Paro del 17 de marzo, justo y necesario

Por Álvaro Lopera

17 la huelga
Obra: “La manifestación”, Antonio Berni

Terminamos un año 2015 con múltiples problemas a bordo: una Guajira con una gran hambruna, una devaluación nunca antes vista, de más del 60%, una inflación mayor del 5%, un déficit de cuenta corriente superior al 7% del PIB; una caída del 40% de las exportaciones, un aumento del salario mínimo demasiado pequeño, una situación carcelaria infernal, en donde los presos políticos y sociales son tratados más con políticas de vindicta que de resocialización, y un reposicionamiento del paramilitarismo, allí donde la insurgencia ha ido replegándose.

El “premio de consolación” es la potencial firma de los acuerdos de paz de La Habana el próximo 23 de marzo, el cual tampoco está definido, puesto que un no en las urnas tiraría por el suelo tres años de negociación.

Causas detonantes

Trina Chavarría, secretaria de la CUT Antioquia, asegura que “este paro es justo y necesario y debe ser preparatorio del Gran Paro Cívico Nacional. Todas las centrales obreras reactivaron el comando de paro uni- tario ante la gran cantidad de medidas antipopulares del gobierno”. Y una de ellas fue el golpe al bolsillo de los más pobres con el aumento pírrico del salario mínimo, 7%, contra un IPC promedio de 6,77%, que para los más pobres fue de 7,4%, más 4 puntos perdidos en los últimos cuatro años. O sea, no hubo aumento real ni actualización del salario.

Ante lo anterior, la CUT en el inicio de las conversaciones tripartitas -gobierno, patrones y trabajadores- de fin de año sobre salario mínimo había solicitado un aumento del 12%. Al final triunfó la presión patronal y dejaron a millones de familias con un aumento ridículo al que prácti- camente se tragaron las alzas de enero. “A todo ello se suman acciones profundamente lesivas, como la venta de Isagen, dejando al país sin sobe- ranía energética y con un aumento de impuestos en ciernes, en tanto ya no entrarían a las arcas públicas más de 400 mil millones que giraba esta empresa, una de las más rentables del Estado”.

La situación económica empeora por los bajos precios del petróleo, pero más que por ello por el direccionamiento de las exportaciones. Estas fueron planeadas estratégicamente con base en los combustibles fósiles -representan casi el 67% de ellas-, a pesar de que antes que se impusiera el TLC nos habían asegurado que ahora sí había llegado el tiempo de las exportaciones a Estados Unidos. No solo no se iniciaron en firme, sino que se acrecentaron las importaciones de alimentos hasta alcanzar los 12 millones de toneladas.

La devaluación ha afectado seriamente la economía nacional, pues no solo se han encarecido los alimentos, sino también las materias primas que requiere la industria nacional para producir y exportar. Una devaluación del 60% en un año, una de las más altas del mundo, no puede sino ocasio- nar grandes desastres de producción y consumo, y por ende una situación económica inflacionaria que no puede controlarse solo con altas tasas de interés bancarias.

De acuerdo con Trina, el gobierno va a intentar taponar el hueco fiscal con el aumento de los servicios públicos, excusándose en el “fenómeno climático del Niño”; con la reforma pensional que llevaría a una retención nueva del 11% y a una igualación de la edad de jubilación de la mujer con la del hombre, según requerimientos de la OCDE; seguiría con el aumento del IVA hasta el 19% y una ampliación de la base tributaria, en tanto este año ya presentarían declaración de renta quienes devenguen más de 1,5 millones mensuales. Súmese también el proyecto de ventas de todas las licoreras del país y de Ecopetrol, con el desfalco abordo de Reficar por más de 5.000 millones de dólares.

La preparación

Las anteriores son razones suficientes para que el comando de paro unitario cuente también con la participación del Polo Democrático, la Alianza Verde, la Unión Patriótica, Alianza Social Indígena, Congreso de los Pueblos, Dignidades Agropecuarias, Fecode, USO y otras más, sumando casi 40 organizaciones nacionales. En todo el país se están lle- vando a efecto marchas y concentraciones convocadas por organizaciones juveniles, como la realizada el 25 de febrero, que se ha destacado por la convocatoria a partir de las redes sociales. También el gremio de los trans- portadores (ACC-ATC-AMT-CCT), tan afectado por los altos precios de los combustibles y los altos peajes -en Colombia la tarifa de los peajes es una de las más altas del planeta- acompañaría el paro del 17 de marzo.

Enoris Serna, dirigente popular de San Carlos, Antioquia, quien par- ticipó en el debate que hubo en la comuna de Belén sobre los acuerdos de La Habana, el día 27 de febrero, y quien pertenece a la “red de los resistentes”, o sea al tejido de aquellos que no salieron de sus tierras ante la embestida de los guerreristas, aseguró que todo el Oriente antioqueño está casi aislado ante el eventual paro, en tanto el Estado ha impulsado allí una política no solo de apaciguamiento, sino también de cooptación de voluntades. “No veo por ninguna parte preparación alguna”, fueron sus palabras.

Manuel Restrepo, presidente de la junta de acción comunal de Belén, y convocante de dicho debate, afirma que no ve posible un paro exitoso cuando las bases barriales aún no están citadas ni se están preparando para ello. Da a entender que se ha burocratizado demasiado la citación y que se tendría que apurar el paso para llevar al pueblo el llamado de las Cen- trales y las organizaciones políticas en tan corto tiempo. “Las centrales y organizaciones convocantes aún no se dejan ver en los barrios”.

Con todo, Clara Navarro, militante del Frente Amplio por la paz, y licenciada en Literatura, asegura que tal vez este paro va a ser el trampolín del Gran Paro Nacional. “Este es el año de la movilización, como lo están llamando todas las organizaciones sociales y políticas; es coyuntural para la paz y para la exigencia de la derogatoria de muchas medidas guberna- mentales que están atropellando ferozmente al pueblo”.

A pesar de las múltiples apreciaciones y de la organización asimétrica del paro, vamos a ver una movilización nacional este 17 de marzo con sobradas razones, la misma que va a poner a prueba uno de los acuerdos críticos de La Habana: el respeto del Estado por la protesta social.

 

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