Asamblea Nacional Popular Independiente

Recuperar las bases de la movilización social

Por Stiven Calderón

Cortesía de revolución obrera

Durante el denominado estallido social del año 2021, a la par que se marchaba contra la reforma tributaria propuesta por el siempre mal recordado presidente Duque, y mientras los medios hegemónicos se centraban en mostrar los “desmanes” de los manifestantes y encubrir las torturas, asesinatos y desapariciones perpetrados por el establecimiento, un gran sector de la ciudadanía se organizaba: asambleas populares, convites y diversos espacios participativos eran la contracara, o mejor, el complemento poco documentado de salir a gritar arengas, rayar paredes o tropelear contra la fuerza pública.

Dos Asambleas Nacionales Populares celebradas en Cali y Bogotá, y otras de carácter local, como la realizada en Villavicencio, sentaban las bases o daban continuidad a los procesos de organización que pretendían articular las voces del estudiantado, los campesinos, los indígenas y de muchos otros sectores sociales.

No obstante, la nefasta reforma cayó, y tal coyuntura coincidió con la campaña presidencial del candidato Gustavo Petro, quien un año después se erigiría como primer mandatario de los colombianos, recogiendo, aparentemente, las banderas de la movilización social.

Fueron la reciente invocación al poder constituyente y el llamado a una Asamblea Nacional Popular, hechos desde la institucionalidad y sus cercanos a fin de concretar las reformas políticas que se encuentran estancadas en el Congreso, los que hicieron que desde ciertos sectores sociales se decidiera convocar a los mecanismos de movilización al margen de lo impulsado desde el gobierno. Por ello, los pasados 13 y 14 de julio se realizó en la ciudad de Cali una Asamblea Nacional que se autodenominó independiente (ANPI).

Anderson Betancourt, politólogo y vocero de ACOLSAM (Acción Colombiana por la Soberanía Ambiental), quien hace parte de la dirección del comité de la ANPI para dinamizar una próxima asamblea, considera que la cooptación por parte del actual gobierno de diversos sectores sociales da sentido a dicho llamado: “Nos convoca la idea de la independencia del movimiento popular, del movimiento obrero, el cual no puede arrodillarse a ningún partido ni a ningún gobierno (…) Es que enchufaron a la gente con contratos (…) se hizo un pacto de silencio para luchar por lo que consideran fundamental: que no vuelva la derecha”.

Y es que la crítica al manejo que el actual gobierno le está dando a algunos temas y también a las reformas sociales es contundente por parte de Anderson: acerca de la reforma agraria, por ejemplo, señala que esta resulta regresiva, pues, entre otros aspectos, se están comprando tierras a los grandes despojadores y hay denuncias de que en ocasiones se está pagando a mayor precio de su valor real. “En los grandes temas nacionales sigue habiendo continuismo, subordinación a Washington, pago juicioso de la deuda pública y privatización de las empresas”. Por eso enfatiza en la importancia de “retomar las banderas del estallido social en el entendido de que es la movilización la que debe concretar los cambios”.

En cuanto a la asamblea celebrada en Cali, Anderson considera que el balance fue positivo, pues esta contó con la participación de sectores y organizaciones sociales provenientes de diversas regiones del país, las cuales hicieron parte de comisiones de trabajo sobre medio ambiente y tierras, campesinado, pueblos étnicos y vivienda, mujeres y diversidades sexuales, juventud, sindicatos y movimiento obrero.

Aun así, señala, “se esperaban más personas, trabajadores, organizaciones étnicas, también más jóvenes (…)” Pero recalca: “La gente que llegó es la que está en una actitud más crítica contra el gobierno a pesar de haber votado por él o de tener aún esperanza en la movilización social adscrita a él (…) Es que el tema de la independencia cuesta mucho porque son recursos propios, porque no está el gamonal político ni el Estado financiándote”.

Lo anterior lo confirma Juan Sebastián, artista del Taller Itinerante de Gráfica Popular La Rosa Roja 1917, y quien es parte de la organización y difusión de la ANPI en Medellín. Afirma que, pese a haber estado en las jornadas de agitación y propaganda en diversos espacios de la ciudad, casi se queda sin asistir; pero destaca, no obstante, cómo primó la solidaridad y autogestión, reflejadas no solo en el desplazamiento a Cali, la acampada en Univalle, sino también en la alimentación.

Para este, quien señala que estos últimos tres años gran parte del movimiento social se “petrificó”, los diferentes mecanismos de participación del movimiento social, como la protesta, los paros, los bloqueos y las asambleas fueron canalizados por los mecanismos institucionales. Y aunque piensa que el actual llamado del gobierno es válido, cree que el poder constituyente no necesita ni de su tutela ni de su guía.

“El llamado desde la Asamblea Independiente es a fortalecernos no para unas reformas que se quieren hacer en dos años, sino para todo lo que se viene, esté el gobierno que esté (…) Si el gobierno actual de verdad está representando los poderes del pueblo, va a estar con nosotros; de lo contrario, probablemente vamos a estar en oposición”.

Y es que, si bien al momento de escribir este artículo las resoluciones de cada comisión de trabajo se encuentran en trámite, entre los temas centrales discutidos en plenaria y que pueden resultar concluyentes del encuentro, están no solo el apoyo irrestricto a Palestina y a las luchas antiimperialistas, la oposición a una Asamblea Nacional Constituyente mientras el movimiento social no esté fortalecido, la definición de clase proletaria de la asamblea y la declaratoria de independencia, más no oposición, al llamado del gobierno.

En este último aspecto difieren Anderson y Sebastián, pues mientras este primero considera que sí debe haber una oposición crítica, obrera y proletaria al actual gobierno, Sebastián cree que, de cara a las próximas elecciones, debe primar la unidad. “Hay diferencias de enfoque, de método, pero estamos por un cambio real”, señala Anderson.

En lo que sí coinciden ambos es en el argumento de que, mientras el pueblo no esté organizado, ningún cambio responderá a las verdaderas necesidades que demanda. “Solo el pueblo salva al pueblo” parece ser la consigna que recoge y dirime cualquier desacuerdo.

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