Por Rubén Darío Zapata

Imagen: Gojko Franulic
A estas alturas resulta una verdad de Perogrullo que detrás de cada guerra, aunque se disfrace de guerra santa, de guerra por la libertad, por la democracia o por la dignidad humana, se esconden grandes intereses económicos y políticos. Eso pasa con genocidio que Israel adelanta desde hace tiempo contra el pueblo palestino y que muchos creen poder explicar a partir de conflictos étnicos o religiosos. Por supuesto que el Estado sionista de Israel desarrolla una política colonialista contra el pueblo palestino y que lo hace aduciendo ser el pueblo elegido por Dios y deshumanizando a los palestinos por su condición de árabes, igual que los nazis hicieron en su momento con los judíos.
Pero detrás de todo ello han existido siempre intereses económicos, que coinciden con los intereses de las grandes potencias mundiales que han respaldado a Israel en todas sus tropelías y dicho respaldo es el que le ha permitido a este Estado mantener impune una política colonialista y de ocupación y exterminio contra sus vecinos palestinos. Recientemente, el periodista británico de origen sirio Richard Medhurst ha revelado una serie de informes en los que aparece evidente la razón de la más reciente cruzada genocida de Israel contra los habitantes de la Franja de Gaza.
Una ruta alterna a la ruta de la seda
La ruta de la seda fue la ruta comercial más grande e importante en la historia de la humanidad. Se extendía desde China hasta Siria y el mar Mediterráneo. Ahora los chinos, dueños de un gran poder comercial a nivel mundial, quieren revivirla, lo cual amenaza definitivamente la hegemonía comercial que durante más de un siglo ha tenido Estados Unidos. En este contexto, bajo la influencia china, Irak e Irán firmaron un acuerdo ferroviario; entretanto, el presidente de Siria, firmó una alianza estratégica con China. Eso implica que ahora la nueva ruta de la seda tiene acceso ferroviario hasta el mar Mediterráneo, a través de Siria en el puerto de Latakia, y con esto China controlará no solo el comercio marítimo, sino también el terrestre.
Pocas semanas antes de que estallara la guerra en Gaza, Netanyahu, primer ministro de Israel, acudió a la Asamblea General de las Naciones Unidas en Estados Unidos y expuso, con mapa en mano, su plan para un nuevo Oriente Medio. Allí dibujó sobre ese mapa una línea que representaba un corredor económico que se extiende desde la India hasta los Emiratos Árabes Unidos, y desde los Emiratos a Arabia Saudí, Jordania, Israel y, finalmente, a toda Europa. Esa intervención del primer ministro de Israel pasó desapercibida ante los medios masivos, pendientes de lo que entonces estaba pasando con Zelenskyy en la Asamblea.
Quiénes no la pasaron por alto, porque además no era nueva para ellos, fueron los estados Unidos. Según Medhurst, Estados Unidos, viendo que en estos momentos su influencia comienza a desvanecerse y que la relevancia del dólar decae, están corriendo de un lado para otro intentando desesperadamente contrarrestar los Brics y la nueva ruta de la seda. Por eso encuentra en la propuesta de Israel la mejor oportunidad para detener lo que parece indetenible.
Para Netanyahu, su corredor comercial sería la oportunidad para la prosperidad y la paz en la región. Y en efecto, dicho plan demandaba la estabilización de las relaciones entre Israel y Arabia Saudí, mediadas por Estados Unidos, pero también implicaba borrar del mapa a Palestina, que ni siquiera aparecía en el nuevo mapa de Oriente Medio, enseñado por Netanyahu a los asistentes a la Asamblea de las Naciones Unidas.
Lucha por el control de las fuentes de energía
Según Medhurst, cuando Estados Unidos promovió el golpe de Maidan en Ucrania, en 2014, no se trataba solo de una estrategia para expandir la OTAN. Lo que buscaba, más bien, era cortar y controlar el suministro de gas ruso a Europa. Pues Rusia es el país con mayores reservas probadas, en el mundo, de gas natural, así que si controlas a Ucrania controlas los gasoductos que transportan el gas ruso.
Consecuente con esto, durante décadas, políticos, gobiernos y funcionarios estadounidenses han manifestado su inconformidad con la existencia del Nord Stream y que no se puede permitir un Nord Stream 2, han querido tener oleoductos que no pasen por Ucrania y Rusia, y que los europeos dependan más de la plataforma energética estadounidense, del petróleo y el gas que allí están encontrando. Por eso no hay nada de sorprendente en que al principio de la guerra en Ucrania explotaran el Nord Stream 1 y 2. Según el periodista, los únicos países que tenían la capacidad militar para realizar este atentado terrorista eran Rusia, Gran Bretaña y Estados Unidos, y con toda seguridad no fue obra de los rusos. A eso se le suman los paquetes de sanciones de la Unión Europea que prohíben el petróleo y la gasolina rusos.
Después de Rusia, Irán es el país que más gas tiene. Pero tampoco lo puede mover hacia Europa ni a ninguna otra parte, por las sanciones impuestas por Estados Unidos, a pesar de haber cumplido el acuerdo nuclear firmado en 2015 y 2016. De repente, Israel se presenta como solución a la escasez de gas de Europa, en asocio, por supuesto, con los Estados Unidos. Y es que en 2010 habían realizado un estudio geológico y encontrado un gigantesco yacimiento de gas natural al cual llamaron Leviatán, que está en el mar Mediterráneo en la cuenca levantina, justo al frente de las costas de Palestina, Líbano y Siria.
Al principio, Siria rechazó las ofertas de Estados Unidos para la explotación de su gas y se negó a extender tuberías para un gasoducto hasta Qatar. Solo un año después estalló la guerra en Siria, financiada por Qatar, Israel y Estados Unidos, entre otros, para derrocar a Assad. Hoy Estados Unidos controla un tercio de Siria y en él controla todos los yacimientos petrolíferos, mientras Israel bombardea periódicamente el puerto de Latakia, el más significativo de este país. Así han paralizado todo el comercio de Siria y la exploración, explotación y venta de su gas. Pero, sobre todo, deshabilitan este puerto para la nueva ruta de la seda. Es en este contexto que Israel presenta al mundo su enorme buque de extracción de gas, con el que, además, saquea permanentemente los yacimientos del Líbano, cuyo puerto también fue volado en extrañas circunstancias.
Para sacar el gas y el petróleo del Medio Oriente hacia Europa ahora solo quedan dos opciones: el puerto de Haifa en Israel y Gaza. Para poderse apoderar del gas de la parte de Leviatán en la Franja de Gaza, Israel tendrá que desocupar este territorio de sus habitantes originarios. Y eso es precisamente lo que ha venido haciendo en estos últimos días, intentando tomar el máximo de costa posible, con una urgencia que se explica, en buena medida, por la inminencia del invierno en Europa. De esa manera, Israel tiende a convertirse en el único país de Medio Oriente con posibilidades de extraer gas e implementar un corredor económico como el que Netanyahu presentó ante Naciones Unidas. Israel y Estados Unidos juntos acabaron con toda la competencia, se adueñaron de sus productos y acapararon el mercado. El precio más alto es la aniquilación o el destierro de los palestinos en la Franja de Gaza.
