Por José Agudelo

Imagen tomada de Shutterstock
A mediados del mes pasado se conoció que Tony Hawk, la leyenda del skateboarding, estaba en la ciudad de Medellín. La presencia del deportista se dio a conocer por las publicaciones de varios usuarios en redes que lo grabaron junto al colombiano David González (nombrado como mejor skater del año 2012 por la revista Thrasher) en varias zonas de skate en la ciudad, como el PAI de la estación Hospital, el puente de la 4 sur y en el barrio Manila. La conmoción en redes fue masiva ya que la fama de Hawk va desde los aficionados más veteranos al deporte como de los jóvenes que crecieron con los videojuegos de skate en los años noventa.
Muchos tomaron por presupuesto que la visita de Hawk no era fortuita, ya que el turismo de visitantes extranjeros en la ciudad cada día es mayor y tarde que temprano las celebridades de varios nichos y medios se pasearán por la capital antioqueña. Pero muchos de los fanáticos del skate, buscando compartir con el skater más famoso de la historia, indagaron si su presencia se debía a un evento deportivo en la ciudad. El mismo Tony Hawk compartió un post en su cuenta de Instagram (con más de 8 millones de seguidores) los motivos de su presencia en Medellín: un tratamiento de reumatología con células madre por la empresa estadounidense Bioxcellerator.
Si bien muchos más han especulado que la visita de alguien como Hawk también se debía a inversiones en bienes inmuebles y que el anuncio de su tratamiento médico en redes era una pauta publicitaria, el caso de esta empresa médica no deja de ser interesante. Bioxcellerator es una empresa con sede en el estado de Arizona, Estados Unidos, pero con el centro médico ubicado en Medellín. Su especialidad es el tratamiento con células madre, enfocado en lesiones deportivas.
Bien se pudiera preguntar por qué una empresa de Estados Unidos tendría su sede operativa en Colombia, pero la respuesta es sencilla. En el país norteamericano un tratamiento de este tipo puede valer entre los $5.000 y $50.000 dólares estadounidenses, mientras que en Colombia puede costar entre $3.000 y $11.000 dólares, según la plataforma de turismo médico PlacidWay. Los bajos costos no reflejan solo la accesibilidad para divisas fuertes en el mercado médico, también reflejan la poca legislación y regulación para las terapias médicas. El tratamiento de células madre tiene varios estudios que demuestran su nula eficiencia y hasta el peligro que conlleva para algunos pacientes recibirlo, y muchos, como la empresa Bioxcellerator, lo promueven como una panacea, ya que afirman que sirve para distintos tipos de situaciones, como el autismo, sin la evidencia científica suficiente.
Más allá de lo polémico que resulte el tratamiento con células madre, la verdad es que el turismo médico se ha promocionado en Colombia y América Latina como un mercado prometedor. Basta con recordar como una de las propuestas de campaña del excandidato presidencial Rodolfo Hernández era promover las cirugías estéticas dentro de los planes de turismo. Los ciudadanos extranjeros que buscan bajos costos para sus tratamientos son una fuente de ingresos para los comercios locales durante su estancia en la ciudad. Esto permite ver cómo el turismo en la ciudad no solo se debe a los bajos costos de vida o de inversión en comparación con los países natales de los extranjeros, sino también a la facilidad que tienen para acceder a sus necesidades médicas.
Este año se celebrará en Cali el primer Congreso de Turismo Médico. Para varias IPS privadas en el país este turismo representa un ingreso de millones de dólares, y su promoción en planes de campaña no es fortuito. Pero hay varias consecuencias y debates que se deben dar. En el caso de los trasplantes, en el 2008 se firmó la Declaración de Estambul, que delinea las diferencias entre “turismo de trasplantes” y “viaje para trasplantes”- En el primero el trasplante se realiza como una transacción comercial, promoviendo el tráfico de órganos; el último se da dentro de los marcos legales de cada país en las listas de espera de trasplantes.
Si bien en Colombia se prioriza a los nacionales frente a los extranjeros no residentes en las listas de espera, un estudio del año 2010, para la revista Journal of Public Health, evidencia que Bogotá y Medellín eran las principales ciudades donde era frecuente el tráfico de órganos y el turismo de trasplante para extranjeros. Otro caso de “turismo médico” es el de la maternidad subrogada, para la que no existe ninguna legislación, lo que hace que muchas mujeres acepten gestar, y hasta donar el óvulo, por hasta $3.000 dólares, siendo un atractivo para parejas extranjeras. En estos casos, la persona gestante no tiene garantías legales para complicaciones con el embarazo o el parto, lo que las sitúa en una condición de vulnerabilidad.
Además de las inquietudes sobre como el turismo médico puede atraer a varios extranjeros a pagar en el mercado negro por órganos y a sacar provecho de procedimientos no legislados, también surgen preocupaciones éticas y sociales. Por un lado, como en el caso de los tratamientos con células madre, se promueve entre los nacionales, terapias que no cuentan con la suficiente evidencia científica y que pueden ser perjudiciales. Y, por el otro, aumenta la brecha en el acceso a tratamientos para los locales, pues varios centros de salud tienden a priorizar cirugías, como las cardiacas, y tratamientos, como los oncológicos y ortopédicos, a extranjeros con mayor capacidad adquisitiva.
Las imágenes de Tony Hawk en las rampas de la ciudad serán un recuerdo alentador para muchos. Pero su promoción del turismo médico debe hacernos cuestionar sobre cómo el interés económico del turismo desmedido afecta no solo el acceso a la vivienda, sino a servicios tan vitales como la salud, que no solo se hacen más prohibitivo para los locales, sino que implican riesgos para personas con vulnerabilidad económica que acceden a servicios médicos de baja calidad o caen en redes de mercados ilegales o no regulados.
