Editorial No 65: Fortalecer el proyecto político en el paro

Portada: Sin título – Rob Dobi

Frase de portada: La resistencia es hoy una posibilidad de supervivencia

Cuando muchos daban por terminado el paro, los jóvenes nos sorprendieron con una inagotable capacidad de resistencia y de confrontación que en buena medida parecen inéditas en la historia de Colombia. Sobre todo, porque la represión y los intentos de criminalización con que ha respondido el gobierno no solo no se han menguado, sino que, por el contrario, han arreciado con más saña, volviendo parte del paisaje los heridos, muertos y desaparecidos en cada jornada de movilización. En realidad, este movimiento nos sorprende en varios aspectos, no solo por la duración de las protestas (más de dos meses ya de manera ininterrumpida), sino por su impugnación a las tradicionales formas organizativas de la clase obrera y los intentos de organización nacidos desde los mismos jóvenes. Es necesario reconocer y resaltar el carácter inédito de estas movilizaciones para comprender sus apuestas y sus posibilidades, y sobre todo para asumir en ellas el papel que nos corresponde.

¿De dónde viene esta beligerancia y voluntad de sacrificio de los jóvenes en estas recientes movilizaciones? Muchos aseguran que se debe a que los jóvenes ahora se saben sin futuro, no tienen esperanzas de acceder a la educación ni a un empleo digno y mucho menos a una salud de calidad; con eso, saben que no tienen nada qué perder. Pero esta no es una situación novedosa de la juventud popular en Colombia, que siempre ha vivido al margen de las instituciones, con un futuro siempre ensombrecido, robado por los magnates del capital y la guerra. Por algo fue tan significativa la película que hizo Víctor Gaviria en los años 80 del siglo pasado y que tituló Rodrigo D no futuro.

Tal vez eso que hoy le concede el carácter inédito a las movilizaciones populares, protagonizadas y sostenidas especialmente por los jóvenes, incluso contra las orientaciones del Comité Nacional de Paro, es la conciencia de clase que ha hecho nido en estas juventudes no solo empobrecidas sino indignadas. Frente a las movilizaciones de noviembre de 2019 muchos analistas medio ciegos, como Héctor Abad Faciolince, se atrevieron a decir que se trataba de un movimiento de la clase media que luchaba por no perder las comodidades burguesas que habían alcanzado hasta entonces. Por supuesto, era ya para entonces un análisis que ni siquiera observaba la realidad que viven los jóvenes de nuestro país y, posiblemente, de toda Latinoamérica; en últimas, el análisis de un burgués que generaliza sus condiciones privilegiadas de vida como si fueran la norma para todo el mundo.

Hoy, sin embargo, a nadie con mediana inteligencia se le ocurriría decir que los jóvenes que defienden los puntos de resistencia y mantienen los bloqueos, aunque esporádicos ya, en Cali, Bogotá y Medellín y otras ciudades de Colombia, son burguesitos clase media, que por eso tienen tiempo para gastar en las movilizaciones y lo que pretenden es mantener su vida de confort. No solo es evidente que estos jóvenes pertenecen a los barrios populares, que son en su mayoría desempleados, sino que sus familias están tan empobrecidas que las ollas comunitarias realizadas en los puntos de bloqueo y resistencia se han convertido, para muchos, en su única posibilidad para comer siquiera una vez al día. Es decir, la resistencia misma es hoy una posibilidad de supervivencia inmediata y por eso los lazos de solidaridad popular y la vinculación con la comunidad en estos lugares surge casi de manera espontánea.

Estos jóvenes se reconocen como parte de la clase obrera, tal vez la parte más golpeada por el modelo neoliberal. Por eso no se conforman con las promesas etéreas del gobierno de reducir impuestos a las empresas que contraten jóvenes o de subsidiar parcial y temporalmente las matrículas en las universidades públicas para paliar los efectos de la Pandemia. Y es que una cosa son las promesas para desmovilizar a la gente y otra cosa son las acciones concretas; y a propósito de las acciones concretas el presidente y su partido de gobierno no se cansan de su cinismo teatral, hasta el punto que, en plena crisis política ocasionada por las férreas movilizaciones, se dieron el lujo de hundir en el senado dos de las banderas más importantes agitadas por este paro: matrícula cero como política estatal y renta básica para las familias pobres.

Estos jóvenes, que se han tomado las calles para reivindicar su opción de futuro, saben que este solo puede abrirse a partir de transformaciones estructurales, que no van a ser concedidas fácilmente por este gobierno y la élite mafiosa y corrupta que lo sustentan. Y saben que esas transformaciones solo pueden lograrse mediante la lucha colectiva de toda la clase obrera y demás sectores excluidos. Pero no confían en las prácticas de las clásicas organizaciones de la clase obrera, expresadas básicamente en el Comité Nacional de Paro, donde actúan los viejos burócratas de las centrales obreras que, desde hace décadas, operan con las mismas prácticas instrumentalistas de los partidos de derecha. Lo novedoso es que esta vez los jóvenes no se han limitado a criticar las viejas prácticas y las formas organizativas, sino que se han dado a la tarea de explorar otras formas y otras maneras de construcción colectiva, entre ellas las llamadas Primeras Líneas y las asambleas populares, en donde los mismos jóvenes se asuman y sean reconocidos como sujetos políticos de derecho propio.

Así, pues, lo más inédito de estas movilizaciones es que están allanando el camino para la emergencia de un nuevo sujeto histórico de transformación, que ya se evidencia de manera embrionaria. No se trata solo de que los jóvenes, como en su momento lo hicieron los campesinos, exijan ser reconocidos como sujetos políticos, sino que su articulación en el movimiento social y popular demanda una transformación radical en las prácticas y formas organizativas tradicionales del movimiento obrero y los sectores populares. Esto no tiene que leerse como una agudización necesaria de las disputas y divisiones de la izquierda, de la cual solo puede resultar favorecida la élite gobernante, sino como la posibilidad de provocar y asumir esas transformaciones en la totalidad del movimiento social y popular para que pueda acoger y articular de manera no instrumental esos nuevos sujetos que piden ser reconocidos y respetados, ya no tanto por la institucionalidad, como por el propio movimiento social.

En esa apertura del movimiento social a estos nuevos sujetos, en reconocer lo que demandan de la izquierda y aprender de sus nuevas formas de resistencia, está la posibilidad de que la actual coyuntura se constituya en una oportunidad de oro para las transformaciones que anhelamos. Y sobre todo que se consolide un sujeto histórico plural y diverso que se proyecte como gestor de nueva humanidad en el mediano y largo plazo. En lo inmediato, las actuales demandas del movimiento social, entre las que se destacan las exigencias de los jóvenes por un futuro digno, podrían convertirse en un programa serio de gobierno y una agenda legislativa construida desde el pueblo para que los ejecute el pueblo organizado. Un sujeto político con la claridad que puede ganar en esta coyuntura tendrá no solo la posibilidad de elegir al presidente y los senadores que se comprometan con dicho programa (también los funcionarios de los órganos de control que hoy son títeres del presidente), sino la capacidad para exigir su cumplimiento, pues dicho sujeto no se compromete afectivamente con uno o unos candidatos, sino con unas propuestas concretas de transformación y organización de la vida social en pos de la dignidad y la convivencia pacífica, para lo cual la incidencia en el gobierno es apenas una de las herramientas, siempre mediada por una disposición permanente para la organización y la lucha popular.

Contraportada: Después del fuego brotaremos, como el bosque nativo – Valentina Orozco Mantilla

Frase de contraportada:  En la apertura del movimiento social a los nuevos sujetos que emergen en el paro está la posibilidad de consolidar un sujeto histórico plural y diverso capaz de gestar una nueva humanidad

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