La Partería: Nacer como ofrenda al territorio

Por Carlos Gustavo Rengifo Arias

Partería: conexión con la vida

Fotos: Marisol Pineda Giraldo

De acuerdo con Marisol Pineda Giraldo, “la partería, primero que todo, es un oficio milenario, es un don que han recibido las mujeres desde la antigüedad; nuestras ancestras portaban ese don, ya que no existían, como hoy, los hospitales para atender los nacimientos.  Entonces en un comienzo las mujeres recorrían ese camino, que se considera que hace parte de la medicina tradicional de los pueblos”.

La partería es mucho más que una mera asistencia en el parto, es una relación, ya que, según Marisol “es la conexión con el territorio, porque es la conexión también con las plantas, con el cuerpo mismo de la mujer para traer la vida, es también la conexión y el lazo que une la familia y es el primer comienzo del ser humano en la tierra, que debe ser respetado, honrado, celebrado y enraizado”. Dice Marisol que quien nace no lo hace solo, sino que es acompañado por la comunidad y los guardianes de esta tierra, “quienes acompañan a ese ser, en su tránsito y en sus decisiones, quienes lo orientan para lograr su misión de vida”. La partera es considerada desde la antigüedad una guía espiritual de quien nace y de la comunidad.

Marisol llegó a la partería, según ella, por el llamado espiritual que hizo su primer hijo hace 25 años: “Yo llego allá por obra y gracia del espíritu divino, de las abuelas y las ancestras, que seguramente me llevaron allá para que yo pariera mi primer hijo y entregara esa placenta; allí en la misma finca donde ellas nacieron, donde nació mi linaje materno y paterno, allí hice mi parto en casa”. Y no fue uno, sino varios partos naturales los que experimentó Marisol en su casa, aunque aclara que el postparto sí lo vivió con ayuda de alguien, “porque las parteras campesinas estaban bastante retiradas y también estaban siendo censuradas por su labor, diciéndoles que era ilegal y podían ser llevadas a la cárcel”.

Marisol es partera ya hace 14 años.

Como se señaló, la partería no acompaña solo el acto de nacer, sino que es un proceso que inicia con la preconcepción, después con la concepción, gestación, parto, posparto, lactancia, puerperio y crianza de los niños. Es decir, “la partera acompaña todo ese proceso, ya que entra en conexión con todo lo que necesite la familia, también para entender a qué vino ese ser, qué dones trae, y cómo ayudar a que esos dones se desarrollen de una buena forma, para que logre finalmente ser una persona de paz y que tenga buena relación con la naturaleza”. Entonces – continua Marisol- “la partería también es un lazo que une directamente con la naturaleza, con el respeto hacia los territorios, los alimenta con el nacimiento de cada ser, con el proceso también de cada mujer, porque entrega ofrendas, valoriza los lugares, nutre las aguas”. La muerte también es acompañada “tanto cuando hay muertes perinatales, como cuando hay abortos, ya sean espontáneos o por una decisión propia”.

Matriz de pensamiento

Marisol también describe a la partería como una matriz de pensamiento relacionada con el territorio, ya que, si al nacer se ofrenda a este, el bebé va a estar conectado con todo lo que habita: “con los animales, con las plantas, con el agua, con el viento, con el fuego, con la tierra, con la pareja, con la madre, con la abuela, con el linaje paterno y materno, está en presencia con todos, o sea que en ese instante todo está presente”. Pero para conectarse con ello, “primero debe uno conectarse consigo mismo y con su corazón para poder escuchar y leerlo, y ese es el camino y la matriz de pensamiento que es la partería, entonces desde lo espiritual es muy abstracto y muy difícil de entender, una conexión con la esencia de la vida y el cuidado de la misma. Así mismo, estamos para cuidar la soberanía del cuerpo de la mujer, para cuidar sus derechos sexuales y reproductivos, ya que la mujer ha sido un producto de consumo y esto es un rezago del patriarcado”.

Marisol hace parte del “Colectivo de Parteras del Valle de Aburrá”, conformado por 13 mujeres que han caminado y crecido juntas; como lo señala ella misma, “nos hemos tejido con nuestras historias de partos y acompañamientos, y nos estamos fortaleciendo en esta forma de partería”.

Violencia ginecobstetra, extractivismo y parto humanizado

La partería no es solo la reivindicación de unos saberes y prácticas ancestrales, sino también una apuesta contra la violencia presente en los partos. Según Marisol, el estudio de la antigüedad da cuenta de que las mujeres parían en posición a favor de la gravedad, no acostadas. “Cuando una mujer está acostada, el impacto en el cuerpo físico es mayor porque los huesos de la pelvis se transforman, hacen unas prominencias en el sacro y el coxis para el descenso del bebé y para abrir el canal de parto; pero si la madre está acostada, tiene todo su peso sobre estas estructuras, volviendo tortuoso ese momento sagrado; eso es muy doloroso y es más difícil para que el cuerpo realice esa fisiología que ya sabe hacer. Esto es una violencia obstétrica, poner a las mujeres a parir acostadas”.

De igual manera señala que “la partería lo que hace es acompañar a la mujer desde el respeto, desde el amor, facilitándole todo lo que necesita, cuidando el espacio físico, el espacio espiritual, la presencia de las personas que hay para que haya total confianza y total tranquilidad, para que sienta sus hormonas, su cuerpo en confianza y que pueda hacer lo que su cuerpo y su instinto le indique, para que llegue a esa apertura total, haga sus pujos y su periné se conserve, no se desgarre; porque en ningún momento ejercemos ninguna violencia en el descenso del bebé como la violencia obstétrica lo hace por los tiempos de parto, dirigiendo el pujo, haciendo la maniobra de Kristeller y episiotomías, sacando el bebé a la fuerza”.

El otro aspecto violento tiene que ver, según Marisol, con el rol del padre durante el parto, y es que en la medicina occidental a este no se le involucra en tan importante momento, sino que es confinado a una sala de espera. Esto se contrarresta en la partería porque se trabaja con la pareja, “no solamente se observa a la mujer, se trata a la mujer, se le pregunta a la mujer, sino que se considera a la pareja, a dos seres que están en responsabilidad de cuidar el camino de ese otro ser, y que ese ser les va a transformar sus vidas”.

Finalmente, para Marisol y para la tradición a la que pertenece, la obstetricia es una práctica no solo violenta, sino extractivista, ya que, según ella, “se ha apropiado de las técnicas y conocimientos de la partería poniendo nombres obstétricos y poniendo a las parteras como analfabetas”.

El anterior panorama ha propiciado el surgimiento, en Colombia, de la Ley de Parto Humanizado, Ley 2244 de 2022, que busca garantizar los derechos de las mujeres gestantes durante el embarazo, el trabajo de parto, el parto, el posparto y el duelo gestacional y perinatal, promoviendo una atención digna, respetuosa, con libertad de decisión y libre de violencia. Esta ley establece que la mujer tiene derecho a recibir información veraz, a participar en la toma de decisiones, a tener un acompañante de su elección y a recibir un trato digno y respetuoso, centrado en su bienestar y el de su bebé.

Esto ha llevado a que la partería y la medicina occidental comiencen a dialogar y a acercarse. Como lo señala Marisol, “conocemos algunos profesionales en algunas instituciones donde podemos acompañar, si de pronto el parto no termina siendo en la casa por cansancio excesivo de la madre o por parto prolongado, ya que acompañamos, como parteras, partos de bajo riesgo en casa, y podemos seguir acompañando en las instituciones de salud junto al ginecobstetra, pero ya en calidad de doulas, que es diferente al de partera”.

La diferencia radica en que “la partera realiza el acompañamiento físico, emocional y espiritual de todo el proceso, tiene la capacidad de dar la atención del parto y los cuidados del postparto inmediato y demás cuidados en la etapa reproductiva y no reproductiva de la mujer. En cambio, la doula realiza el acompañamiento emocional a la madre y familia, apoya el parto desde ese lugar, siendo sostén de la madre y de la partera, cuando acompaña en la institución hospitalaria lo hace con técnicas de confort para la madre y brinda información sobre sus derechos sexuales y reproductivos”.

Formación de “Doulas”

“Doula” significa cuidadora que está al servicio de la vida. Y para preservar ese conocimiento ancestral, Marisol, junto a otra compañera, han creado un Diplomado de formación de Doulas que dura 9 meses. “Desde allí, estamos compartiendo este camino de acompañamiento a la madre, a la familia y a ese bebé, pero también brindando aprendizaje a la “Doula” para que acompañe en una institución hospitalaria junto al personal médico. En estos tiempos es importante reconocer socialmente que las parteras continuamos, que hacemos parte de ser cuidadoras y veladoras de la salud al igual que el cuerpo médico lo hace en sus formas occidentales en instituciones hospitalarias; hacemos un llamado a respetar desde los diferentes roles las decisiones autónomas y soberanas de las mujeres sobre sus cuerpos y a respetar la decisión de cómo y con quien desean parir. Finalmente, todos somos necesarios. Las parteras estamos en continuo aprendizaje y actualización de conocimientos. Para una partera ser partera pasa muchos años como aprendiz, porque sabemos que somos responsables de cuidar vidas en entornos seguros”.

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