Piratas del Caribe: Estrategia de Seguridad Nacional y Consejo de Paz Global

Por Álvaro Lopera

Imagen: “El asalto al mundo para la retoma de la hegemonía”. Collage digital de Álvaro Lopera

El mundo se levanta cada día con amenazas nuevas, y no tan nuevas, de distinto orden. América Latina es ahora esa parte del planeta que no solo se rebosó en el sur con gobiernos neofascistas vasallos de Washington, sino que contra ella empieza a desarrollarse la nueva estrategia imperialista de la Doctrina Monroe recargada con la Estrategia de Seguridad Nacional lanzada al escenario geopolítico desde noviembre de 2025 por Donald Trump. La estrategia es conocida ahora como la Doctrina Donroe para el hemisferio occidental, en el marco de la decadencia imparable y la pérdida real de hegemonía mundial del imperialismo norteamericano y responde a la enésima crisis el sistema neoliberal y al surgimiento imparables de las potencias emergentes de los BRICS, polo geoeconómico que aún no trasciende a polo geopolítico de importancia.

Entierro de tercera del derecho internacional

Los eventos terribles de los últimos meses –la invasión del Caribe con la flota nuclear norteamericana que cometió innumerables crímenes de lesa humanidad en procura del petróleo venezolano; el secuestro del presidente de la República Bolivariana de Venezuela y de su compañera, Cilia Flores, el 3 de enero del presente año; el pretendido “cese el fuego” en la Franja de Gaza (que no lo es, pues Israel siguió adelante con el genocidio); la insurrección aupada por el trumpismo y el sionismo en Irán con cientos de asesinatos; la matanza de pobladores kurdos en Siria por el gobierno del terrorista y miembro de Al-qaeda, Mohammed al-Julani, aliado de Israel, y ahora la guerra en ciernes del imperio yanqui contra Irán– nos muestran a todos los habitantes del planeta en qué grado de descomposición y desaparición se encuentra el derecho internacional pactado después de la Segunda Guerra Mundial por la ONU –entidad que se fundó pretendidamente para la paz–, ahora asfixiada por su ineptitud y debilitamiento total por parte del imperialismo norteamericano.

Sucedió ante nuestros ojos la transformación de la operación “piratas del Caribe” con la actualizada doctrina Donroe y el garrote del “ejército más letal del mundo”, según Trump, en una acción mundial de recuperación de la hegemonía no por la seducción sino por la imposición. Y esta reingeniería del relacionamiento geopolítico y geoeconómico de las naciones liderada por Estados Unidos no cuenta aún con una oposición real geopolítica y militar, pues los países que componen los BRICS todavía tienen enormes intereses y gozan de privilegios en las cadenas de suministro del mercado global liderado por Estados Unidos.

Consejo de Paz imperialista

Desde antes del “cese el fuego” que se pactó en octubre del año pasado entre la organización palestina que lidera la resistencia en Gaza, Hamas, y el estado terrorista de Israel, bajo presión de las monarquías árabes y hasta con el aval de la Autoridad Nacional Palestina de Mahmud Abbas, China y Rusia habían aprobado dócilmente en la resolución 2803 del Consejo de Seguridad, el Consejo de Paz para Gaza propuesto por Trump. Esto se dio con la previa publicidad de los famosos 20 puntos que el reaccionario personaje había dado a conocer a medio planeta, en donde mostraba abiertamente que lideraría la reconstrucción de Gaza sin permitirle a la ONU participar, sino a una pléyade de personajes pretendidamente tecnócratas y hasta daría voz y voto al genocida Netanyahu con la presidencia de otro genocida: el británico Tony Blair. Toda una burla al pueblo palestino.

Pero ese Consejo de Paz trumpista para Gaza empieza a trascender a algo similar a un Consejo de Seguridad ONU paralelo, conocido ahora como el Consejo Mundial de Paz con características corporativas, en donde el neofascista Trump admite a los países que pagarían por la membresía US$1 000 millones de dólares; y todo indica que las monarquías árabes están haciendo fila. ¿Qué significa esto en términos geopolíticos? Que el imperialismo quiere darle entierro de tercera a esa vieja ONU en donde se dieron, alguna vez, discusiones y decisiones democráticas entre las naciones en el seno de la Asamblea General para dar paso a una corporación, excluyente y de bolsillo, que defienda e impulse los intereses norteamericanos.

El Consejo Mundial de Paz actuaría como algo instrumental para la política de reimposición hegemónica de Estados Unidos. Ya no sería la cooperación institucional e internacional la que lideraría sino la primacía del poder. Como dice el escritor palestino Hassan Lafi: “Se trata de la transición hacia un orden internacional dirigido por Estados Unidos, en el que la gobernanza global se administraría como una transacción, la legitimidad se compraría en dólares y el poder se impondría antes que los valores”.

El imperialismo está haciendo lo imposible por invisibilizar todas las estructuras de la ONU dando el primer paso con la salida de Estados Unidos de más de 30 organizaciones relacionadas con el comercio, el clima, derechos humanos, derechos sexuales, derechos de la población infantil mundial, relacionamientos culturales, etc. Es una operación estratégica orientada a la reconfiguración de la estructura misma del sistema internacional sin contar aún con una alternativa impulsada por el Sur Global o por las potencias emergentes.

¿Qué hacer?

En definitiva, la legitimidad vaticinada por el accionar imperialista pretendiendo la recuperación de la desvencijada hegemonía ya no derivaría del derecho internacional ni del consenso multilateral ni siquiera de las normas basadas en reglas que hasta hace poco eran las normas occidentales que se oponían a la multipolaridad, sino de la capacidad de actuar y de imponer resultados, y de someter a la fuerza a la periferia de la geopolítica mundial.

La doctrina Donroe se estrenó en el continente americano, pero esta se lanzó realmente al estrellato de la guerra mundial directa sin eufemismos innecesarios, pues el imperio de las grandes corporaciones –que tiene en su haber un secretario de guerra y no de defensa– tiene claro que la “paz se impone con la fuerza” y esa pax romana de los sepulcros pasa por el inventario de miedos, cobardías y cálculos de los países emergentes que disputan tímidamente un pedazo de la torta mundial del comercio con el mayor respeto y calculada timidez hacia el hermano mayor imperialista.

Por todo lo anterior, los pueblos debemos ser la punta de lanza de la lucha antiimperialista y oponernos férreamente, desde la base y la decisión de nuestras comunidades, a esta nueva repartija de imposiciones, saqueos y miedos, a estas nuevas amenazas manifestadas abiertamente en la terrorista Estrategia de Seguridad Nacional 2025, que derivarán en acciones grotescas contra la humanidad y que sacarán a flote las cobardías de aquellas naciones que podrían oponerse a la par que lo están haciendo los pueblos como honrosa y dignamente lo están evidenciando el pueblo venezolano y, por supuesto, el pueblo palestino.

Debemos impulsar hasta la saciedad la urgente consigna de que “Solo el pueblo salva al pueblo”. Ahora nos queda la tarea de hacer los mejores esfuerzos para que ese sujeto político sea la verdadera voz rebelde y liberadora de la amenaza que se cierne como una negra sombra al final de la tarde del mundo.

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