“¡Un dieciocho!”, alerta el campanero

Por Betty Ciro

Pintura: Nocturno con figuras, por Juan Noreña

Este es el grito de un muchacho en una de las esquinas del barrio Mesa de Bello, para anunciar a sus compinches que viene la policía. Es que en este barrio es donde se consigue toda clase de sustancias alucinógenas en el municipio de Bello, desde la más sencilla hasta la más sofisticada, desde el bazuco hasta la cocaína rosada. En eso se diferencia el negocio del barrio Mesa al del Tapón o al del Paraíso: en la variedad.

Pero el “dieciocho” se anuncia solo cuando se trata de un policía foráneo, porque la mayoría de las veces la autoridad llega es a cobrar su silencio. En Bello, tanto las autoridades administrativas como la policial conocen dónde, cómo y quiénes manejan el negocio del microtráfico o del gran tráfico; sin embargo, no es su voluntad combatirlos, pues es a los jefes de dichos negocios a quienes les deben los votos que los han llevado a conquistar los cargos a la Alcaldía o al Senado.

Basta recordar apartes de la Sentencia mediante la cual la Corte Suprema de Justicia condenó en 2013 a uno de los hermanos Suárez Mira, Óscar –familia que ha manejado a su antojo el municipio de Bello desde hace más de veinte años– a una condena de ciento ocho meses de prisión, multa de doce mil salarios mínimos legales mensuales vigentes e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas durante el término de duración de la condena, por nexos con los paramilitares:

“Por lo tanto, a pesar de la relativa autonomía de las conductas que se imputan al acusado – entre el concierto para delinquir con grupos de autodefensa y el constreñimiento al elector por parte de organizaciones criminales en el Municipio de Bello -, es posible afirmar que las relaciones con grupos armados al margen de la ley son una constante en las actividades del doctor Suárez Mira, de manera que en ese escenario los acuerdos con alias el “Alemán” y con la estructura paramilitar que dirigía en el Urabá Antioqueño se confirman plenamente, por lo cual se le condenará por el delito de concierto para delinquir, conducta que le fue imputada táctica y jurídicamente en la resolución de acusación”.

También Olga Suárez Mira, quien heredó la votación de su hermano Óscar para aspirar al Senado, fue investigada por la Corte Suprema de Justicia por nexos con los paramilitares.

Pero, mientras que caciques políticos como los Suárez Mira se enriquecen con los dineros que reciben de los grandes narcotraficantes y con las millonarias sumas que perciben como integrantes del Congreso de la República, los jóvenes de su municipio, Bello, que no encuentran ni estudio ni un empleo para sobrevivir y ayudar con el sustento de la familia, terminan de jíbaros o de mulas o de sicarios o de carritos o en cualquier otro “oficio” creado por este flagelo que ha sido caldo de cultivo propicio para la juventud. La misma juventud que ha llegado a poblar o ha nacido en los populosos asentamientos generados por el desplazamiento, fenómeno en el cual Colombia ocupa el deshonroso segundo puesto en el mundo.

A pesar de las adversas condiciones y de la falta de inversión social en el municipio del norte del Valle de Aburrá, cuya población se duplicó en las últimas décadas, han existido momentos no tan trágicos para la juventud. Así lo recuerda Elena, profesora en uno de los colegios de Niquía entre los años 2000 y 2010. En esa década los muchachos de este barrio siempre conquistaban el título de campeones de microfútbol en las distintas categorías: juveniles y mayores, llevándolos a representar al Valle de Aburrá en los juegos departamentales de donde trajeron también título para Bello. Así mismo, en atletismo y en baloncesto han sobresalido las juventudes bellanitas.

No puede dejarse de lado la riqueza de valores artísticos que le han dado a Bello el nombre de Ciudad de los Artistas, riqueza esta que ha actuado como muro de contención entre los problemas asociados al narcotráfico y al paramilitarismo y la posibilidad de los jóvenes de encontrar caminos hacia el crecimiento social y cultural. Desde los grupos culturales ha actuado la resistencia y la denuncia de la clase política que se ha robado las arcas del municipio y que ha impedido la construcción de una sede de la universidad de Antioquia en los terrenos de los antiguos ferrocarriles.

Las luchas que han enfrentado los líderes bellanitas, organizados en comités, han dado frutos. Uno muy importante de los últimos días fue la orden de un juez a EPM para el cierre de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales que tenía propagadas enfermedades y olores nauseabundos entre los habitantes de los barrios Navarra y aledaños.

Para crear y mantener las barreras que eviten que los jóvenes sean creadores de riqueza de los grandes capos del narcotráfico, se requieren oportunidades de educación, deporte y empleo. Mientras que estas no se existan, los jóvenes, hombres y mujeres, o terminan asesinados a temprana edad como ha ocurrido en los últimos años o en las cárceles acusados de “trafico, fabricación o porte de estupefacientes”, engrosando el 13,3% de las personas detenidas actualmente en las cárceles de Colombia. Es que, según las estadísticas del Instituto Penitenciario y Carcelario INPEC, esta es la tercera modalidad de delito después del hurto y del homicidio; sin embargo, la constante es que los titulares de este delito, son en su mayoría, padres o madres que tuvieron que convertirse en mulas con la ilusión de ganarse unos pesos para el sostenimiento de su familia o simplemente jíbaros que se convierten en falsos positivos para que la Policía y el Ejército muestre resultados, y mientras tanto las estructuras criminales del narcotráfico siguen intactas, amasando grandes fortunas, apoyados y auspiciados por los mismos gobernantes.

Terminemos con una frase de la columna de Humberto de la Calle del 21 de junio de 2020, a propósito de la reforma rural: “como dijo un paramilitar, ‘mientras unos mataban, otros compraban y otros legalizaban’”.

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