Rosario Castellanos – Poesía

Meditación en el umbral

No, no es la solución
tirarse bajo un tren como la Ana de Tolstoy
ni apurar el arsénico de Madame Bovary
ni aguardar en los páramos de Ávila la visita
del ángel con venablo
antes de liarse el manto a la cabeza
y comenzar a actuar.
Ni concluir las leyes geométricas, contando
las vigas de la celda de castigo
como lo hizo Sor Juana. No es la solución
escribir, mientras llegan las visitas,
en la sala de estar de la familia Austen
ni encerrarse en el ático
de alguna residencia de la Nueva Inglaterra
y soñar, con la Biblia de los Dickinson,
debajo de una almohada de soltera.

Debe haber otro modo que no se llame Safo
ni Mesalina ni María Egipciaca
ni Magdalena ni Clemencia Isaura.

Otro modo de ser humano y libre.

Otro modo de ser.

Presencia

Algún día lo sabré. Este cuerpo que ha sido
mi albergue, mi prisión, mi hospital, es mi tumba.

Esto que uní alrededor de un ansia,
de un dolor, de un recuerdo,
desertará buscando el agua, la hoja,
la espora original y aun lo inerte y la piedra.

Este nudo que fui (de cóleras,
traiciones, esperanzas,
vislumbres repentinos, abandonos,
hambres, gritos de miedo y desamparo
y alegría fulgiendo en las tinieblas
y palabras y amor y amor y amores)
lo cortarán los años.

Nadie verá la destrucción. Ninguno
recogerá la página inconclusa.
Entre el puñado de actos
dispersos, aventados al azar, no habrá uno
al que pongan aparte como a perla preciosa.
Y sin embargo, hermano, amante, hijo,
amigo, antepasado,
no hay soledad, no hay muerte
aunque yo olvide y aunque yo me acabe.

Hombre, donde tú estás, donde tú vives
permaneceremos todos.

Accidente

Temí… no el gran amor.

Fui inmunizada a tiempo y para siempre con un beso anacrónico
y la entrega ficticia
-capaz de simular hasta el rechazo- y por el juramento, que no

es más retórico porque no es más solemne.

No, no temí la pira que me consumiría sino el cerillo mal prendido y esta ampolla que entorpece la mano con que escribo.

Rosario Castellanos. Ciudad de México, 1925 – Tel Aviv,1974. Escritora, docente, periodista y diplomática mexicana.

La poesía opone siempre a la muerte estéril vidas posibles, soles alimentados de esencia perenne. Detrás y delante de la puerta de hierro, ventana afuera con risa, flor, pájaro y madrugada aguarda otro modo de ser.

Improbable resulta que la vida de Rosario Castellanos, una de las mujeres más prolíficas en las letras de Nuestramérica, encontrara final a razón de “Electrocución probable”, sentencia dictaminada por los médicos de aquel agosto de 1974, en esa ciudad capital del oriente lejano donde Caín y Abel son uno solo.

Obra poética: Trayectoria del polvo (1948); Apuntes para una declaración de fe (1948); De la vigilia estéril (1950); El rescate del mundo (1952); Presentación al templo (1952); Poemas 1953-1955, (1957); Al pie de la letra (1959); Salomé y Judith (1959); Lívida luz (1960); Materia memorable (1960); Poesía no eres tú: obra poética, 1948-1971, (1972).

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