El oficio boticario y los jesuitas

Por Jhon Mario Marín Dávila

Imagen tomada de el pensador.io

En 1492, cuando los españoles llegaron a América y empezaron a colonizarla, trajeron consigo oficios como: el de médico, enfermero, cirujano, barbero y boticario, con el propósito de tener una mejor adaptación al entorno, ya que eran golpeados por enfermedades, pestes, distintos virus o epidemias desconocidas para ellos. Entre estos oficios el boticario era quien elaboraba los medicamentos y la botica era el lugar donde se encontraban las herramientas para elaborar, almacenar y vender estas medicinas.

Estando en las tierras de América empezaron a posicionar el oficio del boticario, logrando acabar con un gran porcentaje de conocimientos medicinales ancestrales que tenían los pueblos originarios del continente, pues los españoles, desde El Tribunal Real de Protomedicato (grupo de hombres con saberes técnicos), empezaron a controlar y regular quién elaboraba las medicinas. Bajo sus lineamientos solo podía ejercer este oficio quien demostrara limpieza de sangre, esto quería decir que solo los españoles que no estaban mezclados con otras culturas podían ejercer el oficio, por lo que los indígenas no podían ejercer este oficio, pues para los españoles eran seres “incivilizados”.

La colonización ya venía violentando las culturas indígenas, sumado a esto los jesuitas lograron ir más allá del Tribunal Real de Protomedicato desde sus objetivos de vida: ayudar al “pobre”, evangelizar y salvar al enfermo. Los jesuitas aprendieron el oficio y buscaron nuevas maneras de producir los medicamentos y crearon boticas dentro de sus hospitales para tener mayor facilidad de ayuda, acceso y creación de los medicamentos. María Eugenia Osorio Oliveros, investigadora de este oficio, resalta que los jesuitas que pretendían realizar el oficio de boticarios, por ser acogidos por la ordenanza apostólica de la corona española, no presentaban examen ante El Tribunal del Real Protomedicato para ser boticarios.

María Eugenia comenta que, al principio, en los colegios jesuitas solo prestaban servicio para ellos mismos, luego de un tiempo ampliaron sus servicios a la sociedad de las provincias de Hispanoamérica; estos no solo curaban, sino que también predicaban la palabra de dios y cristianizaban a los enfermos y lograban llegar a otras culturas, que para la visión conquistadora eran “impuros o incivilizados”.

Los jesuitas representaban, según Mará Eugenia, un papel importante en la cura, mitigación, prevención de enfermedades y epidemias. Estos religiosos y miembros de órdenes religiosas fueron los encargados de implementar las bases del galénico en América y vieron en esta una oportunidad para difundir la doctrina cristiana en los hospitales americanos. Para los jesuitas las enfermedades eran una representación del camino hacia la muerte, por esto, en su misión y como boticarios llevaban la curación desde lo físico y también espiritual y en casos graves acompañaban e instruían al moribundo en el arte del buen morir.

La incidencia de los jesuitas con la medicina y las boticas, combinado con la evangelización en el Nuevo Reino de Granada durante los siglos XVll y XVlll, fue muy grande. María Eugenia comenta que los jesuitas, en la lógica de predicar su religión y evangelizar a los indígenas, aprendieron de las plantas medicinales y formas ancestrales médicas que ellos utilizaban, lograron así obtener conocimientos y una relación más amplia, lo cual también permitió tener conocimiento sobre la medicina de los pueblos originarios de América y replicarlo en documentos impresos. Si bien las medicinas indígenas no tuvieron relevancia porque fueron ignoradas y desprestigiadas, las pocas medicinas reconocidas elaboradas por ellos la evidencian los jesuitas en sus diálogos y reposa en el inventario de la botica en Santafé.

Al pasar el tiempo, según el historiador John Elliot, el monarca español Carlos lll expulsa a los jesuitas de América en 1767, porque los veía con tanto poder que sentía que eran una amenaza que perjudicaría a la corona. La expulsión se dio a partir del 9 de agosto de 1767. Esta expulsión significó que la corona se quedara con todos los bienes de los jesuitas. Luego de 4 meses de la expulsión, el 15 de noviembre del mismo año se llevó a cabo el inventario de la botica por Jaime Navarro y el escribano Joseph de Rojas, el cual demoró 6 días, María Eugenia devela que el inventario se realizó por orden alfabético, mas no por orden de sustancia, ya que al estudiar las sustancias se dieron cuenta que no coincidían con las sustancias médicas. Se encontraron casi mil sustancias y 40 libros en el inventario de la botica de Santafé y resalta que el padre Pedro de Mercado hacía énfasis en que el cuerpo se cura por medio de la curación del alma, por esto escribe en un libro 53 recetas espirituales.

Los jesuitas fueron expulsados, pero en todo el tiempo en que estuvieron practicando el oficio de boticario, haciendo y vendiendo los medicamentos en sus boticas, lograron que una parte de la población sin recursos, “incivilizada”, accediera a los medicamentos, pues los remedios o medicinas eran para las personas de sangre pura, privilegiadas, importantes o que tenían recursos económicos.

El oficio del boticario, si bien aportó al desarrollo de las medicinas, fue también una de las formas de colonización a las culturas originarias que tenían distintas creencia y conocimientos medicinales ancestrales. Si bien las suyas eran medicinas sin un método avalado por un grupo de científicos, se debió intercambiar conocimientos y reconocer los avances en las medicinas de ellos, pero en la mentalidad colonizadora solo existía un pensamiento y los otros eran abolidos. La historia continúa, hoy el boticario es farmaceuta y la botica una farmacia; si bien muchas de estas acciones no se pueden cambiar, hay que seguir luchando por mirar el otro lado de la historia y salvar el conocimiento ancestral que aún nos queda.

Deja un comentario