Mafiosidad fascista o Ser Siendo Territorios

Por Emmanuel Rozental

Mural: Ariosto Otero Reyes, Monstruos del Fin de Milenio

Como lo señala Ricardo Vargas Meza, el retorno de capitales por el tráfico de cocaína que se produce y exporta equivale al 5% del PIB. El 92% de la cocaína que se vende y consume en el planeta se exporta desde Colombia. Más del 40% de este mercado se encuentra fuera de EEUU, en Europa, Asia, Oceanía y atraviesa África donde aumenta su consumo como en Suramérica. Siendo así, esta mercancía y la marihuana Creep generan los recursos de sustento material, soporte y dinamizador de un orden social mafioso-fascista dominante y en expansión que falsa y equivocadamente se encubre como el negocio oscuro de unas mafias y carteles aislados y amenazantes o son la única fuente de ingresos de sectores campesinos.

El tráfico de tierras facilita el retorno de parte de esas ganancias, que se lavan a través de la especulación que infla su costo, hasta convertirlas en las más caras del mundo, y vincula por todas las vías al agronegocio (palma aceitera, caña de azúcar, ganadería, etc.), al extractivismo transnacional (minería, hidrocarburos), al turismo transnacional y corporativo, armonizando la acumulación legal e ilegal bajo este renovado orden siempre criminal y ahora mafioso-fascista del capitalismo. Élites y gremios de sectores políticos, financieros, poderosos, se benefician participando de los retornos de capitales del narco.

Estos se suman a los de las demás mercancías de la explotación y el expolio de territorios y pueblos convertidos en ganancia acumulada en pocas manos que consolidan ese orden criminal violento. La violencia que requieren para producir, traficar, lavar, protegerse, ofrecer protección y, ante todo, esclavizar y despojar. La economía, la política y el orden social de Colombia gira en torno de un orden global cultural mafioso de acumulación en consolidación. Si no fuera el narcotráfico sería el fracking o la minería o la energía eléctrica, o el mercado privatizado del agua, o la deforestación, o el aguacate Has…

Hacer una campaña política y entrar al Estado, pertenecer a cualquier élite, tomar decisiones, conseguir o no un empleo, generar contenidos, pautas y ganancias en medios comerciales, la moda, la mentalidad pragmática de complicidades que regula nuestras relaciones de amistad, afecto, crianza, educación, salud, trabajo, justicia, conseguir para sobrevivir… todo, responde y es regulado cotidianamente bajo las reglas establecidas del orden mafioso que se auto-sustenta. Nuestras decisiones prácticas imponen naturalizada la mentalidad de la resignación, la sumisión, la conveniencia y la obediencia. Se hace lo que conviene y lo que toca porque así es la vida y punto.

La tierra es nuestra madre y sabe. Todo lo provee. Nos cuida en equilibrio y armonía en movimiento y en la relación de todo lo que en los territorios vive. Somos una especie en su dinámica y movimiento. Vandana Shiva señala: No hay más economía que la Madre Tierra. Ni hay más acumulación material sana y necesaria que la producción y reproducción de la vida. Siendo así, nos corresponde estar reconociendo y ocupando a conciencia como sociedades nuestro lugar en el movimiento y tejido de los territorios-órganos vitales de la Madre Tierra. Ser-siendo territorios. La lucha política anti-capitalista, anti-patriarcal y anti-racista -hoy mafioso-fascista-, por la justicia social y para detener un ecocidio en curso depende de retomar nuestro lugar, de regresar a casa.

Un cambio de gobernante y un orden que distribuya mejor la producción basada en la explotación mercantil de naturaleza y trabajo seguiría sin detener el curso de colisión y colapso que condena la vida toda. Si se deforesta la Amazonía -lo están haciendo con fondos BID Duque y Bolsonaro para detener, supuestamente, la deforestación, pero es en beneficio de mafias del extractivismo-, se secan los ríos voladores y deja de llover en los Andes, en el Continente Suramericano mueren de sed ciudades y campos. El “sistema climático global” sin Amazonía y mientras ésta se incendia, pierde la posibilidad de regular la temperatura y el calentamiento genera una catástrofe que puede detenerse con 19 mil años de saber y hacer de pueblos y selva que están siendo destruidos.

Humanidad revolucionaria tejedora de territorios que le pone fin al antropoceno, al capitalismo, al patriarcado, al orden estatal para el dominio de la vida-muerte-mercancía-ganancia convertida en poder, inequidad y orden mundial, no es una utopía poética ni una opción para debatir entre otras, sino un imperativo inaplazable: nuestra liberación como pueblos-territorio con la Madre Tierra.

El orden mafioso global acelera aquí y ahora el curso de la catástrofe. Multiplica la violencia y la fuerza práctica de la guerra contra la vida en todas partes. Ahora mismo nos exige definirnos con sabiduría frente a la muerte por la vida: somos cómplices por acción y omisión o nos defendemos y liberamos como territorios para vivir. Afirmar esto resulta absurdo e inútil frente a la realidad y sus exigencias. Lo práctico y necesario, para los Estados y las élites y sus ejércitos, es eliminar los excedentes de población, generar e imponer obediencia debida y cumplimiento, garantizar la seguridad de los poderosos y los tráficos en todas sus etapas para mantener a la humanidad convencida de que no hay alternativa. El capo de mafiosos es declarado impune y defendido como víctima mientras ordena y consigue que las tropas obedientes entren a someter los pueblos bajo el orden institucional mafioso o liberal de siempre. El pueblo que se libera enfrenta la “asistencia militar” del régimen ahora mismo.

Sandra Liliana Peña Chocué obedeció como gobernadora el mandato de la asamblea-autoridad del pueblo Nasa de Sa´th Tama Kiwe y organizó la Minga para erradicar la planta sagrada convertida en insumo para el retorno de capitales-tierra-trabajo-mercancía para el orden fascista-mafioso. Lo mismo hicieron antes Edwin Dagua y Cristina Bautista. El fascismo mafioso los asesinó. Uma Kiwe, la Madre Tierra es sagrada y no es mercancía. Cayó la efigie del conquistador asesino: pero no la mentalidad y el orden mafioso. La Minga que es Minga no quiere fuerza pública ni un lugar en el Estado. O somos mercancía y tenemos precio, o somos libres con la Madre Tierra.

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