Luz Elena Salas: escritura y dignidad

Por Rubén Darío Zapata

En la foto: Luz Elena Salas

La historia de Luz Elena Salas ha sido, como la de buena parte de la gente que habita los barrios populares de nuestras ciudades, una tragedia constantemente repetida. Pero también una historia de lucha permanente por reencontrarse y afirmarse en medio de tantas vicisitudes. Hasta hace unos cuantos años vivió en las Independencias 2, comuna 13 de Medellín, y como a buena parte de la comunidad le tocó recomponer su vida después de la famosa Operación Orión que reinstaló allí un nuevo terror institucionalizado.

Encuentro con la escritura

El 15 de enero de 2007 le desaparecieron al hijo mayor y lo encontró en noviembre de ese mismo año, en el cementerio Universal. Como si eso fuera poco, no pasó mucho tiempo para que tuviera que enfrentar una nueva tragedia: el nieto que su hijo le había dejado todavía muy niño, fue asesinado a golpes por su padrastro. Luz Elena no sabe cómo pudo soportar estas dos tragedias tan seguidas, pero sospecha que en algo contribuyó la escritura.

“Yo empecé a escribir por desahogarme –cuenta-. Es que todo lo que estaba sintiendo me estaba asfixiando y sentía que tenía que sacarlo de alguna manera”. Después empezó a participar en diversos talleres que promovían algunas organizaciones de víctimas, entre ellas Mujeres Caminando por la Verdad. En algunos momentos leía uno que otro escrito con los participantes, que de alguna manera compartían historias similares y dolores parecidos.

Un día se le dio la oportunidad de publicar a través de una convocatoria de la Organización Combos para que algunas víctimas presentaran sus escritos. La publicación se llamó Voces y Silencios y en ella aparece un poema de Luz Elena que se titula El ave Fénix.  Pero no aparece el nombre de ella, porque decidió esconderse en el pseudónimo de Martha Sánchez. “Es que no quería que la gente supiera que era yo –comenta-, porque en ese momento me daba vergüenza que se enteraran públicamente de mis tragedias”.

Es cierto que ya muchas personas conocían de la desaparición de su hijo. Pero eran otras historias las que la avergonzaban, entre ellas, los varios casos de abuso sexual que sufrió cuando era niña. Sin embargo, el trabajo posterior con organizaciones de mujeres le ayudó a entender que no tenía que avergonzarse de las infamias que había padecido, que ella era una víctima y quienes tenían que avergonzarse eran quienes las habían cometido. Ese fue un descubrimiento importante que la ayudó a escribir desde entonces con más libertad y sin miedo.

Palabras de Luz

Antes de 2020, unos profesores de la Universidad de Medellín la buscaron para hacer un documental sobre las mujeres víctimas en la Comuna 13. Y en medio de la realización ella les compartió algunos escritos. Los profesores se entusiasmaron mucho y le insistieron para que organizara lo que había escrito en función de una publicación. Ella no creyó mucho, pero los profesores iban en serio.

Ellos mismo se ocuparon del tema de edición y diagramación, pero respetando la escritura original, incluso con los errores ortográficos. Y luego pagaron todos los costos de la publicación, que se tituló Palabras de Luz. “Mire Luz Elena –cuenta ella que le dijeron los profes-. Le vamos a regalar este libro, pero con el compromiso de que siga escribiendo, que no deje de hacerlo”. Y ella cumplió.

A raíz de ese libro la invitaron a participar en la Fiesta del libro de 2023, en un estand organizado para víctimas. Allí compartió con otras dos o tres personas que también se habían aventurado a poner en palabras sus experiencias dolorosas a raíz del conflicto que desde hace varias décadas sacude al país.

Luz en medio de las sombras

Luego la buscó una periodista de la Alcaldía de Medellín. Según le dijo, estaba buscando a una persona de un barrio popular que tuviera una familia perfecta y hablara muy bien de la Alcaldía, y pues alguien se la había recomendado. La dejó fría. “Qué pena señora. Yo no tengo una familia perfecta, empezando porque mi hijo menor se echó a la calle desde los 11 años y allá lleva ya más de 15. Y, además, no tengo maravillas que hablar de la Alcaldía. Pues a mí no me ha dado nada y en el barrio ni se ve”.

La periodista, sin embargo, no se enojó. Siguió preguntándole por su vida y ella le respondió sin problemas. Cuando le compartió algunos escritos se mostró muy entusiasmada y quiso animarla para que publicara. Igual que hicieron antes los profesores, la periodista le ayudó con el trabajo de edición y consiguió a alguien que le hizo la diagramación. Pero la publicación salió del bolsillo de Luz Elena. “Sacamos 100 ejemplares que me costaron 600 mil pesos. Pero el libro se ha vendido muy bien. Agoté los primeros 100 y ya llevo vendidos más de doscientos. La gente lo compra más porque es muy pequeño, entonces lo pueden llevar en el bolsillo y sentarse a leer en cualquier parte”.

El título del libro es Luz en Medio de las sombras. Tal vez porque eso mismo sueña ser Luz Elena con su escritura.

Nada que celebrar en la fiesta

Desde 2023 Luz Elena ha participado en la fiesta del libro de Medellín. Nunca como invitada para compartir en el auditorio su experiencia; solo como si le hicieran el favor de facilitarle un espacio para que muestre los libros. Pero Luz siempre ha aprovechado este espacio para hablar de su escritura, que es lo mismo que hablar de las condiciones de injusticia y abandono en que vive la gente en los barrios populares. Pero ya en la segunda oportunidad empezó a sentirse incómoda porque la gente de la Alcaldía le estaba preguntando siempre cuánto estaba vendiendo. Eso era como una presión. “A mí no me importa tanto cuánto vendo. Lo que me interesa es llevar el mensaje de lo dramática que es la desaparición forzada de un familiar”, respondía.

Este año, antes de empezar la fiesta del libro, la llamó una chica de la Alcaldía y le dijo que, por supuesto, estaba invitada al estand, pero que lo que no podía era llevar sus libros. “¿Cómo así?”, preguntó ella sorprendida. “Si, es que las editoriales pagan aquí mucho dinero por un estand y no quieren esa competencia”. Pero complementó inmediatamente: “Claro que puede traer cualquier otro emprendimiento”.

Luz Elena decidió entonces no ir. Ella no es una emprendedora. Tiene 62 años y desde los 13 vive de hacer aseo en casas de familia, aun así, lo que le interesaba de la Fiesta no era el negocio. “Yo sé que no me voy a pensionar. Pero no me voy a inventar un emprendimiento para ir a la fiesta del libro. Los libros no son para mí un emprendimiento sino una forma de desahogo, una demanda por la dignidad de las víctimas”.

Deja un comentario