Cien años de Frantz Fanon: legado y resistencia poética desde el afecto

Por Jhon Jairo Lozada

Ilustración tomada de Lanzas y letras

Este 2025 celebramos el centenario del nacimiento de Frantz Fanon (1925-1961), una de las voces más potentes y radicales del pensamiento descolonial. El pensador de Martinica marcó un hito en las luchas revolucionarias y anticolonialistas del siglo XX. Su influencia en los movimientos independentistas y liberacionistas en América Latina, el Caribe y África de los años 60’s y 70’s fue notable. Con destacados aportes en la psiquiatría, la filosofía y la teoría política, hizo significativas contribuciones, tanto a la indagación del impacto de los procesos coloniales en la constitución psíquica y la comprensión ontológica del sujeto colonizado, como a la exploración de apuestas descolonizadoras, revolucionarias y emancipatorias de los pueblos que cargan con este yugo. 

Recordar a Fanon no es un simple acto de homenaje, es un desafío a la necesidad de mantener viva una lucha que no cesa: la lucha por la emancipación del ser, contra las estructuras de opresión que siguen marcando las proyecciones de mundo y determinando las condiciones estructurales de organización desigual y excluyente de la sociedad. Su pensamiento no solo develó las formas de violencias ocultas del colonialismo, sino que propuso también recursos profundamente humanos y poéticos de resistir: desde el cuerpo, el afecto y la transformación radical de la existencia. Hoy más que nunca, su voz resuena en los territorios que aún enfrentan las lógicas de despojo, olvido, racialización y patriarcado, que el colonialismo dejó como herencia persistente.

Fanon comprendió que el colonialismo no se limitaba a saquear territorios, al ejercicio de la acción militar violenta o a imponer gobiernos: opera en las fibras más íntimas (ontológicas) del ser humano. A través de diferentes apuestas conceptuales e interpretativas, anticipó la idea de que la opresión colonial dejaba una huella profunda en el inconsciente de los pueblos colonizados: Ser colonizado significa habitar una “zona de no-ser”, una región árida y despojada donde la dignidad es sistemáticamente negada. Es allí donde el sujeto colonizado experimenta un sentimiento de “inexistencia”. La violencia colonial no solo destruye cuerpos: disuelve afectos, quiebra horizontes de sentido, desfigura la posibilidad misma de imaginar otro mundo. Al autor antillano nos enseñó que resistir esta violencia no podía reducirse a reformas jurídicas (de reconocimiento, por ejemplo) o cambios políticos instrumentalizadores: requería una revolución profunda en las formas de sentir, pensar y habitar el mundo.

Uno de los grandes aportes de este autor fue mostrar que esta negación ontológica (no-ser) no podía superarse simplemente mediante la asimilación al mundo del colonizador: el sujeto colonizado no alcanza su emancipación imitando al amo ni adoptando su sistema de valores. Como Fanon mismo denunció, el negro que intenta “blanquearse” no hace sino profundizar su alienación. La liberación auténtica, entonces, exige un trabajo mucho más radical: rehacer el ser desde sus raíces, reconectar con una dimensión afectiva de la existencia capaz de romper los esquemas (epidérmicos) impuestos por el orden colonial.

Para Fanon, la vida es combate interminable. Luchar es existir. Pero esta lucha no es únicamente un enfrentamiento físico o económico: es también una resistencia poética, un proceso de re-existencia que nace del cuerpo, del dolor compartido, de las grietas abiertas en la historia. Desde el trauma de la negritud impuesta (el abismo), Fanon nos convoca a un trabajo poético de reconstrucción del ser, un movimiento de sentir-pensar que sea capaz de abrir mundos otros, más allá de la matriz colonial del ser. Esta poética de la resistencia no se limita al lenguaje de la denuncia o de la teoría crítica (por ejemplo, a manera de una historia de víctimas); es una estética encarnada, una sensibilidad cultivada en el cuerpo herido que, sin embargo, se niega a morir. Resistir, en este sentido, es un acto profundamente creativo: es poetizar nuevas formas de vida en medio de la devastación.

Frente a las promesas fallidas de la historia universal eurocéntrica —esas narrativas que relegaban (infantilizaban-racializaban) a los pueblos colonizados a simples etapas de tránsito hacia un progreso ajeno—, Fanon sostuvo la necesidad de pensar la emancipación como creación abierta, sin garantías. Para este autor, la tarea del movimiento liberacionista no debe esperar un reconocimiento del mundo del colonizador, sino crear nuevas formas de existencia política, afectiva y social desde el propio sufrimiento y deseo de transformación.

Esta dimensión poética de la resistencia es, quizá, uno de los legados más fecundos de Fanon. Comprender que la lucha decolonial es también un acto poético, un gesto afectivo, implica reconocer que toda transformación radical debe comenzar por los cuerpos heridos, los afectos desgarrados, las sensibilidades vulneradas. La revolución no es solo estrategia política o toma de poder: es también la reconstrucción amorosa de mundos rotos, el rescate del sentir como acto creador y liberador. La resistencia poética desde el afecto no busca adornar la lucha, sino sostenerla, darle carne, ritmo y respiración. En palabras del filósofo Lewis Gordon, el pensamiento de Fanon es una “fenomenología de la carne desgarrada”, donde la poesía no es un lujo, sino una necesidad política.

Desde esta perspectiva, la lucha decolonial no es únicamente una confrontación de intereses económicos o geopolíticos; es una batalla por los modos de sentir, por los mapas emocionales, por las memorias corporales que el colonialismo ha intentado borrar o domesticar. Fanon nos llama a politizar el afecto, a convertir el dolor en fuerza de creación colectiva, a forjar un nosotros no a partir de la identidad impuesta, sino del deseo compartido de otra existencia posible.

A cien años de su nacimiento, el pensamiento de Fanon conserva toda su fuerza rebelde, emancipatoria. En un tiempo marcado por la intensificación del racismo, la misoginia, el neocolonialismo y la devastación ambiental, su llamado a descolonizar el ser sigue siendo apremiante. Hoy, más que nunca, necesitamos leer y escuchar a Fanon para caminar de la mano de su plegaria fundamental: “¡Oh cuerpo mío, haz siempre de mí un hombre que interroga!”. La resistencia poética desde el afecto que él nos enseñó es, todavía, una tarea urgente. Es la tarea de re-existir, de politizar la vida cotidiana, donde la dignidad no sea una excepción, sino la regla. Es reconocer que el dolor no debe ser domesticado, sino transformado en potencia liberadora. Fanon no nos dejó un manual ni una fórmula. Nos dejó algo más difícil, pero infinitamente más poderoso: el llamado a reinventarnos como seres humanos libres en medio de las ruinas del poder colonial. Hoy, en su centenario, hacemos eco de su voz: la descolonización es creación de hombres nuevos, pero también creación de nuevos afectos, nuevas memorias y formas sensibles de existencia.

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