La Rappi protesta

Tomado de noticomic.com

Por Carlos Gustavo Rengifo Arias

El pasado 4 de julio se presentó en Bogotá una peculiar protesta de al menos 50 repartidores de Rappi. Con arengas y quemando las maletas en donde transportan los productos que se solicitan a domicilio, los trabajadores se quejaban de los bajos ingresos obtenidos por su labor y de no estar afiliados a salud y pensión. Estos repartidores ya habían realizado una protesta similar en octubre de 2018 exigiendo mejoras en sus condiciones de trabajo, situación que está propiciando, al menos en Argentina, el surgimiento de un sindicato de trabajadores.

El Rappi negocio

Rappi es una compañía multinacional de comercio electrónico con sede en Bogotá, fundada por tres colombianos en el año 2015 y está activa en 27 ciudades, en países como Colombia, México, Brasil, Uruguay, Argentina y Chile. Fundada con un capital de 2 millones de dólares, hoy está valorada en 1.000 millones de dólares, cuenta con 1.500 empleados, 25.000 repartidores, 13 millones de usuarios y ha sido una de las plataformas que más rápido llegó a atender 200.000 pedidos diarios. Recientemente un fondo de capitales, que antes invertía en Google y WhatsApp, decidió invertir US $ 200 millones de dólares a favor de la compañía. Por todo esto, en septiembre de 2018, Rappi logró convertirse en el segundo “Unicornio” de Colombia (después de Lifemiles, de Avianca), al hacerse merecedora de la mitológica denominación de Silicon Valley para los emprendimientos tecnológicos, y es considerada el “emprendimiento” más exitoso de Colombia.

Rappi es conocida como el “Uber de las cosas”, y hace parte de las nuevas plataformas tecnológicas que se lucran sirviendo como intermediarios entre comerciantes, clientes y repartidores, al estilo de empresas como Domicilios, Uber Eats, Didi y Beat, entre otros. En entrevista con el periódico Portafolio, Sebastián Rúales, director comercial de Rappi Latam, explicaba que Rappi “es una plataforma que conecta a dos tipos de usuario: un usuario que está dispuesto a hacer un pago por conveniencia a cambio de un producto o servicio, con un usuario que se conecta a la plataforma para atender órdenes con el fin de generar un ingreso”.

En ese sentido, la aplicación funciona como un intermediario, por medio del cual se pueden solicitar los bienes y servicios más variados, desde un domicilio común, pasear mascotas, llevar llaves, pagar cuentas, hasta retirar dinero del banco de un usuario y llevárselo al lugar donde lo necesite, todo en menos de 30 minutos. La compañía insiste en que no son empleadores, y que los “rappitenderos” son “emprendedores independientes que han encontrado en Rappi la posibilidad de tener oportunidades económicas e ingresos extra”, y que “en promedio, un rappitendero se conecta a la aplicación solo 16 horas a la semana y la mayoría de ellos estudia o trabaja en otra actividad”. Por eso el “rappitendero” no tiene contrato laboral, no cumple horarios, no obedece órdenes, no presta servicios exclusivos a la compañía. Por esta razón, Rappi argumenta no estar en la obligación de ofrecer salud ni pensión ni ARL.

¿Emprendimiento o Rappi explotación?

Pero detrás de tan aplaudido “emprendimiento” y su apariencia de intermediario, Rappi es un modelo de negocio que usufructúa los altos niveles de desempleo y subempleo que existen en gran parte de los países latinoamericanos, que obligan  a muchas personas a obtener ingresos por medio de este tipo de aplicaciones para poder subsistir, y esconde el drama de miles de repartidores de Rappi que se quejan de los desiguales ingresos que obtienen por la repartición de los bienes y servicios. Al respecto, la empresa sostiene que “en promedio ganan 4.700 pesos colombianos por pedido (US$1,5). En una hora productiva pueden hacer entre 2 y 3 pedidos. Esto les permite ganar entre 9.500 pesos (US$3) y 14.000 pesos (US$4,40) por hora”. De esta manera un “Rappitendero” podría estar ganándose, según la empresa, más de un salario mínimo legal vigente.

Los “rappitenderos” muestran un panorama menos optimista. Alex Díaz, uno de los manifestantes en la protesta, señalaba para un medio televisivo colombiano, que “Rappi es una empresa de papel que engaña a los usuarios de dicha aplicación, te dicen que ganamos 10 mil pesos por hora, o 5 mil o 6 mil pesos por pedido, pero eso es un embuste, yo he trabajado 4 horas y he ganado 19 mil pesos, y yo trabajo en moto”. Así mismo, Ricardo Díaz, otro manifestante, señalaba que “cuando se cancelan los pedidos no se nos paga por el esfuerzo realizado”.

Los “rappitenderos”, además de no tener contrato laboral ni seguridad social ni vacaciones, deben comprar la maleta y la gorra corporativa, que les puede costar hasta 100 mil pesos en Colombia, asumir el mantenimiento de sus bicicletas y motos, pagar el parqueadero de los mismos cuando no reciben pedidos, y están obligados a atender cualquier pedido, no importa lo lejos que esté. César, un “rappitendero” venezolano que trabaja en Bogotá, manifestaba para la BBC, que “tenemos que aceptar todos los pedidos que recibamos, aunque no nos convengan, porque si no lo hacemos comenzamos a recibir menos e incluso podemos quedar suspendidos unos días… hay veces en que nos conectamos hasta 12 horas diarias para obtener ganancias y cubrir gastos del día”.

La obligación de atender cualquier pedido es lo que se conoce como “Tasa de Captación”. Así es como la plataforma somete a control el desempeño de los “rappitenderos”. Esta forma de control, por parte de la compañía significa una subordinación laboral, y viene estimulando, al menos en Argentina, el deseo de conformar un sindicato que luche por mejores condiciones en la calidad de vida para quienes obtienen ingresos a través de este tipo de plataformas.

En Colombia, Rappi ha venido sosteniendo reuniones con el Ministerio del Trabajo, a las cuales no se ha invitado a los voceros de los “rappitenderos”. Aunque existe la intención por parte del Ministerio de presentar un proyecto de ley para que estos puedan acceder a pensión y salud, Alejandro Galvis, ejecutivo de Rappi, ha dejado claro que un “rappitendero que se conecta en las noches y los fines de semana tiene muchos pedidos que atender, fuera de esos horarios, las ventas fluctúan mucho; por tanto, un modelo de contratación como el que existe ahora no aplica, pues ninguna empresa soportaría tener tantos empleados con largos espacios de baja operación durante el día”.

Por estas condiciones, puede augurarse que la Rappi protesta en América Latina apenas comienza.

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