Por Álvaro Lopera
Argentina marca un camino especial para el futuro de Latinoamérica y de Colombia en particular. Si en los dos años siguientes, hasta el 2026, no se consolida una acción popular revolucionaria en Argentina contra el gobierno necroliberal de Javier Milei, la extrema derecha colombiana alcanzará su clímax, pues no solo tiene a ese gobierno como el camino a seguir, sino que desde ahora se prepara haciendo el mejor trabajo de zapa –político e informativo- contra el gobierno de Petro. Este, si bien ha desarrollado acciones políticas incoherentes, como aquella de llamar a un “acuerdo nacional” a los sectores más recalcitrantes de la oligarquía, o la de nombrar personajes de la derecha con agenda propia en los ministerios, o nombrar ingenuamente a personajes cuestionados como Olmedo López para puestos de alta responsabilidad, sigue mostrando su raigambre popular y reformista, que favorece el mejoramiento de la correlación de fuerzas para que el pueblo y sus organizaciones sociales puedan emprender acciones estratégicas de orden político y organizativo.
Si el gobierno Milei, dirigido por el FMI, es confrontado por amplias masas de la población y su proyecto ultraneoliberal es derrotado, así sea parcialmente, ello servirá de insumo a las fuerzas populares de nuestro país. No puede ser que el combativo pueblo argentino deje avanzar un programa de gobierno tan nefasto como el que pretende llevar a cabo el nazisionista instalado en el gobierno, de la mano del capital transnacional y local, sin hacer una repulsa que lo ponga en calzas prietas y le desnude la planificada ruptura de la democracia burguesa con la que pretende dar paso al de la dictadura del gran capital. Pues eso fue lo que demostró la violenta represión con porras, gas pimienta y gases lacrimógenos de las protestas de junio contra la Ley Bases (ahora llamada Ley Gases) que es una herramienta para el desarme del Estado, la desregulación de la economía y el fortalecimiento de los privilegios de las riquezas más voluminosas de los últimos 40 años.

Montajes digitales: Álvaro Lopera
Milei, con su autoritaria apuesta anarcocapitalista, quiere llevar el Estado a un tamaño mínimo con la ayuda de un aparato militar gorila, pulido a punta de represión y de tomar nota del sistema de seguridad de El Salvador de Nayib Bukele, dejando que las fuerzas “libres” del mercado hagan el resto. El pueblo argentino, con casi siete meses de gobierno de la LLA (La Libertad Avanza), ha sufrido un gran sablazo en su economía con el cierre sistemático de los comedores comunitarios y el crecimiento de la inflación que está como la loca de la casa, impulsando a sombrerazos la recesión, y con el incremento enorme de los precios de los alimentos, la salud y los alquileres.
Como escribió Claudio Katz, este 20 de junio, “ya se han batido todos los récords de destrucción del ingreso popular. Nunca se registró una demolición tan acentuada en tan poco tiempo. El nivel de vida ha caído a un piso muy cercano a la tremenda crisis del 2001. Los salarios registrados cayeron 21%, el sueldo mínimo perdió 30% y las jubilaciones se derrumbaron 33%”. Súmele a esto que el PIB tuvo un derrumbe del 5,1% en el primer trimestre de 2024.
¿El progresismo abre el camino al capital?
Este paradigma político lanzado como un dogma, que en cierta forma tiene asidero en la realidad de Nuestra América, contradice el debate dialéctico traído a colación por Álvaro García Linera (exvicepresidente de Bolivia), quien reivindica el papel activador de los movimientos sociales en el camino que puede recorrer un gobierno progresista que impulse un programa de gobierno popular. Como lo afirmó en la entrevista que la CELAG le hizo en 2021: “Estar en el Estado y estar simultáneamente fuera del Estado es una contradicción. Pero en el cabalgar esta contradicción radica la clave de la continuidad y defensa de la experiencia progresista de la democracia como construcción de igualdad”.
El matiz para el análisis político debe ser el gris y no el blanco y negro. Alberto Fernández destrozó en la Argentina el camino reformista, con la conciliación de clases y con la sumisión al imperialismo norteamericano. No se puede afirmar alegremente que fue solo un gobierno mediocre, como si hubiera intentado acercarse a las clases populares argentinas y en el camino se hubiera despeñado, no; fue un pésimo gobierno, sin programa popular, que desde el principio estableció una frontera con el kirchnerismo y no avanzó un ápice en medidas de corte reformista que favorecieran a los más vulnerables de la sociedad. Por el contrario, se dedicó principalmente a calmar la presión de los fondos buitres y del FMI, apañando en la práctica el delito financiero de su predecesor, Mauricio Macri, ocasionado por el préstamo exprés del FMI de US$45.000 millones, que no se vio reflejado en inversiones, puesto que una gran parte de él terminó en paraísos fiscales.
Fernández podría ser tachado como el personaje “progre” más arrodillado al capital imperialista de los últimos 30 años. Abandonó a los sectores más pobres, dejó todo al garete y le despejó el camino a Milei, el cual llegó al gobierno con su discursito de la lucha contra la “casta” que para su gobierno significa los trabajadores con derechos y los políticos que se decantan por los derechos del pueblo y la soberanía argentina, y llama héroes a los capitalistas criollos, al capital saqueador internacional, quienes son la verdadera casta. El mundo del revés.
Gustavo Petro, por el contrario, ha intentado desde el principio de su gobierno impulsar políticas cercanas al pueblo: una de ellas, la tímida reforma agraria para dar cumplimiento a los acuerdos de La Habana, sin expropiación y comprando tierras con la paciencia de Job a los terratenientes, es uno de los contraejemplos. La Agencia Nacional de Tierras, ANT, y la Sociedad de Activos Especiales, SAE, anunciaron el 20 de diciembre de 2023, que 1.399.403 hectáreas de predios rurales habían sido formalizadas, y que se habían constituido cinco Zonas de Reserva Campesina (odiadas por los gobiernos de derecha), que comprenden 411.938 hectáreas de extensión, aunque, es dable reconocer, que la restitución de tierras marcha a paso de marmota.
Se montaron 5 tribunales agrarios – aún insuficientes– para resolver disputas locales; se impulsó la aprobación del acuerdo de Escazú pactado hace varios años en Costa Rica, el cual promueve el reconocimiento del campesinado como sujeto de derechos y el cuidado de la naturaleza; a lo que se ha sumado el aprovechamiento de las recuperaciones de la Sociedad de Activos Especiales (SAE) para llevar a cabo la entrega de tierras del narcotráfico al campesinado y las propiedades a las universidades, organizaciones sociales y un largo etcétera.
Ha impulsado con vehemencia y, por varias veces, con mucha torpeza, las reformas laborales, de salud, de educación y pensional. Solo que el titubeo pequeñoburgués de su gobierno, la gran debilidad de la bancada del Pacto Histórico en el Congreso, y el brazo largo de la oligarquía y el capital financiero que zarandea el establo parlamentario y las Cortes de Justicia, con el agregado de la desinformación de los medios de comunicación, han saboteado todo el esfuerzo. A esto se suma el gran error que ha cometido al no apoyar desinteresadamente la comunicación popular como política pública y no ofrecer, con las debidas subvenciones, parte del espectro electromagnético a las comunidades, tal como se hizo en Venezuela.
Si miramos detalladamente las intencionalidades, observamos muchas diferencias en el accionar de los gobiernos de Fernández y Petro: el primero hizo caso omiso de las solicitudes de las masas empobrecidas argentinas, y, por el contrario, se dedicó a mimar al capital y a los dictámenes norteamericanos, y sus medidas populares se movieron más en el orden de control de daños que en políticas que realmente beneficiaran a la población. Guardó excesivo silencio con el caso de Milagro Sala, dirigente revolucionaria torturada e injustamente detenida en la provincia de Jujuy desde el 16 de enero del año 2016 por un inventado caso de corrupción.
El empobrecimiento de la población argentina fue enorme y Milei recogió esos frutos maduros representados en el pesimismo de vastos sectores de la población pobre y cuentapropista, que en las pasadas elecciones aplaudieron el discurso rabioso de acabar con ese Estado que los había marginado, y el no menos peligroso “de acá en adelante sálvese quien pueda” de Milei. El resentimiento de estos sectores se cambió por votos para el pirata aventurero que en su bitácora tiene escrita hasta la privatización del mar argentino.
El gobierno petrista nunca ha llamado a la cooptación sino a la movilización permanente de las organizaciones sociales, no solo para apoyar sus propuestas de gobierno, sino para caminar consignas propias y exigencias al conjunto del Estado, de políticas que le sirvan al pueblo, verdadero dignatario de la democracia y su verdadero jefe como siempre lo llama en sus discursos. También es claro que este gobierno impulsa el capitalismo desarrollado como confrontación con el anclaje de esta sociedad a la premodernidad de los derechos y las relaciones sociales de producción, especialmente en el campo.
En el caso de los detenidos por el paro nacional de 2021, Petro ha solicitado con vehemencia la liberación de los jóvenes que pagan injustamente condenas para que actúen como gestores sociales y de paz. Pero resulta que no ha sido posible porque las IAS (Fiscalía, Procuraduría, Contraloría) están en manos de la derecha recalcitrante. Sin embargo, como un gesto importante, se reunió con el pueblo indígena en Puerto Resistencia el día 15 de marzo de 2024, y desde allí reivindicó la validez de la lucha de entonces y hasta convocó a que el monumento construido por el mismo pueblo caleño en homenaje a la resistencia, fuera elevado a la categoría de monumento nacional.
Ahora reivindica el poder constituyente del pueblo para salvar las reformas o dar paso a nuevas, actualizar con nuevos tonos la congelada constitución del 91, impulsar los acuerdos de paz de 2016 y evitar el avance del golpe de Estado blando que se mueve tras bambalinas.

Diferencias sustanciales con el caso argentino
Los indicadores macroeconómicos colombianos van por buen camino, pues la inflación y el desempleo bajaron a un dígito, el peso colombiano se ha sostenido respecto del dólar; las exportaciones de combustibles fósiles sí han disminuido, pero lenta y paulatinamente empiezan a aparecer productos agrarios que han ayudado al control de la inflación en el país, y también su oferta ha crecido para ser exportados; y ni se diga del turismo, el cual el año pasado tuvo un repunte de más del 23% respecto de 2022, ingresando cerca de US$9.500 millones de dólares.
Sumado a lo anterior, el gobierno petrista le ha infligido duros golpes al narcotráfico, apuntándose incautaciones nunca antes vistas de cientos de toneladas de cocaína, ante lo cual Álvaro Uribe se quejó por “el daño de este gobierno al negocio de los ricos”. Asimismo, el déficit fiscal se ha sostenido, lo que sirve para evitar que la calificación capitalista Riesgo País no acreciente el nivel de intereses de la enorme deuda externa heredada de gobiernos anteriores.
En resumen, Fernández terminó con callos en las rodillas por su postración ante el gran capital y le despejó el camino al nazisionista Milei, el cual ahora desempeña un papel siniestro que amenaza llevarlo a niveles inimaginables, donde la democracia burguesa será casi que eliminada y los derechos de los trabajadores y de todo el pueblo argentino pasarían a dormir el sueño de los justos.
Petro ha hecho los mejores esfuerzos para impulsar la visión de protección de la naturaleza y la transición energética como parte integral de la lucha contra el cambio climático, y el cambio de deuda externa por el cuidado de la Amazonía y la gran biodiversidad de nuestro país; también en su discurso y acción ha propendido por el impulso de la economía popular y el desarrollo del campo con valor agregado de los productos tradicionales. Ha impulsado la educación gratuita en todo el país con inversión pública en construcciones universitarias en las regiones más apartadas; ha jalonado la “paz total” con apuestas riesgosas en medio de tantos enemigos gratuitos y ha sido un vocero de la paz mundial, en especial, ha ayudado a poner en escena el genocidio palestino rompiendo relaciones diplomáticas con Israel cuando las monarquías y dictaduras árabes favorecen la limpieza étnica del pueblo palestino, acribillado tanto en Gaza como en Cisjordania por las hordas nazis del ejército y los colonos sionistas, mientras Milei, desde Argentina, los aplaude como foca.
En resumen, Petro no quiere acabar con el Estado, sino que, por el contrario, quiere hacer que la acción estatal sea productiva para el pueblo, y, contrario a Milei, quiere impulsar desde este una acción decidida por los trabajadores y por todas las masas campesinas. Es decir, quiere una mayor redistribución de la riqueza en el conjunto de la población en un país que puntea la desigualdad en América Latina.
Que lo hayan bloqueado políticamente hasta más no poder, ese es otro cantar; que se haya equivocado y esa anodina y minoritaria bancada del Pacto Histórico en el Congreso lo haya hecho tan mediocremente, no se puede negar; y que la oligarquía financiera, terrateniente e industrial esté atravesada como una vaca muerta, son verdades de a puño. Pero tengamos en cuenta que es el primer intento de gobierno popular –y reformista– en doscientos años.
