Por Didier Eduardo Monsalve Jaramillo

Imagen Tomada de fep.univalle.edu.co
“Los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen como si dijéramos dos veces…Una vez como tragedia y la otra como farsa”. Estas fueron las palabras del filósofo y revolucionario alemán Karl Marx, en su obra El dieciocho brumario de Luis Bonaparte (1852), como una advertencia a todos los revolucionarios de la historia y una invitación a erradicar de forma radical a todos los espíritus del pasado; a las generaciones muertas que oprimen como pesadilla el cerebro de los vivos; pues los riesgos de tomar prestados los nombres, las consignas y los símbolos de los tiempos anteriores es que nos convirtamos en parodias de luchas pasadas. Por eso, añade Marx: “La revolución… debe de dejar que los muertos entierren a sus muertos, para así, cobrar consciencia de su propio contenido”.
Y es que, cuando las nuevas revoluciones son incapaces de crear sus propios imaginarios, sus propias banderas, o sus propios símbolos, terminan por ser meras caricaturas del pasado. Concretamente, Marx está pensando en Luis Bonaparte, líder carismático que supuestamente quería representar al pueblo francés con consignas del pasado, un personaje que cobra fuerza en momentos de polarización social y crisis política, pero no es más que una farsa de su tío Napoleón Bonaparte. Así, el 18 brumario advierte sobre el peligro de acudir temerosamente a los “fantasmas” del pasado, especialmente cuando escasean proyectos políticos innovadores para darle paso a populismos demagógicos surgidos en escenarios de crisis política estructural.
En este mismo error advertido por Marx, cae el hoy precandidato presidencial Juan Manuel Galán, hijo del líder asesinado por Pablo Escobar y fundador del Nuevo Liberalismo, Luis Carlos Galán. Ante la falta de un proyecto político real, que busque nuevas banderas y que solucione los problemas de los diversos sectores sociales del pueblo colombiano (campesinos, obreros, víctimas del conflicto armado, etc.), Juan Manuel Galán decide recurrir a los fantasmas del pasado, apoderarse de las banderas y del partido de su difunto padre para venderse políticamente como la reencarnación de Luis Carlos Galán. En ese intento de emular a su padre, Juan Manuel Galán se convierte en una simple parodia de este último, y es que su trayectoria política se encuentra a kilómetros de distancia de representar las banderas políticas de su padre.
El Nuevo Liberalismo surgió en 1976 como una escisión del Partido Liberal Colombiano, en respuesta a la creciente burocratización interna, el clientelismo, la corrupción y el progresivo abandono de una agenda social reformista. La nueva colectividad se presentó como una alternativa ética y programática frente al desgaste del bipartidismo tradicional.
En ese contexto, Luis Carlos Galán se postuló al Concejo de Bogotá en 1980, donde obtuvo una votación sobresaliente que consolidó su liderazgo emergente. Dos años después, participó en las elecciones presidenciales de 1982 y alcanzó el tercer lugar. Aunque no logró la victoria, su candidatura fue considerada un éxito político, al pasar de ser vista como marginal a convertirse en una opción competitiva y en un referente crítico del sistema bipartidista dominante. Finalmente, sus conflictos con Pablo Escobar y sus luchas contra el narcotráfico lo llevarían a la muerte en agosto 1989, siendo víctima de un atentado que terminaría con su vida y con el proyecto del Nuevo Liberalismo.
Tras el estallido social de 2021, Colombia atravesó uno de los momentos de mayor tensión política y social de las últimas décadas. Las movilizaciones masivas, detonadas por una crisis económica agravada por la pandemia y por el descontento frente a la desigualdad estructural, profundizaron la polarización y evidenciaron el reclamo de amplios sectores populares por reformas de fondo. Ese clima de inconformidad se tradujo, un año después, en la elección de Gustavo Petro como presidente en 2022, un resultado que reconfiguró el mapa político nacional. En este contexto, los hermanos Juan Manuel y Carlos Fernando Galán no se quisieron quedar atrás de la coyuntura política y decidieron refundar el partido de su padre El Nuevo Liberalismo en 2021 y participar no solo en las de 2022, sino también en los comicios regionales de 2023 y en las presidenciales de 2026.
Hoy el panorama de los hermanos Galán, tal como lo señaló Marx, es muestra de que son una terrible parodia de su padre. Desde su inicio electoral en 2022, lograron solamente 2 representantes a la cámara y en las elecciones territoriales de 2023 sumaron solamente 1.55% en la votación general. Su mayor logro fue colocar a Carlos Fernando Galán como alcalde de Bogotá, el cual, por su terrible gestión, pasó de una favorabilidad del 42% al 25% en el último año.
Así mismo, Juan Manuel Galán como presidente del Nuevo Liberalismo se metió en el costal de opositores a las reformas sociales impulsadas por el gobierno de Gustavo Petro. Al tiempo, los hermanos Galán se han aliado con partidos como Cambio Radical, Partido de la U y el Centro Democrático, que están lejos de representar los valores de su padre y de lo que representó el Nuevo Liberalismo de los años 80s. Actualmente, a Juan Manuel Galán le tocó aliarse con el partido Mira y Decentes para lograr el umbral del 3%, así como participar en la Consulta por Colombia, en donde se encuentran candidatos que provienen de las elites políticas y tradicionales de este país, como Paloma Valencia, Mauricio Cárdenas, Enrique Peñalosa, Juan Carlos Pinzón, David Luna, Vicky Dávila y Aníbal Gaviria, candidatos que se han empeñado no solo en criticar al gobierno Petro, sino también en oponerse a reformas indispensables para los diversos sectores sociales como la reforma laboral, la reforma pensional y la reforma a la salud.
Con el asesinato de Luis Carlos Galán la historia del Nuevo Liberalismo se tornó en Tragedia. Hoy, ante la incapacidad de los hermanos Galán de proponer soluciones originales a la crisis social y política, repiten la historia del Nuevo Liberalismo como una farsa, convirtiéndose ambos en malas parodias de su padre. Ambos deberían dejar morir de manera definitiva el proyecto del Nuevo Liberalismo, y construir una identidad política propia, con nuevos símbolos y propuestas acordes al presente, evitando apoyarse en consignas del pasado que no logran representar con coherencia y que podrían terminar erosionando el legado ético y político que dejó Luis Carlos Galán.
