
Yo construí mi vida para ti
Yo construí mi vida para ti. La hice tuya.
La llamé por tu nombre de viento y amapola.
La dejé entre la miel oculta de tu vientre
y la voz de Jonás se encendió entre mis venas.
Yo construí mi vida con batallas.
Herí una estrella roja con banderas.
Busqué el azul, la síntesis del día,
la presencia de Dios, el trigo combatiente.
Busqué una orilla, límite, trinchera,
en la piel jubilosa vencida por la entrega,
y del frente te traje un sabor de paz joven
para vestir tu corazón de primavera.
Yo construí mi vida para ti. La hice tuya.
La amarré con un beso a tu cintura.
Mi girasol de huesos te coronó la frente.
Y defendí tus pasos, tus ríos, tus fronteras.
Yo construí mi vida para ti,
la hice raíz de tus alondras,
zumo de tus aromas verticales.
Yo construí mi vida para ti. La hice tuya.
Y hoy me duele el exilio que me diste,
tu mar de peces muertos,
tu pubis en derrota.
Yo que fui por tu mar de podrida esmeralda
a enterrar mi tesoro de cañas y de cámbulos
sé que el amor vendrá por llagadas corolas
atravesando párpados con sus uñas de luto.
Algo debe pasar
Algo debe pasar
cuando al poeta
le tiemblan las palabras.
Algo debe pasar
cuando se han muerto
los peces y los niños y los árboles.
Algo debe pasar
cuando suceden siempre
las mismas cosas agrias.
Algo debe pasar
cuando los pájaros
abandonan su nido en la montaña.
Algo debe pasar
cuando la estrella
esconde su rubor entre la tarde.
Algo debe pasar
cuando al poeta
se le ha secado el alma.
Algo debe pasar
pero nos dicen:
“aquí no pasa nada”.
Responso africano
Cuando un hombre como Patricio Lumumba cae
se desata la furia, se multiplica el aire por las voces.
Ya no hay tiempo para llorar, ya no hay tiempo.
Una lágrima es la constancia de una simple derrota.
Una protesta es como una batalla que se gana
en medio de los vientos contrarios y las pausas.
Y los pueblos escupen desde su corazón infatigable.
Hasta la luz yergue su voz contra la muerte
de una palabra, ahora, acorralada entre silencios.
Uno veía rondar laureles de odio sobre la frente de Lumumba.
Patricio no era un hombre: era sencillamente
la libertad de un pueblo, del pueblo, de los pueblos;
él despertaba un sueño milenario,
una vieja estación de labios verdes,
un camino de pétalos abiertos.
Sus ojos se bebieron en un beso
la helada claridad de los diamantes.
Y eran sus manos –terciopelo herido—
capital de banderas y luciérnagas.
Desde lejos se oía su palabra de marcha,
la seca tempestad de sus pupilas.
Nadie lo vio en la noche correr. No. Nadie. Nadie.
Su miliciana voz era un viento en el alba.
Y su paso de liana era una sed que ardía,
un fuego primordial, un río apresurado.
Por la esquina del bosque cayó su fino roble,
su acento desvelado, su estatura de yedra.
No hay ojos cejijuntos para llorar su muerte,
ni nubes de algodón para tapar su herida.
Cuando un hombre como Patricio Lumumba cae
el corazón del mundo es como un puño en alto.
Marco Fidel Chávez (Puerto Tejada, 15 de agosto de 1926). Su voz poética ha sido labrada pacientemente durante muchos años en los que se repartió con otros tantos oficios. Desde muy lejos, o tal vez de muy hondo, nos trae su palabra invicta para mostrarnos una luz de esperanza y un estandarte de dignidad férrea. Es una voz que habita en el horizonte de lo posible y, por tanto, funge como guardiana vigilante de ese futuro que ha de llegar para todos.
El poema “Yo construí mi vida para ti” apareció publicado en su libro titulado Batalla con la Luz, publicado en 1990. “Algo debe pesar” y “Responso africano” aparecieron en una reedición de 2008, en la que, además, compilaba sus tres libros de poesía: Oscuro Meridiano, Edipo negro y Tiresias el vidente.
