Palestina: un ejercicio de preguntas necesarias

Por Jhonny Zeta

Fotografías de Raúl Gallego Abellán. Cortesía de Víctor de Currea Lugo.

¿Qué sabemos de Palestina? ¿Podríamos mencionar de manera natural y sin inflexión de voz cuáles son sus costumbres y fiestas, podríamos hablar de su gastronomía, música o de sus escritores? ¿Qué dicen los medios de comunicación sobre un Estado sin pleno reconocimiento internacional ni control absoluto sobre su territorio?

Es probable que la respuesta a esta segunda pregunta sea lo que “creemos” saber de la primera: terrorismo, Hamas, árabes, amenaza, muertos, atentados, más terrorismo, animales humanos. Al parecer el mundo occidental escucha con los ojos, pero además tiene ojos de caballo cochero.

Las imágenes aquí publicadas corresponden a la segunda intifada (2000-2005), que dejó como saldo más de 5000 palestinos muertos, en su mayoría civiles, un alto porcentaje de menores de edad que se encontraban en su casa o en la escuela; además del aislamiento definitivo de la franja de Gaza. Pero pareciera que el dolor, la impotencia y también la resistencia no dieran tregua en una realidad prolongada por décadas: 75 años de colonización, 20 años de encierro y un pueblo condenado a vivir de la ayuda humanitaria.

Los sucesos de las últimas semanas y las acciones del gobierno israelí parecen inenarrables, tanto como el silencio cómplice de las grandes potencias frente al etnocidio del pueblo palestino. Hospitales y escuelas destruidas con misiles y bombas, vidas perdidas que se cuentan por miles, racionamientos de energía combustible, alimento y medicinas. Al momento de escribir estas líneas llegan las noticias del bombardeo al campo de refugiados en Jabalia.

¿De qué sirve el Derecho Internacional Humanitario si solo aplica como garantía a las grandes potencias y sus aliados? ¿Qué pasa con el sagrado derecho a la soberanía y a la libre autodeterminación de los pueblos? ¿Por qué a Ucrania sí y a palestina no se le reconoce el derecho de la resistencia armada frente a la ocupación y la división territorial de un muro de 800 kilómetros entre hormigón y cercas electrificadas?

Heba Abu Nada tenía 32 años, era bioquímica, poeta, novelista y feminista palestina, había ganado en 2017 el premio Sharjah a la Creatividad Árabe por su novela “El oxígeno no es para los muertos”. Hace pocos días, la noche antes de ser alcanzada en Gaza por los misiles del llamado “pueblo elegido por Dios” escribió:

La noche en la ciudad es oscura, excepto por el brillo de los misiles;

silenciosa, excepto por el sonido del bombardeo;

aterradora, excepto por la promesa tranquilizadora de la oración;

negra, excepto por la luz de los mártires.

Buenas noches.

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