El reloj del juicio final y la falsa neutralidad de sus artífices

Por Álvaro Lopera

Montaje digital elaborado por Álvaro Lopera

En 1945, después de que Estados Unidos unilateralmente decidiera lanzar dos bombas atómicas –cada una de aproximadamente 16 kilotones (16 mil de toneladas equivalentes del explosivo TNT) – sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, se formó una asociación de científicos que habían contribuido teórica y prácticamente a la construcción de dichos artefactos, y lanzaron el Boletín de los Científicos Atómicos. Dos años más tarde (1947), para mantener informada a la población mundial, crearon «El reloj del juicio final»,un diseño estético del artista Martyl Langsdorf, que utiliza la imagen del apocalipsis (medianoche) y el lenguaje contemporáneo de la explosión nuclear (cuenta atrás hasta cero), transmite las amenazas a la humanidad y al planeta, con el fin de impedir una situación de no retorno.

De acuerdo con dicho boletín (thebulletin.org), el Reloj del Juicio Final es fijado el 23 de enero de cada año por el Consejo de Ciencia y Seguridad del Boletín, en consulta con su Junta de Patrocinadores que incluye a 10 premios Nobel. El Reloj se ha convertido en un indicador universalmente reconocido de la vulnerabilidad del mundo ante una catástrofe global. El movimiento de las manecillas indica si los acontecimientos acercan o alejan a la humanidad del apocalipsis nuclear. En resumen, el icónico Reloj informa a todo el planeta cuán cerca estamos de llegar a una catástrofe universal que borraría todos los vestigios de la civilización humana.

Recuento crítico

En 1947, los científicos atómicos se sentían relativamente cómodos en sus poltronas norteamericanas, con sus mondadientes que permanecían más de la cuenta en su boca y sus cigarros inacabables que nunca les ayudaron a pensar qué hacer para impedir la construcción y entrega de esos artefactos atómicos al imperialismo, o, de pronto, a pedirle perdón al mundo por ese invento que hacía realidad la ecuación einsteniana E=mc² y que, desde entonces, amenaza la vida. Nos informaron, sin inmutarse, que en ese año nos encontrábamos a 7 minutos del potencial apocalipsis. Si bien podríamos decir que es un tiempo corto, al compararlo con el actual, 90 segundos (2023 y 2024), concluimos que en ese año estábamos relativamente lejos de la catástrofe. Y esto coincidía con que solo Estados Unidos contaba con la bomba atómica; es decir, si Estados Unidos le lanzaba la bomba a cualquier país, no habría respuesta simétrica, luego, “la civilización no estaba tan amenazada”.

En 1949 avisaron que estábamos a 3 minutos, ¿qué sucedió? La Unión Soviética había detonado su primera bomba atómica, o sea, le quitaron la hegemonía atómica a USA, y eso ya era “una amenaza mayor para la humanidad”. En 1953, el tiempo bajó a 2 minutos: apareció en la escena la bomba de fusión de hidrógeno, mucho más potente que la de fisión; y claro, la Unión Soviética, 9 meses más tarde, también lo había logrado.

En 2018, año en que el reloj marcaba dos minutos para la media noche, la hipótesis fundamental para la calificación (siempre hay una sustentación para la ubicación de las manecillas) afirmaba que los principales actores nucleares estaban en la cúspide de una nueva carrera armamentística, que sería muy costosa y aumentaría la probabilidad de accidentes y percepciones erróneas.

Participantes y sesgos en la calificación del riesgo

El Consejo de Ciencia y Seguridad del Boletín es una organización “independiente” con sede en Estados Unidos, en donde participan científicos (y hasta exmilitares) norteamericanos, ingleses, holandeses, indios, pero no chinos o rusos. Esa participación y la sede dejan mucho qué desear y ello se ve plasmado en la Declaración del Reloj del Juicio Final de 2023 y 2024 ( Doomsday Clock Statement ) de dicho Consejo:

El Pareto de la preocupación del Consejo es el tema nuclear y la proliferación de estas armas, seguido del cambio climático mundial y, por último, las tecnologías disruptivas: biología sintética sin control basada en la inteligencia artificial, la guerra bacteriológica o la difusión de virus salidos de laboratorios; la desinformación masiva que podría partir de la inteligencia artificial generativa de textos y el mal uso de la inteligencia artificial en temas militares y de vigilancia de la población.

Y, por supuesto, la declaración señala con el dedo acusatorio a Rusia, China, Irán, República Popular de Corea, India y Pakistán. Ni una sola palabra sobre Israel, país creado por la ONU en 1948, que con sus más de 200 bombas atómicas amenaza permanentemente no solo a Gaza sino a todo el Medio Oriente. Ya hizo la amenaza en la guerra del Yom Kippur de 1973 y también en los años 80 del siglo pasado, cuando le ofreció la bomba atómica al régimen de apartheid de Sudáfrica. Y ahora, en el marco del genocidio palestino, varios funcionarios sionistas han insistido en lanzar la bomba atómica.

A estos científicos, de los cuales algunos son CEO’s de organizaciones privadas, les parece que Estados Unidos siempre actúa de buena fe y lo hace en respuesta a las aventuras geopolíticas de Rusia y China. Por ejemplo, en estos dos textos, de 2023 y 2024, la invasión de Rusia es el centro de la calificación, pues, en su concepto, violó todos los acuerdos previos. Con esta afirmación, el Consejo desconoce que fue la OTAN la que preparó el escenario, empujando a la oligarquía ucraniana protofascista a dar el golpe de Estado en Ucrania, en febrero de 2014, contra el presidente Víktor Yanukóvich, y a empezar una guerra contra la zona oriental de ese país con población de ascendencia rusa.

Cuando en la declaración de 2023 se refiere a las tecnologías disruptivas como la biología, acusa a Rusia de prepararse para el pandemónium de la guerra bacteriológica, sin sustentación alguna, y la señala de haber dicho mentiras cuando acusó a Estados Unidos de tener laboratorios de guerra biológica en Ucrania, a sabiendas que después Victoria Nuland, exfuncionaria del Departamento de Estado, lo confirmó.

Este Consejo afirma también que “la invasión rusa de Ucrania ha aumentado el riesgo de uso de armas nucleares, ha agravado el espectro del uso de armas biológicas y químicas, ha obstaculizado la respuesta mundial al cambio climático y ha entorpecido los esfuerzos internacionales para hacer frente a otros problemas mundiales”, escondiendo la mano siniestra de la OTAN y Estados Unidos. Expresa que la amenaza grave proviene de Rusia, pues el presidente Putin ha hablado de usar las armas nucleares, como si Estados Unidos no amenazara a Rusia con cientos de misiles estacionados en diversos países europeos, y últimamente no hubiera avisado del emplazamiento de misiles de largo alcance en Alemania para el 2026.

Son importantes las alarmas para que la humanidad responda adecuadamente a las amenazas, pero no basadas en conceptos geopolíticos imperialistas, que lo único que hacen es salvarle el pellejo histórico a la potencia más terrorista y saqueadora que ha tenido la humanidad en toda su historia: Estados Unidos.

Un comentario en “El reloj del juicio final y la falsa neutralidad de sus artífices

  1. Solamente mirando los hechos, se concluye también que USA no solo ha sido la potencia más terrorista y saqueadora, sino que representa el máximo peligro para la vida sobre el planeta, en el cortísimo tiempo desde la aparición de las sociedades humanas.

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