Grupo Empresarial Peldar: La lógica del capital aplasta la lógica de la vida

Eran 243 trabajadores que laboraban en Peldar, Envigado, con un sindicato nacional que había alcanzado importantes logros económicos y laborales en muchos años de lucha. Los avatares de la relocalización de esta seccional de Peldar que pasó a Zipaquirá y que favorece a la multinacional ‘Grupo Empresarial Peldar’, de capital norteamericano –sede Owens, Illinois- ha dejado en la incertidumbre a decenas de familias y ha puesto a la subdirectiva del sindicato contra la pared al obligarla a marcharse a casa sin permitirle laborar en la nueva sede.

Peldar, Envigado – Tomada de Telemedellín

Por Álvaro Lopera

¿Qué es Peldar?

Esta multinacional, fundada en 1949 fue fundada en Caldas, Antioquia y cuyo presidente mundial es el ingeniero mecánico antioqueño Andrés López, la componen, en Colombia, otras empresas llamadas Industrial de Materias Primas, que es la que provee la arena con la que se fabrica el vidrio; Vidriería Fenicia, que elabora envases finos, y Cristar SAS, en Buga, pero el centro productivo es ahora Zipaquirá. En el año 2000 el capital norteamericano se apoderó de la empresa, a través de una multinacional que elabora el 30% de los envases de vidrio que se producen en el mundo y es un monopolio en Colombia.

Situación actual

Además del número de trabajadores arriba especificados, había 78 empleados administrativos que recibían los beneficios de las convenciones logradas por la lucha obrera, 46 de los cuales fueron reubicados en el Centro Comercial Viva, de Envigado, en el piso 11, el cual compró la empresa por un valor de US$1 millón, y 32 fueron trasladados. De los 243 obreros, 43 de ellos tenían contrato a término fijo y por tanto fueron cesados a rajatabla. Los otros 200 fueron lentamente desgranándose con propuestas patronales, por una indemnización en apariencia generosa, pero no para aquellos que están lejos de pensionarse.

Las cosas quedaron así: Uno fue despedido, 2 se pensionaron, 96 arreglaron -5 de ellos dirigentes sindicales- y 93 viajaron a Zipaquirá (46 de ellos con su familia), con todo lo que representa mover la base de una ciudad a otra en los aspectos concernientes a cultura, habitación y economía. De los ocho directivos sindicales que quedaron, 6 fueron enviados a sus casas y 2, que son aliados patronales, fueron sostenidos como personal laborante. De los 96 que negociaron con la empresa, 43 no quedaron en malas condiciones, pues pactaron el adelanto de la pensión con la seguridad social incluida. Los otros 53 quedaron atrapados en el embeleco del “buen arreglo”, pero en pocos años se verán empobrecidos y sin empleo puesto que 60 o 350 millones se convierten, en esta sociedad de consumo, en dinero de bolsillo, máxime que la DIAN se queda casi con el 33% de la liquidación en impuesto de renta.

Con los directivos sindicales que resisten, la empresa procedió duramente al prohibirles trabajar en Zipaquirá y pagarles el salario básico, así los condenó al aislamiento y a una pérdida dineraria importante de cerca del 25% de sus ingresos. Es decir, pretende “ablandarlos” para que negocien y así poder desprestigiarlos con los trabajadores. Lo anterior, como es previsible, conlleva a daños sicosociales en tanto como seres que han tenido relaciones laborales y políticas con la base obrera desde hace muchos años, la desmoralización que produce ese estado “neutro” de no hacer nada útil puede llevar a un gran estrés depresivo.

¿Por qué la relocalización?

Pablo Castaño, dirigente sindical de la subdirectiva de Envigado, explica con palabras sencillas: “Todo es un tema económico. La ganancia la mejora la multinacional haciendo estos movimientos al concentrar en Cundinamarca, donde tiene la mayoría de negocios, a los trabajadores antiguos y nuevos cuyas contrataciones serían a término fijo, lo que en buen romance equivale a aumentar la extracción de plusvalía.

Otro asunto para tener en cuenta es que allí ya empezó a trabajar el nuevo horno, lo que significa que el nivel de producción se recuperó con menos mano de obra y peor remunerada; además tienen generación de energía y agua a discreción”. Y termina diciendo: “Las multinacionales compran mercado y optimizan procesos para dar paso a una explotación brutal del obrero. Es lo que llamo la carnicería del capital”.

Al disminuir la afiliación al sindicato, la empresa intenta romper la resistencia, llevándola a cero al cercenar el grupo sindical con pensamiento clasista y, seguramente, al contratar mayoritariamente mano de obra temporal pueden crear otros sindicatos patronales, tal como lo hizo en su momento Enka de Colombia.

Los terrenos de Envigado, valorados en cerca de US$90 millones, serán vendidos para proyectos viales e inmobiliarios, ayudando ello a engrosar las arcas de la empresa con capital de trabajo. El uso estratégico de todos estos recursos de capital se manifiesta en la compra de varias empresas en otros países de Suramérica –Bolivia, Argentina y México-, lo que conllevará a la ampliación del mercado del vidrio en un mundo en donde el plástico está siendo seriamente cuestionado por las consecuencias ambientales nefastas que su uso acarrea.

¿Qué sigue?

Pablo se queja del pobre papel que ha cumplido la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), pues solo acude cuando se le convoca y no dirige nada por iniciativa propia. Considera de vital importancia que todo conflicto se enfrente con el criterio de la unidad de acción sin protagonismos personales y una clara unidad de criterios, pues dice que el capital hace las cosas con gran unidad de clase y muy respaldado por las instituciones del Estado.

Le preocupa seriamente la vulnerabilidad ante las ofertas de dinero que, como espejismos, se le ofrecen al obrero logrando desarmarlo con la ilusión de ser un nuevo emprendedor o de lograr lo que nunca ha podido con su salario.

Aclara que la lucha legal la darán sin pausa, pues la empresa está violando la misma ley burguesa en el caso del fuero sindical, en tanto este existe para evitar discriminaciones laborales con los dirigentes y por ello se tiene que respetar ingreso, representación y liderazgo ante las bases y evitar el cambio de las condiciones de trabajo.

Según Pablo, “requerimos, con carácter de urgencia, de un Centro de Pensamiento Laboral cercano a los trabajadores para analizar y trazar caminos en la perspectiva de enfrentar a ese capital que se camufla de muchas maneras y que engaña aún a vastas capas de los trabajadores y de la población en general”.

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