Buen vivir o estar bien

Por Dúber Mary Restrepo

Imagen tomada de onic.org.co

Introducción

En la sociedad actual se vende la idea de bienestar y felicidad edulcorada con el anhelado reconocimiento y prestigio que dan las redes sociales. Este reconocimiento es efímero por demás, similar al paradójico placer y necesidad adictiva de seguir consumiendo que da el glutamato, utilizado en los alimentos. Sin embargo, la búsqueda de este prestigio ha cobrado fuerza en tanto es útil al modelo neoliberal, en tanto el mercado avanza en el controvertido camino de “generar necesidades” y “satisfacer necesidades”.

La idea de bienestar y felicidad se encuentra íntimamente ligada a las ideas de progreso y desarrollo, entendidas desde dicho modelo económico como “las acciones y la dirección que conduce a mejorar la vida humana mediante el aumento de los bienes y servicios con su correspondiente producción y distribución, puestos a disposición de una sociedad”. Sin embargo, históricamente ello ha implicado pasar por encima de otros seres vivos y del contexto geográfico de aquellos que se encuentran dentro del círculo de dominio de los poderes económicos y políticos internacionales.

Es así que el bienestar social, entendido como el nivel de satisfacción de las necesidades básicas de la sociedad, ya no es suficiente para el modelo económico neoliberal, pues para que las sociedades logren dicha satisfacción hay que profundizar la propia crisis capitalista; paradójicamente este concepto le resulta muy útil al sistema en cuanto idealización de la felicidad, generando insatisfacción y metas aparentemente alcanzables, pero que, como en la fábula del Burro y la Zanahoria: por mucho que las comunidades, en cabeza de sus gobernantes, utilicen sus recursos naturales y culturales para alcanzar el anhelado desarrollo y progreso económico en los parámetros establecidos por los grandes emporios económicos representados por unos cuantos Estados, serán cada vez más profundas las desigualdades en favor de los pequeños poderes locales y en detrimento de las reivindicaciones sociales.

Sumak kawsay

El Buen Vivir o Sumak Kawsay surge como constructo en la década de los 90, en el contexto del movimiento llamado socialismo del siglo XXI; es una propuesta de paradigma alternativo al de desarrollo que plantea el sistema capitalista. Ha sido ampliamente difundido por organizaciones socialistas e indigenistas y está inspirado en el pensamiento y estilo de vida de los pueblos originarios del Abya Yala (América). El término Sumak Kawsay, por consenso desde esa propuesta, ha sido cargado de significación político–económica, encontrándose de esa manera específica incluido en las constituciones de Ecuador y Bolivia.

Cada pueblo originario tiene en su propia lengua materna un término específico para referirse a una cosmovisión o filosofía de vida que, según los estudiosos de estas lenguas, hace referencia a una vida en plenitud que solo es posible desde una relación armoniosa entre lo material y espiritual, la comunidad y el entorno ecológico, reflejándose en el estar bien. El ser humano se configura como ser social a partir de lo colectivo, de la reciprocidad y del respeto por la naturaleza; todo ello trae consigo unos principios y comportamientos cimentados en el acervo lingüístico propio, cargado de significado y de sentido, de manera que posibilita la movilización de estas comunidades para revindicar derechos sobre los territorios comunitarios, sus saberes ancestrales y culturales.

Ubuntu

Desde la cosmovisión y lengua de la etnia africana bantú, proviene la voz Ubuntuque designa cierto estado de armonía o bienestar entre las personas y su entorno; es un estado emocional y material, que emerge de las múltiples relaciones de un sistema. Como dice Edgar Moran en su Teoría del pensamiento complejo y los sistemas complejos, no es la sumatoria de las partes o manifestación individual de ellas, es algo más que trasciende el todo; por lo tanto, no se puede ubicar o identificar en un aspecto.

El concepto Ubuntu es utilizado por las comunidades afrodescendientes del Cauca, Ecuador y Bolivia, para configurar las actuales rutas de trabajo institucionales desde la llamada política del Buen Vivir. Tiene puntos de encuentro y aporta al concepto de Sumak Kawsay en tanto filosofía de vida que se fundamenta en el “no se puede existir de forma aislada y lo que hacemos afecta a todo el mundo”. Así enriquece la propuesta del buen vivir con sus propias versiones de futuro desde una apuesta de proyecto cultural y político plasmada en principios fundamentales, resultado del proceso de construcción colectiva, particularmente de las mujeres afrodescendientes que se movilizan por el cuidado de la vida y los territorios ancestrales al margen de la colonización y racionalidad económica.

Esta propuesta ha sido recogida, en gran parte, en el artículo “Luchas del buen vivir por las mujeres negras del Alto Cauca”, realizado por Charo Mina Rojas, Marilyn Machado Mosquera, Patricia Botero y Arturo Escobar. Según estos autores, “la vida como bien común tiene que pasar primero por el principio de libertad que implica un empoderamiento del tiempo-espacio, uno de los cuales es el cuerpo, que es atravesado por el género, la raza, la clase y extendido a los cuerpos comunitarios en su diversidad de formaciones imaginarias, discursivas y simbólicas”. Esta afirmación lleva a reflexionar sobre el buen vivir desde múltiples aristas, y nos lanza el reto de fortalecer otras formas de resistencia que desnuden esas categorías económicas de progreso- desarrollo que parecieran realidades inevitables.

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