Estados Unidos en Afganistán

Huyendo como ratas

Por Renán Vega Cantor

En la foto: retiro de tropas de Afganistán, tomada de RTVes

La noticia ha pasado desapercibida, como si fuera intrascendente, en la medida en que los Estados Unidos, y falsimedia a su servicio, tratan de ocultar su irreversible decadencia como imperio mundial. Pero adquiere un relieve adicional, más allá del que intrínsicamente tiene, en la medida en que ahora mismo Estados Unidos, con la arrogancia criminal que lo caracteriza, amenaza con invadir a Venezuela, a Cuba y a todo aquel país que se oponga a sus designios, presentándose como portadores de la democracia y la libertad.

La noticia a la que hacemos referencia es el abandono acelerado y a hurtadillas de Estados Unidos del territorio afgano tras veinte años de ocupación continua. De una manera muy parecida al caso de Vietnam en 1975, guardando las debidas diferencias históricas, Estados Unidos huye de un territorio del mundo periférico al que invadió con el pretexto de llevar la democracia, la libertad, los derechos humanos, la justicia made in Usa. En contra de las promesas retóricas y demagógicas, Estados Unidos sale sin vergüenza alguna, con el rabo entre las piernas, sufriendo una terrible derrota.

Para tratar de endulzarla, el pusilánime de Joe Biden anunció el retiro total de tropas de los Estados Unidos de territorio de Afganistán el 11 de septiembre, cuando se cumplen veinte años de los atentados de Nueva York, que dieron comienzo a la autoproclamada por Estados Unidos “guerra mundial contra el terrorismo”. Pero lo que Biden no dijo es que iba a empezar a huir de ese país a escondidas, sin avisar siquiera a sus sirvientes más incondicionales de Afganistán, que cada vez son menos.

La derrota militar es de tal magnitud que, sin previo aviso, y en la oscuridad de la noche, Estados Unidos abandonó el viernes 2 de julio la base aérea de Bagram, su principal centro de operaciones. La dejó tirada, sin entregársela oficialmente al Ejército de Afganistán, una fuerza de títeres que pronto va a desaparecer del mapa. Al respecto, el general Mir Asadullah Kohistani, el nuevo comandante de la Base Aérea de Bagram, afirmó: “Oímos ciertos rumores de que los estadounidenses se habían ido de Bagram. Finalmente, a las siete de la mañana (del viernes pasado) pudimos confirmarlo”.

En su huida, como un atracador nocturno, Estados Unidos dejó 3,5 millones de artículos dentro de la base, en los que se incluía miles de botellas de agua, bebidas energéticas y comidas enlatadas. También dejó abandonados automóviles civiles y militares, muchos de ellos sin llave para accionarlos.

Uno de los soldados que llegó a la base militar, que otrora representaba el poder militar del Tío Sam, señaló que los estadounidenses “perdieron toda su buena voluntad de 20 años en una noche al irse como lo hicieron, sin avisar a los soldados afganos que estaban patrullando el perímetro afuera”. Esto es lo que debe llamarse, sin eufemismos, la desmoralización de la derrota, que se rubrica con el hecho de que tan solo veinte minutos después de huir como roedores, Estados Unidos dio la orden de cortar la electricidad dentro de la base militar. El apagón indicaba que algo raro estaba sucediendo, y fue la señal para que entraran en acción decenas de saqueadores que procedieron a llevarse en camiones todo lo que podía ser transportado y que no estaba agarrado al suelo.

La base Bagram fue el centro de operaciones aéreas de los Estados Unidos y sus lacayos de la OTAN durante veinte años. Es una especie de pequeña ciudad, con dos avenidas internas, una de ellas de 3.600 metros que fue construida en 2006. La base está llena de hangares y se pueden estacionar hasta unos cien jets de combate. En su interior había un hospital con 50 camas y una cárcel, en la que se encuentran 5.000 prisioneros. En su momento de esplendor en esta base se albergaron hasta 10 mil militares de los Estados Unidos.

Mientras las tropas de Estados Unidos huyen, se expanden los ejércitos talibanes, los mismos que Washington creó, financió e impulsó en la década de 1980 para enfrentar a los soviéticos y destruir el gobierno laico que se había construido en suelo de Afganistán y había significado importantes avances para las mujeres, que fueron liberadas por un corto período de tiempo de un régimen medieval y retardatario. Esos talibanes fueron recibidos por Ronald Reagan en la Casa Blanca y fueron denominados “luchadores por la libertad”.

Ahora, Estados Unidos les deja el camino abierto a esos mismos talibanes, que de seguro van a hacer lo mismo que hicieron hace 30 años, como es imponer a sangre y fuego sus concepciones medievales y retrógradas sobre la vida y la sociedad, en donde las pobres mujeres afganas llevan la peor parte. Esa es la herencia democrática y liberal que deja Estados Unidos tras de sí, luego de casi medio siglo de saquear y destruir a Afganistán. Allí dejó miles de muertos, miles de huérfanos y lisiados, un territorio devastado por las bombas “inteligentes”, una economía y una sociedad postradas por la guerra y una brutalidad a flor de piel; tal es la grandiosa herencia de los Estados Unidos en territorio afgano.

Lo llamativo es que ese mismo país, los Estados Unidos, que carga consigo una nueva derrota tras una larga intervención en suelo extranjero, habla de llevar libertad y democracia, y sus voceros más beligerantes llaman a bombardear e invadir a Cuba -como lo hace el alcalde de Miami y la gusanería de esa ciudad-. Al parecer estos personajes no están enterados de la derrota que Estados Unidos ha sufrido en Afganistán, de donde huyen como las ratas cuando el barco se está hundiendo.

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