Por Esteban Mazuera

En la foto: Gilberto Martínez Arango, Fundador de la Casa del Teatro, Tomada de kioskoteatral.com
Corría el año 2019. Salía de clase en la UdeA y me encontré con un grupo de amigas departiendo en una de las mesitas del bloque 12. Fui por un tinto y me uní al grupo. Entre tintos y risas, filosofía y vida, escuché por primera vez de Casa del Teatro. Para el tiempo en que conocí el lugar, el teatro ya hacía parte de mis días. Comenzó con el grito rebelde de Prometeo atrapado en un peñasco en el Cáucaso y la tragedia griega. Con Platón y Sócrates en Atenas y su atención a las formas de la sociedad de la época, sus preguntas e incertidumbres. Con un grupo de estudiantes de décimo grado retratando la violencia del barrio y comedias que mezclaban filosofía y humor. Como espectador en los teatros del centro de la ciudad y leyendo a Calderón de la Barca, Camus y Sartre.
Y así un día toque a su puerta.
Elegir los materiales
Todo tejido debe saber elegir los materiales con los que será elaborado. Conocí a Casa del Teatro; lo hice a través de un grupo llamado Átropos, como una de las Moiras de la mitología griega. Formado por Daniela Castaño nació como un proyecto de prácticas y continúo con su impulso y tomando nuevas formas a través de los años, pero siempre con el Teatro como su punto de partida.
Átropos ha sido ese material con el cual se ha tejido mi habitar la Casa del Teatro.
Con Átropos nació una complicidad mezclada entre teatro, teoría y vino. En incontables tardes – noches que hemos compartido, se han tocado y abierto muchas puertas a distintos mundos y realidades. La tragedia griega se fue fundiendo con las realidades colombianas. Lo trágico ya no nos hablaba de las familias reales, sino de la muerte que toma lugar en nuestro territorio, en nuestros pueblos.
Tejido base
Gilberto Martínez fue un médico cardiólogo, docente de medicina y artes escénicas, director, dramaturgo y actor. Fundador de la Casa del Teatro con otros colegas hace ya casi 40 años, en 1987.
El Maestro Gilberto fue ese puente que pudimos tender entre el estudio de la tragedia griega, el teatro y el teatro colombiano. Autor prolífico entre teoría y drama. Escribió, entre otras formas, teatro documental, que se basa en hechos históricos, que parten de investigaciones judiciales o periodísticas.
Con estas características tiene obras como Aquí se ensaya Antígona, en que toma este mito y a su protagonista de fuerza inusitada para hablarnos de la eterna violencia contra las mujeres y de cómo son las primeras en ser señaladas culpables por las faltas de los hombres y los demás. Quince Puñaladas y una en la yugular que fue mortal, el drama de una familia y un hijo que no acepta que su madre pueda conseguir un nuevo amor mientras de fondo, y tal vez como ese paisaje que nos han querido imponer, sucede la masacre de El Salado, una de las masacres más violentas cometidas por los grupos paramilitares en el departamento. Y no quiero dejar de mencionar a Zarpazo, la historia de cómo quisieron esconder el asesinato de Fernando Barrientos en la UdeA en 1973, obra censurada no solo en Colombia, sino también en Argentina cuando quiso ser lleva a escena.
Puertas abiertas
La Casa del Teatro ha sido la puerta para distintos grupos y proyectos. Actualmente es conocida como la casa de los estrenos, porque sus puertas están abiertas para los grupos sin sala, para los estudiantes y grupos que visitan la ciudad, sean locales o extranjeros, como lo han sido grupos de Brasil y España.
Mientras comparto con Átropos, he sido cómplice de mundos inagotables en su sala de teatro, he aprendido a través de talleres sobre luces, de actuación con maestros de Cuba, he podido ver que la casa es habitada por distintos grupos que han tocado a su puerta y les han abierto las puertas a los mundos posibles.
En abril La Casa cierra el mes con la Semana de la Danza. Una semana para habitar el cuerpo más que las palabras.
Vecindario
La Casa del Teatro y Biblioteca Gilberto Martínez cuenta con una colección de más de once mil títulos, en distintos formatos, donada por el maestro en 2002. Esta colección es una de las más completas del país y sigue en crecimiento. En los últimos años se han añadido nuevos títulos de dramaturgos emergentes de la ciudad y que buscan reconciliar la memoria de una ciudad herida y víctima de la violencia urbana.
Altavista 1996 (2021), de Daniel Baena. Nos cuenta la historia de la masacre ocurrida en esta localidad perpetrada por agentes del Estado. Los muertos no eran los que buscaban, eran otras personas que se encontraban en un billar. Violencia urbana, narcotráfico y paramilitarismo. Una obra construida a raíz de los testimonios de los que quedaron, de sus madres, de sus familias y amigos. El día del estreno en el teatro Jairo Alberto Valencia de Altavista estuvieron presentes las madres de las víctimas.
También Mateo Rendón, con Teatro La Parla y sus dos nuevos libros Teatro Quirófano (2026), un manual práctico de cómo han tejido su proceso, y Nubes en escena (2026), una selección de algunas de sus obras. En abril tuvieron su último estreno en la Casa. Para amarte necesito una canoa. Nacida de una escuela de teatro popular, La Parla dialoga con comunidades del Alto Baudo Chocoano. También realizan trabajo con las comunidades carcelarias, especialmente con las masculinas. Mateo Rendón y La Parla buscan, a través del teatro, resignificar las realidades que nos han atravesado y dar un paso más allá de la violencia.
La biblioteca es un vecindario de muchas puertas esperando a ser tocadas. La sala del teatro es un vecindario de muchos mundos. La Casa es la casa de todos. Toca su puerta, visita la biblioteca, tómate un café, una cerveza y espera por las tres campanadas.
