Thomas Sankara (el “Che Guevara africano”) y su Burkina Faso (Patria de hombres íntegros)

Por Álvaro Lopera

Homenaje a Thomas Sankara en la Casa de la Memoria (lugar donde fue asesinado). La foto fue tomada de dataurgente.com

Parodiando a Marx en el Manifiesto Comunista, un fantasma recorre el Sur Global: las luchas anticoloniales y el empeño por un nuevo orden mundial, ajeno al orden basado en reglas que sueña imponer a perpetuidad el imperialismo del Norte Global. Aparte del Medio Oriente, con Palestina a la cabeza, África se ha destacado por el encabezamiento de estas luchas que parecen interminables, desde el mismo momento en que la ONU reconoció el derecho a la independencia de las naciones en manos de potencias coloniales, por allá en los años 60 del siglo pasado.

Paradójicamente, en África se encuentra el país más desigual del mundo: Sudáfrica. A sabiendas que este fue el país que lideró Nelson Mandela para desterrar el apartheid del régimen colonial blanco. Ese continente de 54 naciones hijas del colonialismo europeo, atraviesa por una situación compleja en tanto en sus 30 millones de kilómetros cuadrados, y con los casi 1400 millones de personas no alcanzan un PIB superior a US$2,4 billones. Esto es, casi todos esos países producen, compran y venden bienes y servicios en una proporción similar a Brasil, un país de solo 8,4 millones de kilómetros cuadrados y 212 millones de personas. El nuevo informe de Oxfam sobre desigualdad y poder corporativo global, revela que los siete hombres más ricos de África tienen más riqueza (52 mil millones de dólares) que los 700 millones de personas que componen la mitad más pobre de la población del continente.

Todo lo anterior se construyó en la nueva etapa del neocolonialismo, legado de ese colonialismo que no cesa. Es decir, si bien no se encuentran enclaves coloniales típicos del siglo XIX, sí vemos al capital extranjero hacer de las suyas junto a las oligarquías que el viejo colonialismo dejó administrando después de que la ONU ordenara recoger las banderas de saqueo y opresión. República Democrática del Congo, y su eterna guerra del coltán; Sudán, y la guerra que lleva en su haber millones de muertos y desplazados; y los convenientes grupos terroristas Al-qaeda, Estado Islámico, Grupo de Apoyo al Islam, etc., exportados por Europa a las regiones donde requieren expoliar los bienes comunes africanos, son muestras palmarias de que ese legado negativo está ahí y que la rebelión iniciada desde la misma alborada independentista de los años 60 no ha terminado.

Thomas Sankara: un asesinato con perfume francés

En Francia todavía ondea la bandera azul, blanca y roja, pero es solo un trapo que recuerda que alguna vez hubo allí una revolución popular que cortó las cabezas de Luis XVI y su consorte en búsqueda de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Ese trapo que aún flamea en el África subsahariana, especialmente en la región del Sahel, se pavonea hasta con la moneda, el franco africano, que permanece como vestigio colonial.

El 4 de agosto de 1983, un joven militar marxista de solo 33 años, Thomas Sankara, se hizo con el poder después de dar un golpe de Estado en nombre del pueblo que lo apoyó para hacerlo y deponiendo al presidente militar (golpista anterior) Jean-Baptiste Ouédraogo, quien también había derrocado al anterior líder golpista, Saye Zerbo. Es decir, Burkina Faso había vivido en carne propia el arte del golpe militar incruento, solo que en el caso de Thomas Sankara, el golpista Blaise Compaoré, su cercano amigo de formación y de sueños, su vicepresidente, lo mandó a asesinar el 15 de octubre de 1987 con el apoyo del gobierno francés del “socialista” François Mitterrand, un anticomunista visceral que se alineó con Margaret Thatcher y Ronald Reagan para acelerar el derrumbe de la Unión Soviética.

Sankara murió desarmado al lado de 11 de sus colaboradores del gabinete gubernamental cuando llegaron las hordas de Compaoré y los ametrallaron sin compasión. La rutina de todos los jueves era que se reunían a trabajar sin armas porque hacían ejercicio físico antes de empezar, cosa que aprovecharon los conspiradores. Actualmente, Compaoré está condenado a cadena perpetua, pero se encuentra exiliado en Costa de Marfil desde que fue depuesto en 2014.

El héroe popular anticolonialista y antiimperialista

Sankara había nacido el 21 de diciembre de 1949, en el país que la potencia colonial había bautizado Alto Volta. Se formó en ciencias sociales, agricultura y estrategia militar en el ejército, y después, en la década de los años 70, al viajar a Madagascar a un curso militar, se encontró con las ideas marxistas leninistas y conoció detalles de la vida de Ernesto Guevara, quedando atrapado por las ideas de libertad y socialismo, y convirtiéndose en gran amigo de la revolución cubana. Hizo parte de una organización conocida como Oficiales Comunistas.

El 4 de agosto de 1983, Sankara, junto a otros militares, lideró la denominada Revolución Democrática y Popular de la mano del pueblo. Como presidente del país, cambió el nombre de Alto Volta por el de Burkina Faso, compuesto por dos palabras que combinan los dos idiomas principales del país. En la lengua Mooré “burkina” significa íntegro, y en Bamanank, “Faso” se traduce por Patria; por ende, Burkina Faso significa Patria de los hombres íntegros.

Inauguró un gobierno antiimperialista, como lo dejó claro en su Discurso de Orientación Política, emitido en octubre de 1983. Dedicó sus esfuerzos a combatir el hambre y la corrupción, dando prioridad a la educación (avanzó fuertemente en la alfabetización del país), a la salud de los habitantes, a la reforma agraria y al empoderamiento de la mujer burkinesa. Luchó ferozmente contra la sequía en el Sahel y su gobierno plantó 10 millones de árboles. Rompió con el FMI y el Banco Mundial y desconoció la deuda externa. Su consigna central fue la descolonización de las mentalidades: decía que la revolución cultural era imprescindible porque el imperialismo se tomaba muy fácilmente un país dominado culturalmente. Afirmaba: “la dominación cultural es la más flexible, la menos costosa y la más eficaz”.

Escribió el nuevo himno nacional con su música (era un músico integral) el cual fue adoptado en el país en 1984: Une Seule Nuit (Una Sola Noche). He aquí la primera estrofa: Contra la esclavitud humillante de mil años/, la codicia venida de lejos para someter centenares de años/, contra la maldad cínica metamorfoseada/, en el neocolonialismo y sus pequeños agentes locales/, muchos flaquearon y algunos resistieron/. Pero los fracasos, los éxitos, el sudor, la sangre/, han fortalecido a nuestro pueblo valiente y fertilizado su lucha heroica/.

La letra del himno refleja los ideales de libertad, unidad y progreso del pueblo burkinés, evocando la revolución y el deseo de emancipación. El himno enfatiza la importancia de la lucha por la libertad y la dignidad, con frases significativas, traídas de la revolución cubana, y del Che en particular, como «¡Patria o Muerte, Venceremos!» que resaltan su espíritu combativo y patriótico.

Cuando Sankara decidió apoyar las luchas de liberación africanas y lanzó la campaña internacionalista, panafricana y anticolonial, el magnicidio empezó a fraguarse. Ahora lidera el gobierno burkinés Ibrahim Traoré, capitán del ejército, y en asocio con Níger y Malí, que también vienen de golpes de Estado, expulsaron las bases militares francesas y reivindicaron la soberanía nacional.

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