerdas como Guitarra, Charango, Violín, Bandola, Bajo, Tiple, articuladas con los vientos andinos como las Zampoñas o los Sikus, las Quenas o Quenachos y variación de las flautas, y con las percusiones andinas como las Chachas y el Bombo Legüero. Así recogen una identidad latinoamericana, las experiencias, sonoridades de la cordillera andina para contar, narrar la historia, las luchas de los pueblos y las reflexiones profundas de la existencia de los procesos que se han vivido en esta parte del mundo.

“En estos momentos, en donde la música se circunscribe dentro de elementos de la economía naranja, donde los grupos son como empresas que producen desde el arte, ha sido necesario replantearnos también el papel de la música en las problemáticas sociales, y cómo nosotros podemos aportar la música en espacios de ceremonia, en espacios de lucha, en espacios de conflicto; cómo podemos recibir también más allá del dinero, cómo podemos recibir bienestar, cómo podemos recibir medicinas en intercambio de los sonidos, cómo podemos recibir la fuerza de otros colectivos en ese hilvanar y en ese tejer”, manifiesta Esteban.

La música es un instrumento, dispositivo, forma del lenguaje universal. Por ejemplo, se puede ver cómo los pueblos originarios, a través del canto, sonidos, instrumentos, han encontrado formas de ordenamiento y armonización del territorio. Para el grupo Raíces la música “es uno de esos vehículos, de esas formas simbólicas de conectarnos con el territorio que habitamos, porque este territorio también tiene un lenguaje, que se habla en el canto de los pájaros, en el sonido del agua, en el sonido del viento, de los insectos, también en los dialectos y en las lenguas nativas”, comenta Esteban. Según él, “la música también es un entendimiento del territorio desde el sentir, es un portal que nos permite comprender lo que el territorio habla y es una manera de hablarle al territorio, de agradecer en el territorio la vida, los frutos de la naturaleza, la abundancia que provee la madre tierra y de esta forma conectamos”.

El grupo Raíces se ha sostenido, desde sus inicios hasta el día de hoy, por medio de la autogestión. Cada uno de sus integrantes ha tenido la responsabilidad individual de adquirir instrumentos, y los ensayos no son en un lugar específico, sino donde la voluntad y la dulzura de la colectividad les comparte un espacio: en terrazas, parques, calles, barrios, veredas, casas de la cultura y estudios de tatuajes, y los recursos que genera el mismo grupo son para su propio fortalecimiento.

La música andina es de contenido social y político, motivo por el cual la institucionalidad ha intentado marginalizarla e invisibilizarla. Sin embargo, el grupo Raíces ha resistido a través de la persistencia, la permanencia, de la acción reiterada de crear el arte, de transformar sus propias condiciones a través del arte y desde la unidad. “En este contexto actual de globalización y neoliberalismo creo que mantenerse en la juntanza es una apuesta muy importante, igual que apostarle a lo solidario, a lo mutual, a lo recíproco por encima de lo competitivo, de lo acumulatorio”, argumenta Esteban.

El grupo Raíces ha logrado conformar una familia, un ayllu, una comunidad extensa desde hace más de 7 años. Han participado en diferentes escenarios y puestas en escena de la ciudad de Medellín y distintos lugares de Antioquia; han impulsado y aportado al surgimiento de otros procesos como El Colectivo Sumak Kawsay, la Escuela Popular de Sikuris, La Tropa Sikuris Aburrá. Le ha apostado desde el principio a los procesos educativos, de construcción política, participación comunitaria, con el propósito de tejer lazos sólidos, construir comunidad y tejido en el territorio del Valle de Aburrá. “En este momento el grupo Raíces tiene nueve integrantes, y es muy interesante porque uno transforma al grupo y el grupo lo transforma a uno, y todos estos seres se empiezan a volver también parte de la vida de uno, de la cotidianidad, de la familia. Se empieza a construir, así, como una familia de hermanos y hermanas, de hombro a hombro, de codo a codo, de puño a puño, pues se ha venido tejiendo eso desde esas individualidades que se conforman”, dice Esteban.

Así han venido resistiendo y reexistiendo a la colonialidad, al capitalismo y al neoliberalismo, desde la unidad, reciprocidad, el ayllu, la juntanza, la dulzura. Y han tejido desde las diferentes habilidades, sentires, pensamientos, y compartido desde el corazonar que sus integrantes entregan en cada instrumento o canto.

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