Gobiernos de Israel y Argentina: las dos alas del ave fascista

Por Álvaro Lopera

Milei, sionismo y fascismo. Montaje qdigital de Álvaro Lopera

Javier Milei llegó a la Casa Rosada el 10 de diciembre de 2023 por el movimiento La Libertad Avanza, y se dedicó a sacar adelante su Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) que deroga más de 300 leyes y barre cientos de derechos. Posteriormente lanzó la Ley Ómnibus. El DNU, conocido como el Decreto 70/2023, es una medida que busca implementar de manera exprés una serie de reformas en áreas como el mercado laboral, la economía, la salud y el comercio, entre otros.

Los apuros del “libertario”

LosDecretos de Necesidad y Urgencia (DNU) son herramientas legislativas que otorgan al Poder Ejecutivo la capacidad de legislar en situaciones extraordinarias, sin pasar por el proceso tradicional del Congreso. Se hace solo cuando el Presidente considera que la situación requiere medidas inmediatas para abordar problemas urgentes que no pueden esperar el tiempo que lleva el proceso legislativo regular, pues la demora podría tener consecuencias negativas para el país.

Según la prensa alternativa, la Ley Ómnibus es un megaproyecto de 351 páginas con más de 664 artículos que será tratada en el Congreso durante el período de sesiones extraordinarias. Entre otras cosas, contempla la privatización de todas las empresas estatales, la suspensión de la movilidad jubilatoria, la elevación de las penas contra manifestantes, la permisividad para el «gatillo fácil» policial, la transformación del sistema electoral, la flexibilización de las normas ambientales y una reforma brutal de la educación.

Pero tanto las movilizaciones populares como los desacuerdos en el seno del parlamento y las demandas en la Justicia han conducido a un sinfín de cambios que han ido desdibujando lenta y paulatinamente el espíritu retardatario de dichos proyectos ejecutivos.

Demolición controlada

Estas embestidas ejecutivas son equivalentes a la demolición de derechos sociales y laborales y a la claudicación ante el gran capital local y el capital financiero internacional. La mano derecha de Milei, el ministro de economía Caputo, ya había puesto en calzas prietas a la Argentina en el gobierno de Macri al embarcar a ese país en un préstamo con el FMI de US$45.000 millones de dólares, los mismos que se esfumaron. Ahora parece que hubiera resucitado para terminar la nefasta obra de esquilmar la economía del país entregando al FMI el resto de soberanía que a Argentina le quedaba tras la mediocre administración de Fernández.

Milei pretende una refundación del Estado para empequeñecerlo y militarizarlo, así como para doblegar a los trabajadores públicos y privados, destruir todos los nexos del Estado con la salud, la educación, la ciencia y para acabar con la movilidad de las pensiones. Quiere disparar la devaluación para favorecer la dolarización de la economía, amén de volver la contratación laboral una piñata, sumada al manejo caprichoso de los precios de los productos básicos de la canasta familiar y de los alquileres, entre muchos males más que “sacarían adelante a la sociedad argentina en 35 años”, de acuerdo con la demagogia que el “libertario” lanza a los cuatro vientos cada que rebuzna.

Los derechos laborales, de protesta, de reunión y de asociación serían casi eliminados; la inversión en ciencia, educación, cultura y salud sería llevada a un mínimo. Y en lo que respecta a relaciones internacionales, su visión está puesta en convertirse en un agente más del imperialismo norteamericano en Latinoamérica rompiendo con los países del BRICS, amén de presentarse como un nazi-sionista y hacer gala de ello desde los primeros días de su gobierno.

El pueblo sale a las calles

Ya hubo dos repulsas contra su gobierno. La primera fue el 20 de diciembre, cuando salieron a las calles cientos de trabajadores, lo que podría llamarse una especie de ensayo de movilización en un marco de potencial represión y gatillo fácil, tan apreciado por la ministra de seguridad Patricia Bullrich, vieja montonera que olvidó sus orígenes. Ese día el pulso lo ganaron los trabajadores que empezaron a reaccionar a pesar del martillazo en la cabeza que representó el advenimiento de un gobierno cuya doctrina es el anarco capitalismo, esto es, el liberalismo total, que significa que el capital tiene el camino expedito para hacer lo que venga en gana.

La segunda movilización fue un paro general el 24 de enero, mes y medio después de haber llegado a la presidencia, lo que marcó un récord en la Argentina. Ese día Buenos Aires y más de cinco provincias pararon. Solo le quedó a Milei tapar el sol con un dedo negando que fueron millones los que salieron a las calles en protesta por lo que ven venir: un futuro sin derechos, con un Estado pequeño (ha despedido a miles de empleados públicos) y altamente represivo, con un negacionista climático y un sionista “capitaneando” un barco que tiene agujeros por todas partes, que no tiene salvavidas y cuya tripulación no cree en el comandante en medio del mar enfurecido de la economía y la geopolítica mundiales.

La motosierra, su símbolo

Milei piensa dirimir los conflictos con otra negación: la del derecho de protesta. El dios mercado lo es todo para esa doctrina que impulsa la venta de todo lo público, pasando, tal como lo dijo en campaña, por la venta libre de órganos humanos y de niños. Su símbolo de campaña fue la motosierra, la misma que nos recuerda a los colombianos el martirio de nuestro pueblo a manos del paramilitarismo, pero para ese bárbaro representa la destrucción de los derechos de los trabajadores a los que llamó en campaña “la casta”, todo un oxímoron.

Esa motosierra, que en la práctica está aplicando el nazi-sionismo israelí contra el pueblo palestino gazatí, representa para el pueblo argentino la ruptura del cordón umbilical que ha mantenido históricamente el Estado con la sociedad en aspectos tales como salud, educación, cultura y pensión de los viejos. El peronismo, que no se puede asimilar a una apuesta de izquierda sino más bien a un movimiento populista demagógico, nunca ha propendido, salvo contadas excepciones, por acabar con las ayudas y subsidios a los más pobres, a pesar de que siempre ha sido uno de los administradores del capital nacional.

Milei e Israel

Milei, converso judío, también quiere instalar la embajada de su país en Jerusalén como un “símbolo de los tiempos”, haciéndole así el favor a la dañada imagen del nazismo israelí y violando el derecho internacional. Cuando se empantane ese socio sionista en la geopolítica asiática y mundial, Milei no solo tendrá que salir con el rabo entre las patas de Jerusalén, sino que también tendrá que salir en helicóptero de la Casa Rosada cuando su pueblo, como a de La Rúa, lo expulse como a uno de los perros falderos del capitalismo mundial.

Las dos alas, Israel y Argentina, las perderá esta ave siniestra que el imperialismo norteamericano, en asocio con sus vasallos europeos, pretende hacer volar en el mundo para intentar rescatar ese sueño húmedo del Destino Manifiesto que ha diseñado un planeta con una geopolítica y geoeconomía basadas en reglas yanquis.

El Milei ultraliberal y el Israel colonialista pertenecen al pasado, y nadie quiere quedarse congelado en él.

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