Máximo Jiménez In Memoriam (1949 – 2021)

Por José Abelardo Díaz Jaramillo

Foto tomada de colombia informa

El pasado 28 de noviembre falleció, en la ciudad de Montería, el cantautor de música vallenata Máximo Jiménez Hernández. Su deceso se produjo a la edad de setenta y dos años, luego de permanecer internado varios días en una clínica por problemas de salud. El nombre de Máximo Jiménez aparece vinculado a la historia de las luchas agrarias que se registraron en la costa norte de Colombia en los años setentas, las cuales el artista recreó, en sus distintas facetas, en composiciones musicales que dignificaron a los sectores campesinos.

Miembro de una humilde familia ligada al campo, Máximo se vinculó a la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos y apoyó, como fue consigna en esa época, la tesis de que la tierra debía estar en manos de quien la cultivaba. Al calor de la agitación social que se registraba en las zonas rurales del norte del país, Máximo se acercó a los procesos de educación popular que promovió el sociólogo Orlando Fals Borda en Córdoba junto a la Fundación La Rosca, en los que también tomaron parte escritores como David Sánchez Juliao. La participación de Máximo Jiménez en aquella experiencia de educación popular se plasmó en su música, a la que accedió por herencia de su padre y su abuelo, destacados percusionistas.

Desde muy joven Máximo aprendió a ejecutar el acordeón y a cantar letras de estirpe rebelde que exaltaban las penurias de los campesinos y su papel en la transformación social. Grabó algunas producciones con canciones que se constituyeron en símbolos revolucionarios que le granjearon un reconocimiento a nivel regional, como fue el caso de El indio sinuano, de la autoría de Sánchez Juliao. Entre las distintas canciones que se popularizaron en la voz de Máximo Jiménez, se destacan “Usted Señor Presidente”, “La confesión del terrateniente”, “Hombre pobre”, “Pentagrama”, “Niño campesino”, “Préstame tu lanza”, “Concierto” y “El Burro Leñero”, que, en clara alusión a las gestas de los campesinos sin tierra, dice en una de sus estrofas:

“Algún día tendré potrero, Dónde comer por montón Así lo dice mi dueño en una organización Adelante compañeros, ¡Viva la Revolución! Ni hippie ni nada de eso Yo soy un burro leñero que a veces me ponen preso O me botan de un potrero”.

En la presentación de La herramienta del pobre, una de las producciones musicales en formato de vinilo de Máximo Jiménez, se haya registrada la siguiente descripción del significado social del artista popular: “Pocos artistas colombianos como Máximo Jiménez han logrado interpretar a través del folklor los sentimientos y vivencias del pueblo trabajador, lo cual no es casual sino que es el resultado de una práctica social y política, la que ha hecho de este artista de humilde extracción popular el fiel interprete de los sectores populares donde quiera que su música sea escuchada, y este pueblo complacido por sus cantares le ha expresado en sus presentaciones sus simpatías con aplausos llenos de aprecio por el artista sinuano. Su voz, que es la voz del pueblo que sufre, que acompañada de las notas rítmicas y melodiosas de su acordeón en sus interpretaciones resalta y embellece la lucha diaria de un pueblo que vive y siente su música. Para tan significado logro el artista sin apoyo del gran capital y por encima de todas las talanqueras que se ponen a los artistas populares logra triunfar y poner a consideración del publico este nuevo trabajo, que con su mensaje de profundo contenido social y político representa una diáfana muestra de comunicación del arte garantizada”.

La aceptación popular de que gozó su música animó a Máximo Jiménez a participar en dos ocasiones en el afamado festival vallenato de Valledupar, motivado, seguramente, por hacer presencia en un escenario que ya se configuraba como un bastión cultural de la élite terrateniente local y regional. Fiel a sus convicciones políticas, Máximo interpretó canciones que se referían a un pueblo laborioso que era sometido a la explotación y la humillación.

Precisamente, en 1974, en la modalidad de conjunto aficionado, Máximo Jiménez interpretó las canciones “El burro leñero”, “Productores de algodón” y “Usted señor presidente”, ésta última un reclamo a Alfonso López Michelsen, en ese momento primer mandatario de la nación, y quien hacía parte del jurado en el certamen musical. Una estrofa de la canción señala:

“Usted señor presidente si está de acuerdo que se acaben los campesinos de su nación si sabe que es un esfuerzo que están haciendo para no morir de hambre con su opresión y manda su gente armada sin corazón pa’ que vean correr la sangre de un hombre nuevo”.

En 1977 Máximo Jiménez volvió a participar en el festival vallenato, teniendo la opción, según lo registra Orlando Fals Borda en su libro Historia doble de la cosa, de ser consagrado como Rey Vallenato.

La música rebelde que interpretó Máximo le ocasionó problemas de seguridad, justo en un momento de la historia nacional en que el paramilitarismo se consolidaba como una maquinaria de muerte al servicio de las élites terratenientes. En efecto, Máximo recibió amenazas de muerte en no pocas ocasiones, lo que determinó su salida del país rumbo a Europa en 1989. Por esos años, un hermano suyo había sido asesinado y un familiar fue desaparecido.

Pese a la condición de exiliado, y sin importar la distancia física y la ausencia de su gente, el compositor sinuano logró grabar varias producciones musicales en el viejo continente. A su regreso a Colombia, y sin haber renunciado a su sensibilidad por las causas populares, Máximo continuó interpretando sus viejas y nuevas composiciones, a pesar de los quebrantos de salud que fueron mermando sus fuerzas y que, finalmente, precipitaron su deceso.

A raíz de la desaparición física de Máximo Jiménez, es necesario resaltar la importancia de su música como un testimonio de época que evidencia los reclamos que los sectores pobres del campo impulsaron en la costa norte, que dieron origen a una de las más grandes movilizaciones populares en la historia colombiana del siglo XX. También es pertinente destacar su música como un ejemplo de la construcción de contrahegemonía, al calor de la lucha política por la transformación social del país.

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