Por Renán Vega Cantor

La guerra de agresión contra Irán se venía cocinando desde finales del siglo XX, cuando en Estados Unidos se diseñó el plan para un Nuevo Siglo Americano [es decir, un siglo XXI bajo el dominio indiscutible del Tio Sam], y allí se indicó un listado de países que iban a ser atacados y destruidos en los años por venir. Entre esos países estaban Libia, Irak, Siria, Líbano, Yemen, Sudán e Irán. La meta en todos los casos ha sido la de promover un “cambio de régimen” que favorezca a Washington (con títeres incondicionales) y balcanizar y destruir a los países, hundiéndolos en el caos y la miseria. El objetivo proclamado era el de construir un “nuevo oriente medio”, subordinado a Estados Unidos, con monarquías petroleras serviles, con bases militares y dominio del dólar y con Israel como el matón a sueldo, que impone el orden a sangre y fuego.
Estados Unidos e Israel pusieron en marcha su plan de crear un Oriente Medio a su servicio y para eso libraron guerras de espectro completo, en las que combinaron todos los medios para desestabilizar a los países, antes del cambio de régimen o de la invasión militar directa, como aconteció en Irak y Libia. Esa guerra de espectro completo recurre al bloqueo económico, al patrocinio de una camarilla prooccidental, a incentivar la crisis económica interna mediante el ataque a la moneda local, organizar proxis que adelanten una “revolución de colores”, y una intensa propaganda de demonización de los gobiernos locales… Y si todo eso no resulta suficiente, como complemento y fase final se recurre a la acción militar directa.
Irán ha soportado todo eso durante 47 años, incluso una fallida Revolución de Colores a finales de diciembre de 2025, que pretendía un cambio de régimen e instaurar en el poder a un títere incondicional, el hijo del derrocado Shah Reza Pawlevi, sin necesidad de recurrir a la agresión militar directa.
En la lista de países que anunciaban los neoconservadores del Nuevo Siglo Americano, Irán era el único que faltaba en caer y tarde o temprano iba a ser atacado militarmente. De hecho, ya lo había sido en junio de 2025, lo que dio origen a la Guerra de los Doce Días.
En el encuentro que tuvieron a fines de diciembre en Miami Donald Trump y Benjamin Netanyahu acordaron varias acciones criminales: secuestrar a Nicolás Maduro, atentar contra la vida de Vladimir Putin y atacar a Irán. Y esas tres acciones las han realizado en menos de dos meses, aunque la única exitosa ha sido la de Venezuela.
La fecha para el ataque a Irán estaba fijada para los primeros días de marzo, pero la agresión se adelantó para el 28 de febrero, porque ese día se realizaba una reunión de la alta dirigencia iraní, encabezada por su líder supremo el Ayatola Alí Jamenei. El Mosad, servicio criminal de Israel, supo de esa reunión y se lo comunicó al carnicero de Tel Avic, Benjamín Netanyahu que telefoneó a Trump, y entre ambos decidieron atacar a Irán, a pesar de que en ese momento este país adelantaba negociaciones con Estados Unidos. Con ello, Estados Unidos demostró que la “Diplomacia” es un señuelo que usa para desarmar a los que considera enemigos y atacarlos en forma traicionera.
Ese 28 de febrero, a plena luz del día, se bombardeó con sadismo a Irán, se masacró a parte de la alta dirigencia, incluyendo el Ayatola y miembros de su familia, y se asesinó a 165 niñas de un colegio. Así se dio comienzo a una guerra abierta contra Irán, que continúa con la cruzada permanente de agresión (aunque camuflada) que Estados Unidos, Israel y Europa Occidental libran contra el país persa desde hace décadas.
Para justificar el cobarde ataque contra la población iraní salió a relucir, con poca originalidad, la misma mentira que se esgrimió hace más de veinte años cuando, en 2003, se atacó y se destruyó Irak: que tenía armas de destrucción masiva. Ahora se dice que Irán estaba a punto de construir bombas atómicas y fabricaba misiles de largo alcance que podían llegar a Estados Unidos. A esto es a lo que los neoconservadores de Estados Unidos llaman guerra preventiva, cuando la primera potencia mundial, basándose en su poder militar y en la impunidad absoluta, se arroga el privilegio de atacar a quien se le venga en gana si lo considera necesario, encubierto con el pretexto de que el país agredido pretendía atacarlo en un futuro incierto, sin que de eso exista ningún tipo de prueba convincente.
Ahora, Estados Unidos e Israel llevan a cabo una masacre preventiva contra la población de Irán, con la finalidad de apoderarse del petróleo y de destruir a un país de los BRICS, aliado de Rusia y de China. Con un cinismo difícil de igualar, Marco Rubio, actual Secretario de Estado, afirmó que su país había bombardeado en forma preventiva a Irán antes de que este atacara las bases gringas en el Golfo Pérsico. Hasta ahí el argumento es el típico de cualquier funcionario o militar de Estados Unidos que invoca la razón cínica de la agresividad imperialista. Pero Marco Rubio ha ido más allá al haber instaurando una nueva argucia de la guerra preventiva, al sostener que él estaba convencido de una respuesta militar de Irán porque sabía del ataque que iba a realizar Israel y era elemental que Irán respondiera a los agresores.
En esas condiciones, y sabiendo lo que iba a hacer Israel (bombardear a Irán),
Estados Unidos decide unirse a la Masacre Preventiva contra Irán. En forma textual ha dicho Rubio: «Sabíamos que habría una acción israelí. Sabíamos que eso precipitaría un ataque contra las fuerzas estadounidenses, y sabíamos que, si no los perseguíamos preventivamente antes de que lanzaran esos ataques, sufriríamos más bajas».
Furia Épica se llama esta campaña de agresión, pero en verdad debería llamarse Masacre Preventiva, urdida conjuntamente por Estados Unidos e Israel con la intención de revertir el declive hegemónico del primero y de crear el Gran Israel por parte del segundo. Para ambos el obstáculo principal es Irán que, hasta el momento y en contra de los pronósticos triunfalistas de los corifeos de Trump y del sionismo, se ha repuesto muy rápido del cobarde ataque preventivo y, acudiendo al derecho universal a defenderse, tiene arrinconados a imperialistas y sionistas.

