Doble moral frente a la historia mafiosa de Colombia

Por Luisa Fernanda Ramírez Granada.

Ilustración: Tomada de esdeabogados.com

«Pablo. Primero de diciembre, recuerdo aquellas navidades que compartiste con nosotros, dándonos alegría, amor y maravillosos regalos para que tuviéramos una ‘hermosa navidad’. Por muchos años fuimos a llevarle regalos a los niños de todas las comunas de Medellín, recuerdo sus caras de felicidad y la tuya al ver a los niños sonreír. Tu bondad y generosidad no han sido superados por nadie. Apoyaste a muchas personas humildes para que tuvieran un hogar. Que Dios te tenga en su santa gloria. Gary», «Don Pablo, gracias por su generosidad en mi familia, por haber permitido que tuviéramos un hogar. Dios lo bendiga. Lucero María». Así rezan un par de la veintena de cartas que dejan cada 2 de diciembre en la tumba de Pablo Escobar sus admiradores.

Y aunque aquí eso parece normal, cualquier mención en el exterior sobre nuestra realidad mafiosas es una afrenta que debe combatirse con todo el arsenal disponible: desde insultos en las redes sociales hasta comunicados gubernamentales.

En el certamen de Miss Universo, el 9 de diciembre de 2019, la colombiana Gabriela Táfur le preguntó al comediante Steve Harvey (más conocido en el país por haber nombrado ganadora erróneamente a Ariadna Gutiérrez en 2015) si estaba seguro de no haberse equivocado al invitarla al escenario, y agregó que el país había perdonado su error. Pero el presentador respondió: «El cartel aún no me perdona». El comentario desató indignación, e incluso el actor Andrés Simón le reclamó en inglés en su cuenta de Twitter: «(…) Sorprendente cómo puede ser de ignorante un presentador, te recomiendo abrir un libro de vez en cuando. ¡Chiste fuera de lugar!». Pero ¿qué hallaría Harvey en un libro? ¿Que Colombia exportó el 70 por ciento de la cocaína en el mundo en 2017? ¿Debió abrir el libro antes o después de sus redes sociales, donde lo mencionaban junto con imágenes de Pablo Escobar (interpretado por el actor Andrés Parra) en las que parecía escribir en una libreta el nombre del comediante?

Sin embargo, a lo que el actor se refiere como ignorancia no es exclusividad de Colombia. En la serie estadounidense Modern Family –inicialmente motivo de entusiasmo por contar con Sofía Vergara–, el personaje de Ed O’Neil reprocha a su esposa, interpretada por la barranquillera, que robar tal vez sea legal en Colombia, a lo cual ella responde: «¡Porque en Colombia nos tropezamos con cabras y matamos gente en la calle! ¿Sabes lo ofensivo que es eso? ¡Como si fuéramos peruanos!». Organizaciones de derechos humanos y usuarios en las redes sociales expresaron indignación.

Es esperable que un norteamericano de a pie no diferencie las problemáticas socioculturales de Colombia y Perú, pero tampoco es secreto que en el imaginario de muchos colombianos se estereotipa a peruanos, ecuatorianos y bolivianos como «indios» que viven en la misma situación de pobreza de nuestros campesinos, aunque nos superen en infraestructura, desarrollo humano y educación. En corrupción, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, Colombia ocupó el penúltimo lugar entre 36 países, y en violencia, según el instituto Igrapé de Brasil, la tasa de homicidios en Perú en 2017 fue de 7.8 por 100.000 habitantes, mientras que en Colombia fue de 25.1 por 100.000 habitantes.

Curiosamente, la escena de Modern Family en la cual Sofía Vergara comenta, «no confío en los lagos. De donde vengo es adonde echamos drogas o cadáveres» no produjo mayor alharaca, aunque se tratase de un guionista descuidado que no consultó que lo usual es que aparezcan en ríos para dificultar a las autoridades rastrear su origen.

En esencia, Colombia es una colonia que se enorgullece de que «los antioqueños son europeos en un 80 por ciento» –según un estudio divulgado por Caracol Radio–, que, a diferencia de otros pueblos que abrazan sus raíces, opta por negarlas y deslumbrarse con los espejos del conquistador violador y asesino de indígenas y negros gracias a que, según la periodista que reportó la noticia, con la migración española se fue «blanqueando la población».

Sería más útil que los colombianos dejasen de promocionar sus lugares natales con atractivos como «las mujeres más lindas» (que significan ingresos considerables al negocio de la prostitución en lugares como el Parque Lleras, de Medellín). Tampoco le hacen bien al país los comunicados autocomplacientes como el del promotor de Medellín Luis Guillermo Sosa después de que el hijo de 12 años de Madonna publicase una imagen con el pie de foto: «Cocaine central. Columbia», en referencia a la capital antioqueña. Según el promotor, estos comentarios «no le hace bien a la ciudad, y más en este momento, que fue escogida Medellín como una de las mejores ciudades por medios destacados».

La indignación del promotor que acompañó a la reina del pop durante su estancia en Medellín es comprensible, pero que el exalcalde Federico Gutiérrez acusara al rapero Wiz Khalifa de «sin vergüenza» y hacer «apología al delito» tras la visita del cantante a la tumba de Pablo Escobar y el edificio Mónaco, que fuera residencia del capo, resulta irónico, cuando el mismo exmandatario aceptó que la ciudad aún sufre la «cultura de la ilegalidad» por el narcotráfico. Y con razón. La política de seguridad de Medellín fue catalogada como un show mediático por el Instituto Popular de Capacitación en 2017. Graves violaciones a los derechos humanos (desplazamiento forzado, secuestro, desaparición forzada, extorsión y homicidios) mostraron tendencias al alza desde 2016 y permanecieron «en las más ignominiosas desatención e impunidad», según la Organización de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.

El debate que debe darse es si los foráneos que idolatran a un narcotraficante y asesino sanguinario –que, sin embargo, dio a los más vulnerables derechos básicos que un Estado incompetente no garantizó– deberían ser juzgados por recordar los capítulos más oscuros de la historia del país, cuando aún hay colombianos que le dejan cartas en su tumba con frases como: «Un orgullo para Medellín haberte tenido aquí y haber ayudado a muchas personas. Eres mi ídolo. Emanuel Lara Rodríguez, Gloria Patricia Gutiérrez, César Esquivel Ocampo».

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