Por Renán Vega Cantor

Imagen tomada de datos-bo.com
El término feudalismo puede usarse como metáfora, para referirse a un caso concreto del mundo actual: el vasallaje de Europa con respecto a Estados Unidos, porque esta es una relación que replica los nexos entre el Señor Feudal y el siervo.
Así viene siendo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos como país ganador impuso todas sus condiciones (económicas, militares, políticas, culturales…) y los europeos se subordinaron en forma sumisa, aceptando la tutela de Washington para enfrentar una pretendida amenaza soviética, cuando la URSS los había liberado del yugo nazista. Con la creación de la OTAN en 1949 se impuso la lógica de Estados Unidos, que consistió, como lo dijo Lord Hastings Ismay, su primer Secretario General, en mantener una Europa con los rusos afuera, los estadounidenses adentro y los alemanes abajo.
Bajo este principio, que han cumplido de maravillas, los europeos se convirtieron en vasallos de Estados Unidos. Eso se evidencia hoy con la demolición del viejo orden y el paso al mundo del Lejano Oeste, donde Estados Unidos, el matón del barrio, roba y mata a su antojo y los vasallos lo aplauden.
Europa aceptó llevar a cabo una guerra por delegación, a través de Ucrania, contra Rusia, para beneficiar a Estados Unidos y a su complejo militar. Aceptó, en forma suicida, romper con la dependencia del petróleo y gas de Rusia a cambio de recibirlos de Estados Unidos a un precio mucho más elevado. Participó en la destrucción del Nord Stream, con lo cual cortó el suministro de gas a los mismos europeos, para satisfacer los apetitos de Estados Unidos. Pintó a Rusia como un enemigo existencial e implementó una burda rusofobia para borrar cualquier influencia del mundo eslavo de su vida cotidiana, que se complementa con sanciones interminables a ese país. Todo, en beneficio de Estados Unidos, el mandamás en la OTAN.
Europa apoya el genocidio de Israel, nunca cortó sus vínculos comerciales, militares, deportivos y culturales con el régimen criminal del sionismo y en la UE se persigue como delincuentes a aquellos que denuncian el genocidio y apoyan a los palestinos. Respalda la agresión militar de los Estados Unidos e Israel como si fueran legales y legítimos y apoyaron el bombardeo unilateral de hace unos meses a Irán, el que justificaron porque Israel hace el trabajo sucio por ellos.
Lo mismo sucedió con la criminal agresión a Venezuela, la cual aplaudieron como un gran avance hacia la democratización del país atacado. En suma, Europa acepta como válido que Estados Unidos invada, masacre y robe en los territorios que le venga en gana.
Pero ahora, se voltea la torta, cuando Trump prepara el asalto de Groenlandia. Ante eso, los gobernantes de Dinamarca y de otros países europeos han descubierto de repente que el agua moja y que Estados Unidos es un truhan que actúa por la fuerza y viola el derecho internacional. Ciertos países europeos patalean en forma ridícula, con el envío de “poderosos contingentes militares”, compuesto por menos de un centenar de soldados y oficiales, para defender con las armas la soberanía de Groenlandia. Este risible contingente militar ni siquiera iguala el numero de efectivos de Estados Unidos que ya se encuentran en Groenlandia, en la Base Espacial de Pituffik.
Como muestra de su servilismo, la UE firmó un “convenio” con los Estados Unidos, en el cual acepta el incremento de los aranceles que le impone a productos europeos y reduce o elimina los de productos procedentes de Estados Unidos. Ha aceptado que el continente se rearme para enfrentar a Rusia en una guerra abierta, que puede estallar en unos cinco años, y asume sin chistar la exigencia de Trump de elevar el gasto militar hasta el 5% del PIB y comprar armas a los Estados Unidos y con ello liquidar lo poco que queda del Estado de Bienestar.
El panorama cambia drásticamente con el atraco de Groenlandia, frente al cual los europeos en forma balbuceante reclaman el respeto a la soberanía, la que ellos le niegan a Palestina, Irán y Venezuela, y el respeto al derecho internacional, como si eso existiera y le importara a Estados Unidos, e imploran que se les considere socios, cuando siempre han sido siervos.
Ese es un pataleo de abogados porque Europa se va a plegar a lo que quiera y haga Trump, aunque algunos de los “líderes” europeos, como Enmanuel Macrón ‒presidente de Francia‒, haga declaraciones altisonantes contra las artimañas de Estados Unidos, que son un saludo a la bandera, porque frente a un proceder similar en el mundo nunca lo han condenado.
Aunque Estados Unidos esté matando a la OTAN, que ya era irrelevante por la derrota que sufre frente a Rusia en Ucrania, y por el hecho de que, en contra de toda la propaganda, la ataca su principal miembro y no la “malvada Rusia”, los europeos seguirán atados a Washington porque son unos vasallos sin ninguna dignidad ni autonomía.
Los vasallos más abyectos (Polonia, Hungría, los países bálticos…) aceptarán el robo de Groenlandia y aplaudirán a Trump por “defender” la moribunda civilización europea. El resto maldecirá al agresivo Tio Sam, pero no realizarán ninguna acción que lo contraríe, porque el perro siempre besa la mano del amo, así lo maltrate y castigue.
Aunque Europa sí cuenta con mecanismos para presionar a Estados Unidos, su sumisión la bloquea para actuar en forma soberana. Podrían cerrar las decenas de bases militares que Estados Unidos tiene en su territorio, imponer aranceles a productos de Estados Unidos y librar una guerra comercial, asumir una política autónoma en materia energética, lo cual implica reanudar intercambios de gas y petróleo con Rusia, poner fin a la costosa guerra que libra contra este país y desangra a Ucrania…
Para hacer algo de este estilo se requiere dejar de ser siervo y emanciparse, pero eso en la Europa de hoy es inconcebible, atados como han estado durante 80 años a los designios de su amo, los Estados Unidos, al que han exaltado como supuesto faro de libertad, democracia y moralidad.
Tras el zarpazo de Groenlandia viene el fin de la Unión Europea, de la OTAN y de Europa como supuesto modelo de bienestar. Esas son buenas noticias para el mundo, porque, tras cinco siglos de dominación mundial del Occidente imperial, a la cabeza de la cual estuvo hasta no hace mucho tiempo Europa, esta va en camino de convertirse en un parque temático y una colonia pobre al servicio de los Estados Unidos.
