Por Rubén Darío Zapata

Foto: Tomada de cubita NOW
Repartió su estadía en dos lugares: un hotel de la Habana y la convivencia con unos conocidos en el municipio de La Lisa, cerca de la Habana. En ambas partes sufrió el dolor de la precariedad extrema, pero también vislumbró la esperanza que aún aviva la Revolución. Nidia siempre soñó con ir a Cuba y no se le dio el sueño mientras estuvo Fidel vivo, pero Cuba seguía siendo Cuba y la Revolución la Revolución, aún después de Fidel, incluso como legado del propio espíritu revolucionario que él le imprimió. Ahora, después de verlo con sus propios ojos todo parece más complejo.
En el mismo hotel, en la ciudad de la Habana, que se supone dispuesto para atender las demandas del turismo, se sentía la escasez. Aunque los artículos de aseo nunca faltaron, sí eran muy racionados. Pronto se daría cuenta que el jabón y el papel higiénico llegaban a ser artículos de lujo en los hogares. Pero la escasez se veía sobre todo en la alimentación, definitivamente pobre en proteína.
Esa era una de las razones, según comentaba la gente en la calle, de que el turismo hubiera bajado en los últimos años, pues los visitantes se quejaban con frecuencia de la comida, que no justificaba los precios que suelen pagar los turistas. También se esgrimía como razón de tal descenso el deterioro de la Habana vieja. Nidia efectivamente visitó la Habana Vieja, sitio obligada para cualquier turista que vaya a la Habana. El deterioro que encontró le parecía más el signo del paso del tiempo que prueba de abandono, y, sin embargo, la impresión que da es la de una ciudad mágica y majestuosa, llena de tradición y leyenda. Lo que sí la entristeció fue ver allí la mendicidad, sobre todo de niños y jóvenes, que, según comentaban los amigos, nunca antes se había visto.
Pero, según la gente más atenta a su realidad, la razón principal de que el turismo haya caído en el último tiempo tiene que ver con la prohibición a los cruceros gringos durante el primer gobierno de Trump, para ir a la Isla. Luego vino la pandemia, que remató la suerte para Cuba en cuanto a turismo. El turismo cubano, que es la principal fuente de divisas del país, no ha logrado recuperar desde entonces su dinamismo.
De todas maneras, la composición de la población turista también ha venido cambiando. Según pudo ver Nidia, a Cuba apenas empieza a llegar el turismo de los chinos, y, sin embargo, ya son los prácticamente los mayores visitantes. Eso siembra la esperanza de que poco a poco pueda superarse la crisis que, para este sector, y con él para Cuba, trajeron las medidas de Trump y la pandemia.
La vida por las nubes
Las carencias que Nidia apenas presintió o intuyó en el hotel las pudo vivir en carne propia cuando se fue a convivir con una familia cercana en el municipio de La Lisa. Lo primero que hicieron los conocidos fue pedirle que llevara medicamentos desde Colombia. Eso no pudo dejar de sorprenderla, pues hasta entonces ella sabía que uno de los sectores en los que la revolución cubana ha tenido más desarrollo es en el sector salud, y el farmacéutico en especial. Como pudo comprobar, eso no ha dejado de ser cierto, pero el bloqueo económico le ha cerrado a Cuba el acceso a las materias primas y buena parte de la tecnología para la fabricación en masa de medicamentos. Igual que para la producción de alimentos.
De hecho, entre las mayores dificultades que enfrenta la gente de la Isla es el acceso a buena parte de los alimentos, sobre todo proteína. Muchas cosas simplemente no se consiguen en Cuba; y cuando se consiguen es a un precio imposible para la mayoría. “Un día fuimos a comprar una carne de cerdo para una comida de unas 8 personas –cuenta Nidia-, algo así como tres libras. Y tuvimos que pagar por ellas 50 dólares (un poco más de 200 mil pesos colombianos). Res tampoco se consigue. Lo que hay es carne de pollo, pero la gente tampoco tiene acceso a ella”.
Es cierto que el Estado entrega a las familias, mensualmente, una parte de los alimentos y demás bienes necesarios para la subsistencia. Pero Nidia vio varias de las cartillas de racionamiento (donde se anota lo que cada familia recibe) y pudo comprobar que la entrega no es constante. Un mes les entregaban, fríjol, otro arroz, azúcar o sal, pero casi nunca de todo; la mayor parte es arroz y pastas. Y lo que la gente tiene que comprar en el mercado (que realmente es un mercado negro) no puede pagarlo con lo que ganan. Un salario mínimo está alrededor de cinco mil pesos cubanos, y solo una canasta de huevos puede valer en el mercado cuatro mil pesos.
Lo que complica más la situación es que el mismo Estado no tiene acceso a la producción porque quienes producen prefieren vender en el mercado negro, donde les pagan con dólares y a mejores precios. Y es que con lo que el estado paga en pesos cubanos a veces ni logra sostener la inversión. A todo esto, se le suma, por supuesto, la crisis enorme del transporte por la escasez de gasolina.
¿Una luz al final del túnel?
Muchos cubanos dicen que están pasando por una crisis peor o al menos parecida a la del Periodo Especial, cuando se rompió el suministro de la antigua Unión Soviética. Sin embargo, dicen también que, así como superaron aquella también superarán esta. Algo que llamó la atención de Nidia fue que la mayoría de hogares cubanos hoy tiene acceso a electrodomésticos de última tecnología, todos ellos con marcas extrañas de países orientales. La gente, por lo demás, ha desarrollado una capacidad increíble de repararlos, haciendo de ellos artículos para toda la vida.
La presencia de electrodomésticos hace pensar inmediatamente en la energía con la que pueden funcionar. Pero Nidia resalta que en este terreno Cuba está dando unos pasos de gigante: “En el hotel donde estábamos, todo funcionaba con energía solar, y buena parte de la infraestructura estatal en la Habana también usa energía solar”. Por lo demás, están fortaleciendo las relaciones políticas y comerciales con otros países que se atreven a desafiar el bloqueo de Estados Unidos. Por eso están ensamblando bicicletas de Vietnam y vehículos eléctricos de China, y tienen una zona franca de estructuras productivas muy interesantes, con algunos países europeos y con China. Así que una esperanza para Cuba es que estas alianzas se fortalezcan. Entre tanto, desde las instituciones y en los hogares se sigue cultivando el espíritu de la revolución, que hoy apela, además, a promover en las casas la autoproducción, la autoconstrucción y el fortalecimiento de los procesos culturales y comunitarios.
