Por Rubén Darío Zapata

Foto: Tomada de anroca.com.ar
Bajé con mucha expectativa al Homecenter del centro comercial Los Molino. Tenía la esperanza, y la urgencia, de que al otro día, sábado, los trabajadores me dejaran instalado el mesón en la terraza y no tuviera que buscar a alguien más después de que ellos terminaran la obra. El día había sido caluroso, pero la tarde estaba fresca y despejada, con una especie de brisa que alegraba el alma. Además, había encontrado en la página de Homecenter que el lavaplatos sencillo que estaba buscando se encontraba disponible en la sede de Los Molinos; así que todo pintaba para un cierre de semana perfecto.
Tuve que buscar la ayuda de una vendedora, porque el bendito lavaplatos no se veía por ninguna parte en los estantes. Yo lo buscaba de una sola salida para la llave de agua y todos los que veía tenían al menos tres, acondicionados también para agua caliente.
- Al parecer –me explicó la vendedora después de revisar en el sistema-, el lavaplatos no se encuentra aquí. Pero si quiere lo podemos pedir de otra sede. Aquí aparece disponibilidad en la sede de la 65 o en Bello.
- ¿Y cómo sería el asunto? –pregunté esperanzado.
- Es muy sencillo. Si usted quiere lo separamos de una vez desde aquí y ya usted decide si va por él o espera que se lo lleven.
- ¿Y si me lo llevan, cuándo lo estarían entregando?
- Mañana en el transcurso del día.
No me entusiasmó esa opción. Al otro día era sábado y si no me lo llevaban en el transcurso de ese día, que era muy probable, ya tendría que esperar hasta el martes, pues el lunes era día de fiesta y no tenían servicio de domicilio. Así que me decidí arrimar hasta la sede de la 65 y recoger el aparato yo mismo; eran las cinco y media de la tarde, así que aún tenía tiempo. Para asegurarme compré allí mismo, en Los Molinos, la grifería específica para el lavaplatos que debía recoger en la 65.
Tuve que esperar casi una hora al pie de la ventanilla donde se entregaban los productos comprados por internet. La chica que atendía intentaba de vez en cuando apaciguar mi mal humor diciéndome que ya lo estaban buscando en el almacén. Al final apareció otro joven que parecía tenerlo todo bajo control y me dijo con aplomo que ese lavaplatos no lo tenían allí.
-¿Pero cómo es posible que me vendieran algo que no tenían? –gruñí energúmeno ya.
-Yo lo entiendo señor –respondió el otro tratando de hacerse dueño de la situación-. Pero es que encontrar en el sistema que existe una unidad en el almacén no es garantía de nada. Eso realmente se sabe cuándo uno lo encuentra allí.
Eso me sacó de casillas.
-No señor, si el sistema me dice que aquí está el artículo y si además una vendedora me lo vende, la empresa tiene que responderme por él.
-Yo lo entiendo señor –volvió el tipo a su frasecita de cajón para desarmarme. Pero me alebrestó más.
-Yo no necesito que usted me entienda. Necesito que me responda por la compra que hice.
-Vea señor, hagamos una cosa- dijo el joven sin dejarse desacomodar de su rol-. Si quiere vuelva a almacén y si encuentra un lavaplatos parecido yo se lo entrego, aunque sea más caro.
Esa proposición me sacó el paisa que llevo dentro. Sonreí y me alegré mientras caminaba rumbo al almacén con la idea de que podía llevarme algo más caro y vengarme así, aunque fuera un poco, de tanta incomodidad pasada de cuenta de la mala operatividad de aquella plataforma. Pero fue una vana ilusión. Lo más cercano a lo que yo quería era el lavaplatos de tres salidas y la verdad es que ya a aquellas alturas yo podía conformarme con él. Pero resulta que tenía que comprar la grifería aparte, después de que ya había comprado una para el otro lavaplatos.
Me di por vencido. Estaba anocheciendo, y estaba agotado y la indignación me agobiaba más todavía. Respiré profundo y acepté con resignación que el lavaplatos no quedaría instalado al otro día. Que el mundo iba al ritmo de otras urgencias distintas a las mías. Regresé a la taquilla para pedir que me devolvieran el dinero.
- Claro señor – me dijo amablemente la chica-. Yo lo dejo anotado aquí y en dos minutos puede pasar a la taquilla del lado para que le hagan la devolución.
- ¿Pero no necesito la factura? –pregunté, recordando que el otro chico se había quedado con el documento que entregué para la búsqueda.
- No, señor, con el número de documento le entregan el dinero.
Me atendió un niño malcriado que ni siquiera se dignó mirarme a la cara.
-¿Su correo es gloriam@gmail.com?- preguntó después de que buscó en el sistema con mi número de documento.
-No señor –dije y le deletreé mi correo.
– Entonces tiene que actualizar sus datos porque aquí aparece ese correo y está registrado a nombre de Gloría María Peña.
-Ni idea de quien es Gloria María –dije fastidiado-. Y ya le dí el número del documento y me dijeron que con eso me hacía la devolución.
-Yo no puedo hacerle la devolución porque aquí está registrado con otros datos y debe actualizarlos antes.
-Qué lógica cabe en que y esté registrado con un nombre de una mujer que no conozco y su correo. Tiene que ser un error del sistema. Es más, yo no recuerdo haberme registrado nunca.
-En todo caso, si no actualiza la información no se le puede hacer la devolución –sentenció el otro como exigiéndome que no le hiciera perder más su tiempo tan valioso.
-Entonces actualicemos esa mierda que mi tiempo también vale.
-Lo tiene que hacer usted desde su celular.
-Qué mierda –me reiteré en la indignación coprológica-. No me salga ahora con esto.
Hubo una discusión fastidiosa para los que estaban detrás de mí en la fila, y tal vez por atención a ellos el chico malcriado aceptó hacer la actualización. Pero aun así no me podía hacer la devolución.
-La devolución solo se le puede hacer por lo menos cinco días hábiles después de la actualización. De hecho, espere que le llegue al correo el mensaje de que la actualización ha sido aprobada y ahí sí puede ir al almacén a pedir la devolución.
“Ya qué carajos”, me dije. Había terminado por resignarme a que lo mejor aquella tarde era olvidarme del asunto y salir de allí rápido a ver si no me pasaba algo más indignante.
Eso sucedió la primera semana de diciembre de 2025. A inicios de abril de 2026 todavía estoy esperando el correo de actualización de mis datos en el registro de Homecenter para poder reclamar mis moneditas. Creía que aquellas cosas solo podían pasar en Tigo, Movistar o en EPM, Pero obviamente me equivocaba, cada vez es más extenso el territorio de Macondo en el mundo corporativo.
