De lo que dicen los caminos de agua

Por Jhonny Zeta

Una amplia red de caminos se ramifica por el territorio colombiano, ninguna mano humana los trazó ni los construyó, pero fluyen inmemoriales, testigos y responsables de la exuberancia en flora y fauna que nos catapulta como potencia mundial en esas lides.

De curvas pronunciadas y estrechas, de pendientes rápidas y fieras, de lento tráfico o calzadas generosas que permiten la entrada y la salida de sueños materiales y culturales, así son los ríos, caminos de agua, generosos y terribles para la sed del hombre.

El Yuma, Karacalí o Arlí, una autopista de 25 millones de años

Nombrado así por diferentes culturas indígenas, el Río Grande de la Magdalena atraviesa de sur a norte el país, es nuestra gran autopista natural. Del Huila a Barranquilla recorre 1540 km, comunicado culturas, sosteniendo una economía pesquera, ganadera y agrícola de valles fértiles que han hecho florecer civilizaciones y pueblos.

No es el más largo ni el más caudaloso de Colombia, pero atraviesa 11 departamentos y 728 municipios en donde se calcula que vive el 80 % de la población del país y se genera el 85 % del PIB; por eso se considera la principal arteria fluvial de Colombia.

Los embalses de Betania y El Quimbo represan sus aguas tempranas en el departamento del Huila, desde Honda el río ya es navegable y en adelante recibe muchos afluentes o aportantes como los ríos Sogamoso y Cauca, los cuales tampoco se pueden considerar ríos libres. Esto hace que los flujos de fauna, especialmente de peces, se hayan visto interrumpidos con el represamiento de sus aguas.

Por otro lado, la deforestación, la minería y la contaminación del gran Yuma han aumentado los procesos de sedimentación y erosión; además, la expansión de la frontera agrícola, el vertimiento de agroquímicos y agrotóxicos han generado un fuerte impacto, sumado a los desbordamientos y fuertes inundaciones en las temporadas de invierno.

Como suelen decir los ribereños de este importante camino de agua: El río da, pero cuando no le devolvemos o le robamos él también nos quita.

El maná ribereño

Llegó el maná ribereño / El que consuma mi sueño / Me pone alegre en enero / Me deja triste en abril. (cumbia), Gabriel Romero y su orquesta.

Entre enero y marzo de cada año, grandes cantidades de peces remontan el río Magdalena para reproducirse en ciénagas y afluentes, este fenómeno natural es conocido como la subienda. Los pescadores y habitantes del Magdalena Medio festejan este año, cuentan que desde hace por lo menos 20 años no se veía una subienda tan buena.

Se estima que el Magdalena alberga 290 especies de peces, entre las cuales sobresale El bocachico (Prochilodus magdalenae), especie endémica, los bagres y barbudos, la picuda y la dorada, entre otros.

Canoas de madera y fibra lamen las orillas del embarcadero en Puerto Berrío, curiosos y compradores de ojos alertas se acercan, descienden los pescadores pregonando su fruto: A 10, a 15, a 30 aprovechen que nos vamos. Sartas de bocachicos, nicuros, doradas y bagres son trofeos que cambian de manos en un instante. Nadie sospecha que el Yuma también cobrará pronto lo que la mano sedienta del hombre le ha arrebatado.

Las canoas no dan abasto, cargan combustible, parten y regresan repletas de pescado. El problema es otro, no hay suficiente hielo en el pueblo para mantener fresco el pescado o conservarlo. Aguas arriba, a la altura de Honda, mandatarios y lugareños denuncian que no están dejando subir el pescado grande, que la pesca con chinchorras es ilegal, que para que se respete el tallaje mínimo se debe garantizar que no se hagan barridos con ese tipo de redes aguas abajo.

En 1978 se recogían casi 64.000 toneladas de pescado, durante los últimos años el promedio de capturas por año apenas alcanza las 10.000. El bagre rayado se encuentra en peligro de extinción y se han tenido que implementar vedas para intentar cuidarlo.

Desde Antioquia se han hecho repoblamientos de bochachico en varios puntos estratégicos, liberando hasta 820.00 alevinos, pero los grandes problemas siguen intactos, tocando el fondo que todo el mundo conoce, que todo el mundo ignora.

El bocachico es astuto / Como que sabe escribir / Él sabe el día que llega / Y cuando debe partir. Me pone alegre en enero / Me deja triste en abril.

Abono: Testigo y víctima de la modernidad, el Magdalena les ha visto llegar, desde las primeras canoas, piraguas, champañas y vapores, hasta buques repletos de mercancías y maquinarias; testigo y víctima, les mira, como quien sentencia la sed terca, un precio demasiado alto que todos conocen, que todos ignoran.

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