Por Anyela Heredia

Mario Viana es el director del Festival de Cine de Ituango. Su madre era oriunda de este municipio y lo llevó allí a conocer a su abuela, siendo muy niño; 30 años después, tras haber estudiado administración de empresas y abandonado su empleo de funcionario bancario para dedicarse a escribir historias con una cámara cinematográfica, volvió a Ituango para convertirse en uno de los principales impulsores del cine y la cultura en su región.
Volvió con la idea de contar la historia detrás del megaproyecto de Hidroituango y acompañó la producción europea de una película llamada Los hijos del agua, que fue filmada a lo largo del río Cauca, entre los municipios de Santafé de Antioquia e Ituango, en un territorio que hoy ya no existe porque fue inundado por la represa. Esto le permitió volver a reconectar con el territorio de sus ancestros.
Conoció la propuesta de lo que fuera el Festival de cine del Nudo del Paramillo. Así se llamó el festival en sus inicios, y tuvo tres versiones con ese nombre, pero estuvo en riesgo de desaparecer, porque, al tratarse de una apuesta institucional de la Gobernación de Antioquia, no podía garantizar su continuidad con el cambio de administración. Así que con el esfuerzo mancomunado de la casa Viana Producciones, propiedad de Mario y su hermano, de la administración municipal y del Colectivo de Comunicaciones de Ituango, lograron sacar adelante la cuarta versión del festival en 2016, pero la idea era que este vinculara a todos los municipios alrededor de la represa, como Toledo, Briceño, e incluso Sabanalarga y Liborina.
“Ese año no logramos traer a las personas de allá porque no había plata, pero al año siguiente sí tuvimos la posibilidad de que seis municipios se encontraran en Ituango”.
Pensando en los riesgos que corría el festival, decidieron crear una política pública que garantizara la realización del evento año tras año, así que, en 2018, se firmó el Acuerdo Municipal que dio vida al Festival de Cine de Ituango. A partir de allí, el festival comenzó a recibir pequeños recursos del municipio y también desde entonces decidieron incluir un foco internacional dentro de la muestra, que además de la exhibición de películas tiene un amplio componente formativo.
“Cada año, en noviembre, traemos un país invitado. Han pasado desde 2018 hasta 2024, Francia, España, México, Argentina, Cuba, Chile y Nicaragua”.
Todos los años se propone una temática y la idea es que vaya en consonancia con el contexto social en el territorio. Se ha hablado, entre otros, de Derechos Humanos, asuntos sociales y cambio climático, memoria y patrimonio, mujeres, familia y diversidad. Viana recuerda particularmente la versión en la que trabajaron el tema de los ancestros. “Antes había solo una comunidad que era el resguardo de la comunidad Embera, pero hoy tenemos una comunidad reasentada que es el resguardo de la comunidad Nutabe, o mejor, de Oro Bajo, quienes, producto de la construcción del megaproyecto, fueron desplazados de su territorio y reubicados a la entrada del municipio de Ituango”. Con todo lo que estaba pasando alrededor de la llegada de esa comunidad, en 2023 decidieron hacer un tributo y hablar de ancestralidad en el marco del Festival de Cine. “Eso permitió la conversación con las comunidades locales, se invitaron expertos, pero lo más importante fue el diálogo entre las comunidades”.
Este año la temática fue Una labor comunitaria, y se reflexionó en torno al cine comunitario y también al trabajo y la cultura campesina en comunidad. “Ponemos un poco las películas como excusa para ampliar ese diálogo sobre la labor comunitaria”.
“Para nosotros el Cine y el trabajo alrededor de la gestión cultural es esencialmente un trabajo en equipo, colectivo, comunitario; entonces, quisiera reconocer a cada persona que colabora en el festival, desde el señor o la señora que nos apoya con los refrigerios, hasta los funcionarios de alto nivel que avalan esta iniciativa”. No obstante, Mario reconoce que hay actores muy importantes en la organización del festival, entre ellos el Colectivo de Comunicaciones de Ituango, la casa de la cultura y el equipo de trabajo alrededor de Viana Producciones. Además de un equipo de expertos de la industria cinematográfica en el país, que colabora en la curaduría del festival, es decir, en la escogencia de las películas.
Como muchos festivales de cine, el de Ituango puede ser un espacio de encuentro para personas que trabajan en la realización cinematográfica, pero su objetivo principal es vincular a toda la población del municipio y sus alrededores en torno a la cultura y al cine, y desde allí quitarle jóvenes a la guerra. “Creo que ese ha sido el gran objetivo de este festival: sacar a los muchachos, digamos, de esa zona de riesgo alrededor del conflicto. Pero al mismo tiempo reconstruir tejido social, porque aquí el tejido ha sido vulnerado precisamente por todas las formas de violencia que ha vivido el municipio a lo largo de muchos años”.
Mario reconoce que, por fortuna, el proceso del festival ha sido respetado por todos los actores en el municipio, lo que les ha permitido llegar a muchas partes del territorio como los corregimientos de La Granja, El Aro o el resguardo de Jaidukamá, a nueve horas del casco urbano, y recuerda, casi como una anécdota, una edición en la que los titulares de prensa rezaban: “Alto al fuego, llegó el cine a Ituango”. Pero, por supuesto, desearía poder llegar a las más de 100 veredas con las que cuenta el municipio.
Si tuviera que hacer un balance de los últimos 10 años, diría que “la gente se ve reflejada en el cine y en las temáticas que se abordan y eso lleva a que Ituango cuente hoy con un público mejor formado, más comprometido y crítico”. No se trata de un evento masivo, pero sí se pretende llegar a otros espacios y poder contar con mayor apoyo por parte de las instituciones, pues, a pesar del acuerdo municipal, la burocracia hace lentos los procesos y provocó que este año el festival en su 12a versión tuviera que concentrarse en el casco urbano y no pudiera llegar a más barrios y veredas. Sin embargo, contó con una muestra de 24 películas, entre cortos y largometrajes nacionales e internacionales, además de foros temáticos y talleres de formación actoral y de dirección.
Para nombrar solo algunas de las películas, todas muy recomendadas, entre las nacionales estuvieron Matrioshka, La suprema, El rojo más puro, El niño de los mandados, Los sueños viajan con el viento y el cortometraje El Chucur, además de las producciones nicaragüenses ¿Cuál es la consigna? Y El penúltimo adiós.
