A 50 AÑOS DEL GOLPE DE ESTADO CONTRA ALLENDE

Comité de Redacción de la Escuela Popular Betsabé Espinal

Edificio La Moneda, ardiendo tras el bombardeo liderado por Augusto Pinochet que el 11 de septiembre de 1973 puso fin al gobierno del presidente Salvador Allende, Fuente: Getty images

El 11 de septiembre de 1973, encabezada por el general Augusto Pinochet, la ultraderecha chilena bajo la dirección de la CIA y el Pentágono, dio un golpe de Estado al gobierno de la Unidad Popular presidido por Salvador Allende. Tres años antes había concluido el mandato del democristiano Eduardo Frei, al servicio incondicional de los intereses de los monopolios que acumularon millonadas a expensas de las masas, desde control de la producción estratégica de la industria y otras fuentes de rentas: energía eléctrica, transporte (ferroviario, aéreo y marítimo), comunicaciones, banca privada, seguros, minería (cobre, salitre, yodo, hierro, carbón, petróleo, gas licuado), siderurgia, cemento, petroquímica, celulosa y papel, entre muchos otros renglones de la economía.

El infame bombardeo a la Casa de la Moneda fue dirigido por el laureado Premio Nobel de la Paz Henry Kissinger, canciller y presidente del Consejo de Seguridad de los Estados Unidos. Así, a sangre y fuego, se puso fin al intento de materializar un programa de organización del poder popular que pretendía reestructurar el aparato de Estado, construir una nueva economía basada en las nacionalizaciones, impulsar una mayor producción de las empresas incorporadas al Área de Propiedad Social, mediante una reforma agraria,  la “redistribución del ingreso”, la unificación del sistema nacional de la educación, una política exterior soberana y la extensión de beneficios de seguridad social a los trabajadores “eventuales”. Todo esto se entendía como la construcción del socialismo “por vía pacífica” mientras, en el país austral, todo estaba signado por la agudización de la lucha de clases.

El Partido Nacional, el Demócrata Radical, el Demócrata Cristiano, la Coalición Demócrata Cristiana y el movimiento fascista “Patria y Libertad” (cuya organización fue iniciada el 5 de septiembre de 1970, un día luego de las elecciones que llevaron a Allende a la Casa de la Moneda), eran no solo la representación, sino un poderoso instrumento de las clases y de la alianza de clases de los opresores explotadores con los que éstos concentraban las múltiples aristas del poder.

En la otra orilla del régimen estaba la Unidad Popular, que integraban los Partidos Comunista, Socialista, el Radical, el Social Demócrata, la Acción Popular Independiente, el MAPU (Movimiento de Acción Popular Unitaria) y la Unión Socialista Popular.

El MIR apoyó la candidatura de Allende, pero advirtió sobre las ilusiones de ganar el poder por la “vía pacífica” y se mantuvo fuera de la Unidad Popular: en su Declaración de Principios en 1965 planteó que “habrá que destruir la superestructura burguesa, instaurar un gobierno revolucionario de obreros y campesinos, que siente de inmediato las bases para la construcción del socialismo”. También el Partido Comunista Revolucionario- PCR, fundado en 1965, en su revista teórica Causa m-l planteó que “la clase obrera no puede tomar simultáneamente el aparato del Estado burgués y ponerlo en marcha para sus propios fines”.  A lo cual agregaba: “Para construir el socialismo, no basta con que los medios de producción estén en manos del Estado: en primer lugar, es necesario que el Estado esté en manos del proletariado”.

La Junta Militar procedió a desnacionalizar todo lo que Allende había nacionalizado y a privatizarlo todo para lograr “eficiencia productiva”, eliminando los controles de precios para hacer del mercado el “mecanismo básico de la distribución del ingreso”. Hizo que el Estado asumiera la deuda de los empresarios privados, al tiempo que reducía sus impuestos e incentivaba para estos las nuevas inversiones en el sector agrario, el crédito barato y renegociación de deudas.  Como dijera GABO: la Junta Militar vendió el país al capital privado y a las transnacionales, mientras derrochaba con artículos de lujo y obras públicas ornamentales, presentando todo esto como “el milagro chileno”.

Los gobiernos que siguieron a la dictadura militar, todos desde el marco del capitalismo, han desplegado “democracias de baja intensidad”, con modelos neoliberales y proimperialistas de fondo. Todo, bajo la estrategia corporativa de la “guerra de baja intensidad” como forma del llamado “fascismo social y dependiente”. 

De 1990 a 1994 y de este año hasta el 2000, gobernó en Chile la Democracia Cristiana con Patricio Aylwin y Eduardo Frei, sucedidos por Ricardo Lagos del “Partido por la democracia” (2000 a 2006),  la “socialista” Michelle Bachelet que presidió el país de 2006 a 2010. Luego el “independiente” Sebastián Piñera, seguido por M. Bachelet (2014- 2018).  Volvió Piñera (de 2018 a 2022), siendo reemplazado, luego del estallido social, por Gabriel Boric, a nombre de la “Convergencia Social”.

Enseñanzas

Al margen de la institucionalidad vigente, se conformaron (en 1972) Cordones industriales, Comités coordinadores de lucha, Comandos comunales, cuya tarea era construir poder proletario: mediante la organización obrera y popular como medio principal para arrancar poder de la burguesía y construir el camino al socialismo por la vía de la lucha de clases, implementando formas de lucha como la toma de caminos e industrias. Era claro el objetivo:  la creación de la base local de un poder popular. El Partido Socialista y el MIR impulsaron los Consejos Comunales de Trabajadores para unificar las luchas directas, como las de Maipú.

A estas formas organizativas y formas de luchaligaron las formas de construcción de un nuevo poder: mediante la democracia directa, la dirección obrera en la producción, de la distribución, la alianza de clases explotadas y demandas de una nueva institucionalidad, con articulaciones intersindicales en la Comuna.  Este fue el proceso truncado por el golpe militar con el asesinato de más de 30 mil chilenos, incluido el cantautor Víctor Jara, para posibilitar la imposición del “modelo neoliberal” en muchos lugares del mundo, y concretar el “experimento” para otros golpes de Estado como el de 1976 contra el pueblo chino que construía el socialismo en tiempos de Mao…y de Pinochet.

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