Por Jhonny Zeta

Créditos de foto: Cortesía Centro de la Cultura y el Saber Ana Joaquina Osorio
Estrenar casa es materializar un sueño. Uno sueña, por ejemplo, con estar en un espacio donde las paredes cuenten historias y las puertas reciban saludos y risas, donde se pueda soñar con los ojos y las manos, donde la luz se deslice, danzando a su gusto por los espacios y la noche cante con dulzura las tareas por hacer.
Los grillos nos dieron la bienvenida a la casa escondída detrás de los telones de fibra verde; nos recibió Arturo, con él recorrimos la obra y fuimos testigos de lo que se veía venir. Arturo caminaba lento, pero su corazón entusiasta parecía correr mientras decía: miren pues, aquí va a ser el teatro, lo estamos terminando, allí, más adelantico, están los salones de danza y música, en aquellos espacios va la utilería y los instrumentos musicales. Hombres y mujeres obreros ponían empeño y voluntad, con utensilios y herramientas cortaban, pulían o limpiaban en los espacios de trabajo. Afuera estaba ya oscuro, pero adentro todo era movimiento y vida.
Arturo Montoya Palacios es el actual director de la casa de la cultura, que en Mutatá se llama Centro de la Cultura y el Saber Ana Joaquina Osorio. Nació en Urrao, Antioquia, pero el destino, las fuerzas terrenales y divinas quisieron que se pudiera nombrar mutatense con orgullo. Dice que su padre le inculcó el gusto por el arte bien hecho y con mensaje, gustaba de la música latinoamericana y llegaba de la ciudad con un casete de Illapú, de Víctor Jara o de Mercedes Sosa. Mutatá es uno de los municipios más ricos en agua del departamento de Antioquia y el país, también se destaca por su biodiversidad y diversidad cultural.
De esa primera infancia en el corregimiento de Pavarandó recuerda que salió a bailar un bambuco con un vestido fabricado en periódico, con los años llegó un vecino que tocaba vallenatos y música popular en la guitarra. Estando en tercero de primaria, su padre lo mandó a vivir al hogar Juvenil Campesino para que pudiera estudiar en el casco urbano, por compañeros tenía otros 80 niños y jóvenes.
La profe Rosalba Córdoba les inculcó la danza y con Nandito se acercaron a la Casa de la Cultura en la década de los noventa. Cumbia, tambora y mapalé eran los ritmos de la región, pero también practicaban ritmos andinos.
¿Cuándo tomar la decisión de decir este es mi camino?
Arturo reconoce dos momentos que lo llevaron a elegir la danza y el arte como camino de vida. El primero tiene que ver con un viaje que hizo en 2001 a Barranquilla, su intención era hacer parte de la Policía Nacional, se encontró también con la danza y la comparsa, y dice que lo salvó el Carnaval de Barranquilla, le quedó gustando tanto que cuando regresó por las vacaciones de 2003 a Mutatá le ofrecieron ser monitor de la Casa de la Cultura, sin dudarlo retomó el proceso con el grupo de danza Aguas Cadenciosas. El otro momento se dio cuando hizo parte del programa Urabá en el planeta, coordinado por Fundaunibán. Ahí conoció al maestro Óscar Vahos. De esos procesos salieron varios amigos y maestros de danza como Caliche y Andrea Villalobos, Marino Sánchez, Peter y Emiro, entre otros, hoy en día maestros y profesionales que no abandonan lo que les llena el alma.
Toda esa década fue de extrema pobreza, el conflicto armado tenía sitiado el municipio por punta y punta. Hernando, conocido como Nandito, era bailarín por excelencia, en pocos meses él y Nelfi Aguilar, promotor de cultura, fueron asesinados. Fue un momento difícil que les partió en dos la historia. Además de la danza, Arturo practicaba boxeo y fútbol, cuando se rompió el ligamento cruzado de su rodilla derecha estuvo lesionado durante tres años. Se dedicó a dirigir, pero reconoce que fueron años frustrantes.
Uno de sus orgullos es haber creado el Festival Regional de Danza en el municipio y acompañar los procesos de música. De esos procesos han salido jóvenes licenciados y maestros que siguen viendo el arte como una resistencia a la monotonía. Para Arturo, la Casa de la Cultura es su lugar sagrado y de protección, hacer arte es aprender a caminar con dignidad; el arte también ha sido un escudo, piensa, después de ver amigos que se dejaron convencer y se fueron para la guerra. Claudia Quiroz, directora de cultura, era la gallina que recogía sus polluelos y se enfrentaba a cualquier gavilán. De ella aprendió la importancia de acompañar a sus alumnos más allá de las clases, apoyando, escuchando y sintiendo sus preocupaciones.
Un principio fundamental del Centro de la Cultura y el Saber Ana Joaquina Osorio es que es de puertas abiertas y que los procesos se construyen con el acompañamiento de los padres de familia, pensando en una formación integral. En la actualidad circulan unos 170 muchachos por la casa, el área de danza sigue siendo la que más gusta, pero también tienen formación en música, teatro y pintura.
Piensa que el director un centro cultural debe tener el arte y la cultura en su sentir para que los procesos puedan funcionar. Los directores no manejan presupuesto, pero sí tienen la obligación de orientar a los alcaldes en lo que se debe hacer, y no en despilfarrar los recursos, debe estar al frente de la escritura de los proyectos y la sistematización para que los artistas no se queden varados, sin transporte y raspando la olla.
Contar con escenarios adecuados y dignos para las prácticas artísticas en la ruralidad tiende a verse a veces como una utopía. Convencer a instituciones y administraciones locales, regionales o nacionales se vuelve el caballito de batalla de muchos años.
El Centro de la Cultura y el Saber de Mutatá lleva el nombre de la primera maestra que llegó a ejercer en el municipio, será reinaugurada con un hermoso teatro auditorio con aforo para 150 personas sentadas, salones grandes para el estudio y práctica de las danzas, música y formación académica, una sala de lectura y escenarios deportivos y recreativos en espacios abiertos.
ABONO: Por los sueños compartidos de Arturo y otros artistas y gestores cabe dejar orbitando en la memoria este fragmento del poeta Pablo Neruda:
Mi casa, tu casa, tu sueño en mis ojos, tu sangre siguiendo el
camino del cuerpo que duerme
como una paloma cerrada en sus alas inmóvil persigue el vuelo
y el tiempo recoge en su copa tu sueño y el mío
en la casa que apenas nació de las manos despiertas…
