Recetas neoliberales y protestas sociales en América latina

Mujer indígena protestando en Ecuador, Foto: BBC Mundo

Roger Arias

La panorámica del descontento social en América Latina y el Caribe tiene como eje las recetas del neoliberalismo y las estrategias represivas y desesperadas para contener la movilización social, de un lado, y para alentar la movilización social y golpes de Estado contra gobiernos progresistas, por el otro. En uno u otro caso está claramente la intervención de los EE.UU en las dinámicas políticas nacionales a través de lo que se ha dado en llamar guerra de colores o golpes suaves alentados en las repúblicas de la ex Unión Soviética y que tienen por objeto la movilización social contra gobiernos “autoritarios” como el de Bashar al-Ásad en su momento, el de Chávez y Maduro o, en este instante, el de Evo Morales, para introducir políticas de gobierno más “democráticas y liberales”.

Movilización y manipulación

Moreno, el presidente de Ecuador, en el momento más álgido de las recientes protestas iniciadas por sectores populares y estudiantiles de Quito y reforzadas rápidamente por los indígenas organizados en la CONAIE, no dudó en acusar, en alocución televisiva, al presidente Maduro de Venezuela de estar detrás de las protestas. Igual afirmación realizó el presidente Piñera de Chile recientemente en una búsqueda inútil por desvirtuar las verdaderas razones de la explosión social, que hasta hoy hacen eco en las manifestaciones multitudinarias en las calles de las principales ciudades de este país.

Tales afirmaciones no podrían calificarse siquiera de cínicas, pues revelan con dramatismo la desconexión que encarnan estos dos gobernantes con el dramatismo de la realidad que viven los ciudadanos, y, peor aún, desconocen el nivel de conciencia política que empuja las acciones de resistencia social. No pueden entender estos presidentes, y otros más, que los clichés, otrora tan efectivos para crear un enemigo externo, se desgastan rápidamente por acción de las redes sociales y la forma orgánica en la que se despliega la información en la web.

Tampoco se trata de una “ola bolivariana” como de manera optimista la califica el presidente Maduro. ¿Cuál sería entonces el hilo conductor? o ¿cuál la constante de estas demostraciones ciudadanas de inconformismo? Creemos que se trata de la resistencia ciudadana ante las medidas agresivas del modelo neoliberal, por un lado, y de otro, la incubación de distorsiones políticas y de falsas demandas de democratización como es el caso hoy de las protestas en Bolivia y en su momento las protestas de las guarimbas en Venezuela. En estas últimas se pudo demostrar la injerencia directa de la embajada norteamericana y grupos de ultraderecha colombianos en su asesoramiento y financiación.

Manifestación masiva en Ecuador
Manifestación masiva en Ecuador

Chile y el alza de 30 pesos al pasaje de Metro

Uno de los lemas que en estos momentos corean los ciudadanos chilenos expresa: “No son 30 pesos, son 30 años”, en alusión directa a los sucesivos gobiernos que han apostado por políticas neoliberales de conducción del país con medidas como la privatización del agua y el modelo de privatización de la seguridad social, entre muchas otras. Diversas medidas que han acorralado a la población, al punto de recurrir al endeudamiento para acceder a la canasta básica. También la constatación de la ciudadanía de cómo los parlamentarios que dicen representarlos en la realidad legislan en favor del sistema financiero y, a su vez, hacen pactos para frenar las investigaciones sobre corrupción en el alto nivel del gobierno.

En Ecuador, las consignas de los manifestantes también dejan muy claro que la población comprende las relaciones directas entre la banca multilateral, los banqueros nacionales, las medidas de recorte en el gasto social y el desmonte a los subsidios de los combustibles. Es muy claro para los indígenas de la CONAIE que el desmonte de este subsidio impacta directamente la calidad de vida de los más pobres. Las medidas que indignan a la ciudadanía son solo una de tantas fisuras por las que hace agua el modelo neoliberal en su trayecto desde la década de los 70; justamente en el experimento económico dirigido por los Chicago Boys, con el cual auspiciaron y dirigieron el golpe de Estado que dio Pinochet al gobierno de Salvador Allende y que se vendió al mundo como el modelo de éxito económico a seguir en América Latina.

Efectivamente, el modelo ha sido replicado con “éxito” en todo el continente; de hecho, el modelo de pensiones colombiano es copiado del chileno: no se puede esperar resultados diferentes aplicando idénticas recetas. No es la amenaza comunista, como aún argumentan los defensores del modelo; es la receta neoliberal descargada en los hombros de los ciudadanos lo que causa el descontento y movilización social. El estallido es cuestión de tiempo.

Integrante de carabineros (policía de Chile) y manifestante
Protestas en Chile. Tomada de Perfil.com

Bolivia y las protestas por supuesto fraude electoral

En Bolivia se intentó privatizar el agua cuando la multinacional Bechtel, con ayuda del Banco Mundial, firmó un contrato en el año 2000 con Hugo Banzer, el mismo ex dictador que dio un golpe de Estado en 1971 en Bolivia. Las protestas no se hicieron esperar y alcanzaron tal nivel que la ley 2029, que daba vía a la privatización, tuvo que derogarse y los directivos de la compañía tuvieron que huir clandestinamente del país por temor al linchamiento, no sin antes dejar una estela de muertos, heridos y encarcelados por las protestas sucesivas que se registraron en Cochabamba. Este levantamiento social es recordado popularmente en Bolivia como la guerra del agua.

Ciertamente, Evo Morales, en sus sucesivos gobiernos, ha puesto un freno significativo a las pretensiones de los defensores del modelo de liberación económica. Pero otras fuerzas asociadas a los intereses de las élites bolivianas y supranacionales no han cesado de crear dispositivos de desestabilización como el que en estos momentos se hace evidente en las protestas en contra de su reelección. Al respecto, Morales afirmó recientemente: “Estamos en proceso de golpe de Estado, todo ello con el apoyo de organizaciones internacionales”.

Representantes de la OEA realizan un comunicado sin haber finalizado el conteo largo de la votación en Bolivia

Haití y las resoluciones de Papaye

Protestas menos visibles pero de gran intensidad se libran en estos momentos en Haití, en donde la marginación no tiene límites, y la mediática es una de ellas. La “gran prensa” no ha hecho difusión de las sucesivas manifestaciones de protesta a lo largo de dos años, a pesar de que, solo en febrero pasado, lo muertos ascendían a más de cuarenta y los heridos doblaban esa cifra. El periodista argentino Nico Castelli asegura que “el actual presidente de Haití llegó al cargo en 2016 a través de una elección fraudulenta en la que solo votó el 18% del padrón electoral”. Sin embargo, EE.UU., Canadá, Francia y la Organización de Estados Americanos (OEA) dejaron pasar el escándalo por intereses espurios que comprometen principalmente a la Casa Blanca.

Además de la histórica tragedia humanitaria a la que se ha sometido el pueblo haitiano, lo que se sabes es que la élite delincuencial que encabeza el presidente Jovenel Moïse mantiene una política de puertas abiertas a los proyectos minero energéticos y a las imposiciones del FMI, además de la consolidación de un paraíso fiscal en la isla Gonave, según afirma Castelli. Puede entenderse entonces que los elementos que conforman la crisis de Haití no difieren mucho del recetario neoliberal y las medidas de choque implementadas por Estados autoritarios para frenar su imparable declive.

Asistente a una marcha pacífica en Haití sostiene a sus espaldas la bandera de su país
Asistente a una marcha pacífica en Haití sostiene a sus espaldas la bandera de su país

El énfasis periodístico que las cadenas internacionales difunden se queda en la superficie de los acontecimientos de protesta y violencia de un pueblo que exige la renuncia del presidente Moïse. Pero la realidad es que se trata de una protesta organizada por distintos sectores sociales que han venido consolidando un proceso inédito en su historia reciente y que ha dado como resultado las Resoluciones del Foro Patriótico en Haití – Resolución de Papaye, cuya introducción declara lo siguiente:

“Frente a esta situación de miseria, hambre, inseguridad, desempleo, desesperanza, corrupción y criminalidad que lesiona al país, consideramos que este Foro Patriótico es la oportunidad para unificar a las organizaciones y partidos políticos, consensuar una mirada sobre la situación del país y ofrecer perspectivas de futuro a la población para salir de este impasse en el que nos encontramos. Creemos que es mediante este instrumento que podremos sentar las bases para cambiar la vida de las generaciones futuras”.

Lo que busca la movilización, según se declara en estas resoluciones, es forzar la dimisión inmediata de Jovenel Moïse y los parlamentarios y organizar una Coordinación Nacional para definir un plan detallado sobre las características y responsabilidades del próximo gobierno de transición.

En entrevista con Lautaro Rivara, el intelectual caribeño y dirigente del Foro Patriótico Camille Chalmers explica las causas de las movilizaciones:

“… estamos viviendo desde enero del 2016 un proceso donde el pueblo está recuperando sus capacidades de movilización, donde la gente salió a las calles para denunciar el proceso electoral. Pasamos luego a una movilización muy fuerte contra el presupuesto en el año 2017 que la población llamó “presupuesto criminal”, porque después de la caída del programa Petrocaribe el Estado haitiano entró en una crisis de liquidez muy grave e intentaron hacer una represión fiscal contra las capas populares y la gente se levantó contra eso. A partir de 2018, a raíz de un alza importante de los precios de los combustibles de entre el 35 y el 51 por ciento de aumento, el pueblo se levantó de una manera increíble logrando juntar movilizaciones masivas de calle con bloqueo de carreteras y de la actividad económica del país”.

Marcha multitudinaria y pacífica en Haití
Marcha multitudinaria y pacífica en Haití

Honduras y las protestas exigiendo la renuncia del presidente

Las manifestaciones masivas en Honduras también tienen un largo trayecto que demandan la renuncia del presidente Hernández y el desmonte de medidas económicas que dan plenas garantías a los grandes empresarios y a diversas multinacionales que comprometen al país en contratos que afectan la estabilidad social de las generaciones presentes y futuras.

Las “calidades” de Hernández le han valido innumerables señalamientos que hacen parecer al tirano Somoza como un demócrata. En diciembre de 2017 la ex comisionada de Asuntos Internos de la Policía Nacional, María Luisa Borja, acusó al presidente Juan Orlando Hernández de haber creado, a través del nuevo cuerpo policial-militar, los escuadrones de la muerte, que operan y ejecutan asesinatos, crímenes que han aumentado por el estado de sitio y el toque de queda. Según declaraba entonces la comisionada al portal web de Hispantv: “(Los EE.UU.) no solo suministraban armas a los escuadrones de la muerte, también pagaban las viviendas que servían como casas de seguridad, donde llevaban a las personas y torturaban y ejecutaban y todo esto pagado por la embajada norteamericana”.

Por otra parte, según declaraciones de Rodolfo Oliva Rodríguez, comisionado de la Policía Nacional, la intención principal era impedir, por mandato de los Estados Unidos, la llegada a la presidencia del candidato opositor por la Alianza de Oposición Contra la Dictadura, Salvador Nasralla. Efectivamente, la reelección de Hernández fue tachada de fraude electoral en las elecciones de noviembre de 2017 y. desde entonces, la ciudadanía se ha volcado a las calles en masivas y violentas protestas.

Fuerzas armadas del estado Hondureño desplegadas en respuesta a las movilizaciones

Todas estas movilizaciones demuestran que el neoliberalismo empieza a hacer aguas y que, arrinconados por las políticas dañinas que ha impulsado, los pueblos empiezan a sacudirse y a demandar otras políticas y otro modelo económico y social.

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