Por Ángel Medina

Ilustración: Laura Espinal
La Colombia Humana (CH) está en pugna. Dos visiones de partido se encontrarán en la “II Asamblea Nacional Ordinaria de la Colombia Humana”, los próximos 17 y 18 de agosto, en la ciudad de Bogotá; más de 1.500 delegados de todos los municipios del país se reunirán para definir el rumbo del partido, la reforma a los estatutos y la elección de presidente, secretario general y una nueva Junta Nacional de Coordinación.
Como en todo partido político, en la CH se anidan tendencias, bloques y líderes que buscan administrar el poder interno que, entre otras cosas, emite los avales, organiza las listas de candidatos a los cargos de elección popular, distribuye los recursos de funcionamiento y se sienta en las negociaciones pesadas. Esto es, al final, lo que está en juego, y la relevancia de la Segunda Asamblea Ordinaria es mayor cuando se toman en cuenta, por lo menos, tres factores:
Primero, que la CH es el partido del presidente Petro, por lo tanto, el más perseguido y vigilado por las instituciones del establecimiento, lo que implica que quien detente la presidencia, la secretaría y cada uno de los enlaces de la Junta Nacional, debe blindar y fortalecer el proyecto político, el del Progresismo colombiano; segundo, que hoy se habla de la unidad de la izquierda democrática de cara a las elecciones de 2026, para conservar el poder ejecutivo y seguir impulsando las transformaciones sociales, un escenario en el que la CH es el partido más robusto de la coalición de gobierno del “Pacto Histórico”, y en el que su influencia política y programática va a depender de su dirigencia; y, tercero, la profundización de la democracia partidista, una lucha que puede resucitar a una militancia decepcionada por la injerencia de los poderes políticos del orden nacional en las decisiones territoriales.
Ahora, ¿quiénes se disputan el poder interno de la CH? Más que poderes establecidos o por constituirse en los días anteriores a la asamblea (que lo son en un plano práctico), hay dos visiones de partido que chocan.
Por un lado, están quienes conducen a la CH hacia dinámicas del pragmatismo hegemónico y criollo de los partidos tradicionales; estos se vinculan a la idea contable de la democracia burguesa en la que la razón, el discurso y la ideología se remasterizan en la técnica para justificar a los poderosos, y así, con el ánimo de no perder el favor de algún político, conservar un estado de privilegios para ciertas camarillas del progresismo tecnocrático y pequeño burgués.
“El imperio de la técnica, al servicio de los intereses particulares de los progres de El Poblado y de El Chicó, es la negación de la razón, del pensamiento crítico y del historial de luchas que ha emprendido la izquierda por la democracia real. Con seguridad, no les ha tocado comer caldo de pajarilla para distraer las hambres”, dice un ex-militante de la CH mientras fumamos un cigarrillo en la U.
Por otro lado, están los que se imaginan un partido de la poesía, la diversidad y la justicia social; estos argumentan que el partido de la vida debe ir orientado hacia una búsqueda de la verdad, algo así como lo que hacen los poetas con el lenguaje; es una estirpe minoritaria que anhela el horizonte de la revelación y que lucha por decantar con su pluma el vasto hemisferio de las palabras, esto, aunque dichos horizontes se hallen en otros tiempos, en la nada y en el imposible ¿No es acaso el ideal, el sueño, un motor de los corazones? ¿Cómo seducir entonces a una sociedad que desconoce cada detalle de lo que odia? Si hay odio hacia la izquierda porque no la conocen ¿Qué se le muestra entonces desde un partido de izquierdas?
El mismo compañero dice: “La Colombia Humana debe pensar y reflexionar profundamente sobre la existencia humana, aceptando la complejidad que habita a los hombres y mujeres de Colombia; abrazar la diversidad de la experiencia vital es una empresa válida en ese sentido. Habría que crear espacios para todos aquellos que buscan un asidero para desplegar sus potencialidades: un espacio seguro para la autenticidad, la comunión pacífica y el respeto. Si mostramos esa orientación podríamos estar rompiendo con esos estigmas”.
Los militantes de la CH se preparan para disputar los espacios de representación y exigir a quienes sean elegidos el respeto por las decisiones de los territorios, la unidad de la izquierda colombiana, la cercanía a la militancia y la apertura de espacios para pensar y entender la vida.
La II Asamblea Nacional Ordinaria de la Colombia Humana es un experimento político y social que medirá las fuerzas de estas dos visiones. Estar atentos a su desenlace es importante para aquellos interesados en avizorar las salidas de la izquierda colombiana, en un momento en donde la derecha más reaccionaria y violenta se prepara para enterrar, con su brazo autoritario, los derechos que hasta ahora se están empezando a materializar para la clase trabajadora y excluida.
Debemos estar atentos y atentas a las decisiones más influyentes que se tomen en la asamblea en Bogotá y sus repercusiones en la organización de la izquierda. Por ahora esperemos que los cerca de 1.500 delegados municipales se enfilen y decidan.
