Socialista y probablemente usted también

Por Aníbal Pineda Canabal

Ilustración: Carlos Rengifo

“El socialismo ha fracasado dondequiera que se ha intentado. Es una ideología empobrecedora puesto que destruye la economía de los países. Además, aúpa el odio de clases y vuelve imposible el progreso. En suma, se trata tan solo de ideales muy bonitos pero inaplicables en la realidad”. Así va la verborrea reaccionaria cundiendo por todos lados en la fachósfera. ¿Y qué es la fachósfera? La plataforma ideal de difusión de las ideas de las extremas derechas en el mundo a través de internet. Allí no es necesario mayor fundamento discursivo, sino promover la respuesta emocional no reflexiva y el reforzamiento permanente de los prejuicios. Por desgracia, frente al socialismo, muchos suelen y prefieren vivir en una pasmosa ignorancia acerca del objeto de su enconado odio. No solo no se conoce aquello de que se habla o a lo que se le teme; el problema es que tampoco se quiere conocer y se prefiere su imagen deformada. La raíz del odio es el prejuicio, no el conocimiento.

Pero, ¿qué es en realidad el socialismo? La palabra conoce una larga historia y varios sentidos: designa una tendencia política, un sistema económico o el nombre particular de algún partido socialista en concreto: PSOE en España, PSI en Italia, por ejemplo. Como tendencia política, el socialismo constituye, principalmente, el conjunto de fuerzas políticas progresistas que abogan por un cambio social que favorezca las condiciones de vida de las clases menos favorecidas. En sentido amplio, las izquierdas son socialistas, incluso si no se reconocen a sí mismas como tales. Este es, a mi juicio, el sentido principal cuya legitimidad es negada por medio de una asociación apresurada con experiencias políticas totalitarias.

Como sistema económico, en la terminología de Lenin más que de Marx, se refiere a una sociedad de transición en la que, gracias a la socialización de los medios de producción de la riqueza y la abolición de la propiedad privada, se busca alcanzar una sociedad comunista: sin clases y donde el Estado ha dejado de existir. Por último, como partido concreto suele designar, sobre todo para nuestra derecha criolla, a aquellos movimientos menos exitosos en política social y económica, el coco que nos amenaza y del que debemos defendernos permanentemente. En sentido polémico resulta así más efectivo asociar el socialismo al Partido Socialista Unido de Venezuela, que a los partidos socialistas que gobiernan Bélgica, Dinamarca, Noruega, Finlandia o Suecia. Especialmente rentable para las ideas de algunos resulta circunscribir las ideas socialistas al experimento histórico, en muchos aspectos fallido por demás, que tuvo lugar durante el siglo XX en lo que se llamó la Unión Soviética.

Se desconoce así que el socialismo es heredero de una larga tradición, imposible de limitar a los cerca de setenta años que van del triunfo de la Revolución Rusa a la caída del Muro de Berlín o a la experiencia particular de cualquier país latinoamericano. En realidad, el socialismo está formado por una diversidad de corrientes y luchas a lo largo de la historia, al punto de que muchos de sus odiadores simpatizan, en realidad, con sus causas y están incluso dispuestos a luchar por ellas.

Frente a la defensa que la sociedad burguesa hizo del individuo y de sus libertades, ya por los años de la Revolución Francesa surgieron tendencias que preconizaban la importancia del colectivo y del interés de las masas por sobre el interés de los sujetos individuales. Bien pronto aparecieron, a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, las palabras comunismo y socialismo, que insistían en la comunidad y buscaban llevar cada vez más lejos las reivindicaciones de libertad, igualdad y fraternidad. El usó acabó consagrando ambas palabras como sinónimas y no fue sino tras la Tercera Internacional cuando se empezó a distinguir una de otra, bajo el influjo del leninismo.

Parece ser que fueron los saint-simonianos, seguidores del pensador francés Henri de Saint-Simon, los primeros en llamarse a sí mismos socialistas. Estos constituían una especie de secta que abogaba por un reordenamiento de la sociedad bajo el liderazgo, sobre todo, de técnicos e ingenieros. Poco a poco, el nombre fue adoptado por una gran cantidad de movimientos que iban desde las sociedades de beneficencia y las sociedades protectoras de animales hasta el sindicalismo, el anarquismo y, en general, el movimiento obrero.

El primer socialismo se expresaba en reformas simples: los niños no deben trabajar; los hombres y las mujeres deben tener igual remuneración; no se debe exigir al obrero más de ocho horas diarias de trabajo; todo trabajador debe tener por lo menos un día de descanso a la semana, así como seguro médico que cuide su salud y le asegure el salario si se enferma, vacaciones pagas, etc. Más tarde el socialismo abrazó reivindicaciones que tampoco nos resultan desconocidas: el derecho al voto para la mujer, así como la posibilidad de decidir sobre sus cuerpos; la prohibición de discriminación racial o por la orientación sexual; una política en favor del Medio Ambiente; la lucha por la descolonización y el antiimperialismo; la renta básica universal; el impuesto progresivo, especialmente aquel con que se grava a las grandes fortunas; apoyo a luchas barriales, populares y campesinas y, en general, diversas formas de resistencia anticapitalista.

Esta noble herencia socialista no se resume, como pretende la reacción, únicamente en el Gulag (los campos de trabajos forzados donde se castigaba a los opositores al gobierno de la URSS), sino que sigue floreciendo como empeño por una sociedad reconciliada donde todos tengamos un lugar y podamos, en libertad, desplegar al máximo nuestras capacidades. Esa idea imbatible y esa lucha noble han estado presentes desde antiguo, y va sonando la hora de que en Colombia podamos decir de nuevo, sin complejos: aquí estamos quienes queremos una sociedad en donde cada uno produzca según sus capacidades y reciba según sus necesidades; aquí estamos los socialistas.

Un comentario en “Socialista y probablemente usted también

  1. ¡Qué buena explicación! Especialmente para la gente que «en defensa» de la SOCIEDAD, se encoleriza con EL SOCIALISMO. La ignorancia no solo es atrevida …

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