Por Ana Karina Muñoz y Yuliana Sánchez
“Ay amiga sola no estás, si tú decidiste abortar.
Ay amiga sola no estás, si tú decidiste criar.
Libres, juntas estaremos.
Libres, nos apoyaremos”

Este verso hace parte de una composición de la agrupación de mujeres bolivianas Warmi Pachakuti. En el Festival Canto a la Montaña, realizado el 1 de septiembre del presente año en el polideportivo Tulio Ospina, del municipio de Bello, esta canción fue interpretada por la agrupación Jaripua Luma; se trata de una agrupación de mujeres que, sensibilizadas por las melodías que fluyen de los sikus y la tambora andina decidieron integrar sus conocimientos, habilidades y pasiones, para hacer un espacio a la voz y la presencia de las mujeres. Así como ellas se conformaron, también lo hicimos las mujeres que gestamos el Festival Canto a la Montaña.
Desde 2022, mujeres lideresas, artistas y gestoras culturales del municipio de Bello nos reunimos en torno a tres reflexiones y movimientos: la lucha social; la defensa -y recuperación- ambiental, y los derechos de las mujeres, jóvenes y niñas. De encuentros de ideales y experiencias afines, surgió el plan de crear un festival hecho por mujeres y para las mujeres, en donde se le rindiera homenaje a nuestro cerro tutelar del municipio, cuya geología más esférica que cónica la hace parecer vientre, y por eso es considerada madre, la madre de la que venimos y a la que volvemos, la mismísima madre tierra. De allí nace el Canto a la Montaña.
En el camino de creación, reafirmamos la necesidad de espacios de reivindicación de las mujeres en las artes. Una mayor participación de hombres que de mujeres en este campo, genera una invisibilización de la voz de las mujeres en la cultura, y, por tanto, en la construcción de las sociedades. Esta apuesta, entonces, permite reconocer la importancia de espacios que dignifiquen a las mujeres artistas.
Si bien la presencia de las mujeres en el arte, la literatura, la pintura, el cine y la música marca una tendencia creciente, aún se mantiene una importante brecha de género en estas áreas de conocimiento y creación.
Esfuerzos como los de Canto a la Montaña aportan a la reducción de dichas brechas, ya que, a través de la defensa de los derechos culturales de las mujeres, se han conquistado, además de espacios inclusivos y seguros para el disfrute de las artes, espacios de respeto y equidad para la creación artística.
La programación del festival estuvo compuesta por recitales poéticos, juegos infantiles, talleres de huertas y ecofeminismos, y una feria de emprendimientos. Además, participaron artistas cargadas de reflexiones íntimas sobre el devenir en poesías y raps como los de Lev-LP, o vigorosas de la digna rabia como las barras de las raperas Killa Queen y Lunight. También las mujeres de la agrupación Barakah embelesaron al público con la habilidad de sus cuerpos que se expresó en los desafiantes movimientos ondulatorios de la danza árabe.
Así mismo, avivaron al público los ritmos de los tambores y las maracas tocados y acompañados por las voces de las niñas y los niños del grupo “Conciencia, cuero y tambó”, de la fundación Conciencia. Estos niñas y niños, además, emocionaron al público con la declamación del poema “Porque negra es que soy yo”, de Mary Grueso Romero. Al ritmo del bullerengue, las voces femeninas de Amanecer acompañaron la caída del sol cantando: “Tengo un sentimiento grande, tengo un sentimiento grande, tengo un sentimiento grande, yo no lo puedo acabar”, y entre bailes y sonrisas culminó el día.
En espacios como este se expresa la vida en su totalidad. El arte y la cultura integran a las personas, tal como ocurrió durante el festival, y la definición más simple de integrar es “hacer que alguien o algo pase a formar parte de un todo”. La colectividad es entonces constitutiva tanto en la producción como en el disfrute del arte y la cultura; posibilita también el reconocimiento mutuo y el hacerse consciente de que aquello que experimentamos por un momento de manera individual, ahora nos permite identificarnos con una experiencia colectiva, y, por tanto, abonar el terreno para cultivar la transformación social de esas experiencias.
Tales encuentros artísticos y culturales dan apertura a un mundo infinito de posibilidades en donde el desarrollo de la capacidad crítica y propositiva se hagan una constante. Canto a la Montaña ha sido detonante de análisis y acciones de las mujeres en el movimiento cultural del municipio, ha sido un espacio de convergencia para las mujeres artistas bellanitas que ha posibilitado la formación y la reflexión, al reconocerse como una apuesta política en la que se prioriza el cuidado, el amor y el respeto.
Estas convergencias configuran acciones de resistencia cotidianas que se encuentran atravesadas por una creciente concientización sobre las brechas sociales, económicas y políticas que continúan afectando a las mujeres como grupo poblacional. En el municipio de Bello, según cifras del DANE, la tasa de ocupación de mujeres es de 38,1; mientras en hombres es del 56,3, reflejando una diferencia de 18,2 puntos.
Según el Observatorio de Asuntos de Mujer y Género, en 2021 Bello fue el segundo municipio de Antioquia con más casos de violencia intrafamiliar, después de Medellín, contando 1.264 casos. El podio es igual en delitos sexuales, presentándose en el municipio 295 casos. En el mismo año, Bello fue el segundo municipio con más casos atendidos por la línea 123 Mujer del Valle de Aburrá, con 2.046 (38,5%). Estas son algunas de las cifras que nos siguen alertando sobre la necesidad de políticas y programas municipales que protejan los derechos de las mujeres en el municipio, pero también de espacios de formación con perspectivas de género.
Canto a la Montaña se propone nuevas formas de construir circuitos económicos y comunitarios de autogestión que puedan prevenir que más mujeres sigan siendo víctimas de la vulneración de sus derechos. Esto implica necesariamente el compromiso de pensar colectivamente maneras sostenibles y justas de relacionarnos entre las personas, así como con las otras formas de vida y con el territorio. Y este es nuestro qué hacer como gestoras, reflexionar y probar las distintas maneras en las que podemos transformar nuestra realidad social.
