Por José Agudelo

Imagen de referencia
En recientes meses, en Estados Unidos, se han llevado a cabo protestas y huelgas por parte de actores de cine frente a las grandes compañías de producción de películas. El reclamo no es solo por la remuneración salarial, también está la petición de no involucrar inteligencias artificiales (IA) en las nuevas producciones cinematográficas. Las IA han tenido un auge en este año, ya que permiten automatizar varios procesos y actividades que hacemos en nuestro día a día. Chat GPT es un ejemplo en lo que respecta a traducciones, correcciones, resúmenes, códigos de programación, hacer un cronograma, etc. Pero el asunto de las IA se torna problemático en el momento en que no se emplean como una herramienta para tareas puntuales, sino que se usan con la intención de que, por sí mismas, puedan encargarse por completo de procesos creativos.
Este ha sido el caso especialmente de las IA de imágenes, que por medio de una orden pueden crear imágenes de manera detallada y han sido usadas constantemente, por parte de empresas, para remplazar el trabajo de artistas gráficos en pequeña escala en Internet. El mismo Chat GPT se ha usado en varias ocasiones para crear ensayos, cuentos o novelas. La promoción masiva de las IA este año se debe en buena parte a que han sido presentadas como herramientas en las que se pueden automatizar los procesos creativos.
Una IA depende del acceso que tiene a bases de datos para poder ejecutar las órdenes que se le dan. Es decir, si a una IA se le pregunta sobre la economía de un país, la IA debe tener acceso a bases de datos donde haya información sobre la economía de ese país, y si no tiene esa información, no puede responder la pregunta que se le hace. En el caso de las IA de creación de imágenes, tienen acceso a un gran acervo de recursos gráficos, y dependiendo de las etiquetas que tengan varias imágenes, es capaz de procesar esa información para generar un nuevo elemento gráfico de acuerdo con la orden que se le ha dado.
Un ejemplo de esto último es que, si quiero un dibujo de un animal en específico, la IA buscará y recolectará elementos de todas las imágenes que contengan el nombre del animal que quiero que dibuje. Si bien las IA tienen acceso a grandes bases de datos que hay en internet, lo que se ha problematizado es el procesamiento de esta información en la pretensión de automatizar los procesos creativos.
En lo que respecta a la huelga de actores antes mencionada, se teme que se remplace el trabajo de actores al quitarles los derechos sobre su imagen. Esto permitiría a las grandes productoras prescindir de los servicios de un actor y, por medio de tecnología de efectos visuales y de programación agilizadas por las IA, replicar su rostro y rasgos físicos en nuevas producciones. Ya se ha visto cómo esta tecnología ha sido usada para el rejuvenecimiento digital de los actores, como en la nueva película de Indiana Jones, donde las primeras escenas muestran a un joven Harrison Ford, recreado por computadora debido a la edad avanzada del actor para esas escenas específicas.
No solo dentro de la pantalla, también por fuera de ella: esta tecnología se ha usado en conciertos con la aplicación de la realidad aumentada. Esta última es la proyección de imágenes por fuera de la pantalla, echando mano de hologramas de alta definición. Un ejemplo del rejuvenecimiento digital en la realidad aumentada es el de un concierto de ABBA realizado completamente de esta manera. En este concierto los integrantes de la agrupación sueca no estaban en escenario, sino sus rostros y cuerpos jóvenes en distintos tamaños con movimientos de bailes exigentes. Así mismo se ha usado para “resucitar” a grandes estrellas de la música como Michael Jackson.
Visto desde lo anterior, las IA permitirían acelerar la producción de franquicias históricas con los mismos personajes con su aspecto intacto, prescindiendo de los actores originales. Así mismo, en lo que respecta al guion, el trabajo de guionistas podría ser innecesario con IA de texto predictivo, como Chat GPT. Está abierta la posibilidad de que la producción audiovisual de los próximos veinte años se realice netamente con IA, haciendo prescindible el trabajo creativo de cientos de artistas. Lo que hoy viven a menor escala mediática artistas gráficos y escritores, podría afectar a todos los trabajadores de una de las mayores industrias de nuestra época.
Estas posibilidades no son mera especulación, puesto que cada vez más empresas de otros mercados hacen uso e invierten en las IA para agilizar todo el trabajo concerniente a publicidad, diseño y escritura. La intención está clara: usar la tecnología para ahorrar costos. No solo es preocupante la pérdida de muchos empleos, sino a lo que podría llevar las intenciones detrás de las IA aplicadas a los procesos creativos. Ir a conciertos de artistas fallecidos, ver la enésima entrega de una franquicia clásica, e inclusive escuchar canciones de los mismos artistas anquilosaría significativamente la experiencia de las personas con los productos artísticos. El hambre de réditos por la industria creativa es indiferente a la calidad, innovación y experimentación que implica la interacción del público con los artistas. Ya hemos visto como los remakes, o reencauches, atestan la cartelera y esa puede ser la tendencia de las grandes producciones.
Desde las vanguardias artísticas del siglo anterior, se esperaba que la tecnología pudiera estar lo suficientemente automatizada para librar al ser humano del trabajo para dedicarse a una vida creativa y contemplativa. Vemos todo lo contrario con las pretensiones actuales del uso de las IA: Automatizar la creatividad para aumentar el rebusque y la precariedad. Las computadoras no son empleadas para solucionar los problemas humanos, sino para fijar y simular una idea de humanidad que, con miras a la crisis ecológica, se pierde cada vez más, haciendo de toda distopía una tontería frente a un futuro incierto

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