Un recorrido por la ciudad madre, así se deja ver Santa Fe Antioquia

Por Víctor Andrés Muñoz Marín

Fotos: Victor Andrés Muñoz.

Llegué a la terminal de transporte de Santa Fe de Antioquia el 22 de abril de 2023. Eran las 12:35 de la tarde y me recibió una temperatura fuerte, de 31°C, pero los habitantes del pueblo decían que era un día fresco, ideal para trabajar sin estrés. Quienes llegamos desde Medellín sentimos que el calor era fuerte, pegajoso, y que solo apetecía beber una limonada de tamarindo, ir a bañarse al río o tener un ventilador dando vueltas de frente durante todo el día.

Sorprende el “desarrollo y el progreso” que llegó a Santa Fe de Antioquia, el cual se refleja en la construcción de la autopista 4G Mar 1 al Urabá. El bus que llega desde la terminal del norte de Medellín tan solo se demora una hora durante su recorrido, ya no ingresa por el viejo puente del Paso Real que opera desde 1965, sino por el nuevo puente que pasa sobre el río Cauca; en este punto desemboca el río Tonusco, considerado patrimonio cultural por su riqueza hídrica y por la historia de los pobladores alrededor del mismo.  

El río Tonusco, además de padecer contaminación ambiental por las prácticas de minería ilegal, es utilizado como cantera de extracción de piedra y arena. Ya no se ve su abundancia de agua, solo se alcanza a ver un pequeño cauce y enormes montañas de piedras. Del Tonusco se extraen diariamente 800 metros cúbicos de piedra y material de construcción, que son enviados principalmente a Medellín por la troncal de Occidente.

En busca de la limonada de tamarindo, tuve que atravesar obligadamente la variante, avenida principal que conecta a Santa fe de Antioquia con municipios aledaños como San Jerónimo, Sopetrán, Cañas Gordas, Giraldo, Buriticá, entre otros. Fue todo un desafío cruzarla, no hay andenes por donde caminar, los pocos espacios están copados de mototaxis, motos, talleres, ferreterías, bares y algunos montallantas. Una vez logré pasar, me encontré con una pequeña loma, calle empedrada y elevada con casas antiguas que contienen inmensos portones, ventanas y balcones que conservan la arquitectura colonial.

Al final de la loma divisé el parque principal y la Plazoleta mayor Simón Bolívar, que irónicamente no cuenta con la estatua de éste, sino de Juan del Corral; según la leyenda de la escultura, fue el dictador de Antioquia y a la vez el libertador de los esclavos en tiempos de la colonia. En la plazoleta se observa el acto belicoso que los procesos de modernización en el territorio montaron contra el patrimonio cultural, por decisión de la actual administración municipal, que sin el consentimiento de las y los habitantes cambio su aspecto colonial, transgrediendo así la memoria de la ciudad madre de Antioquia.

La plaza estaba llena de turistas nacionales y extranjeros, se respiraba ambiente de tranquilidad, todos se trataban con familiaridad. Alrededor del parque estaban ubicados toldos donde se venden principalmente artesanías, tamarindo, arequipe, zapote, mamoncillo y frutas propias del territorio. Hay varios hoteles, ya que el turismo es fuerte en esta zona. Y como en todo pueblo, no ha de faltar la estación de policías, bares, billares, restaurantes y tiendas de abarrotes.

En un café cerca al parque La Chinca, diagonal al parque principal, por fin encontré la limonada de tamarindo, bebida tradicional, acida y dulce, de Santa fe de Antioquia, que cuenta con reconocimiento tanto de los oriundos como de los turistas. Después de refrescarme con la limonada, me dirigí hacia el Puente Colgante de Occidente José María Villa, monumento nacional de Colombia, construido entre 1887 y 1895 a raíz de la modernización del cultivo de café.

Recorrí en moto aproximadamente durante 8 minutos desde el parque principal hasta el barrio El Llano de Bolívar, que conecta con la carretera vieja (Puente de Occidente) que conduce a Olaya, Liborina, Sucre, Llanadas y Sanaba Larga. Carretera solitaria y con enorme vegetación a ambos lados, que forma un microclima donde la temperatura baja repentinamente. Crucé el Puente de Occidente por un sendero especial para motos, ambulancias y carros institucionales, compré un par de cervezas, y en la conversación con los habitantes del pueblo escuché de la intimidación, el temor, el control y las prácticas de violencia que en Santa fe de Antioquia y los municipios aledaños se ejerce.

En la entrada al pueblo y al barrio El Llano de Bolívar, logré ver algunos locales comerciales y casas violentadas con grafitis alusivos a las AGC. En Santa fe de Antioquia los jóvenes son reclutados desde los 14 años, mencionaron algunas madres oriundas, y que, como Pedros por sus casas, hombres de civil entran hasta a las salas de las casas de familias y, sin importar que esté el padre o la madre, señalan a los jóvenes y los intimidan diciendo: “Joven, usted tiene buen porte ¿tiene trabajo? Con nosotros le puede ir muy bien. Puede escalar bastante en corto tiempo”.

Mientras tomaba la cerveza y buscaba un lugar para sentarme, sentí un fuerte temor, una moto roja con características de trocha por sus llantas y tamaño, con dos individuos en actitud de vigilancia, frenó al lado, luego de dar dos vueltas por el mismo lugar, y mientras el parrillero miraba alrededor, el conductor aparentaba enviar mensajes desde su celular. A esta práctica se le conoce como “carritos”, según dijeron los habitantes.

Cuando hay “limpieza Social”, en supuesta alianza con la policía, en el voz a voz de la gente se escucha que van a asesinar a marihuaneros y ladrones. “Con el pasar de los días, se reportan desaparecidos, que posteriormente van a apareciendo en el río Cauca y en carreteras solitarias, en su mayoría son jóvenes los asesinados. Acá pasan cosas”

Ya durante el atardecer, decidí irme para el parque principal. Mientras, sentado, miraba a los turistas con sus compras, en busca de restaurantes y locales comerciales para el consumo, concluía que el turismo en la mayoría de ocasiones, en lugar de dinamizar la economía, es una pantalla de humo para la realidad que habitan los pobladores que permanecen en el territorio.

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