Pazciencia y Con-Sentir, la educación como acto de rebeldía

Por Jhonny Estrada

Imagen: Cortesía de Pazciencia

Hacia la utopía siempre se están abriendo nuevos horizontes, uno de ellos es Pazciencia, proceso creado por Flor de María Garcés Gatica. Ella es una abogada peruana que ha desempeñado su actividad como investigadora social, educadora popular y defensora de derechos, especialmente uno vital, el de vivir con dignidad. Con una disposición y un lenguaje amistoso nos narra la historia, motivaciones y sueños en la praxis de ese proyecto:

 “Mi trabajo siempre ha estado atravesado por la educación, el arte y la justicia social, más que por una visión tradicional del derecho… ¡creo profundamente en el litigio callejero! Llegué a este proceso porque desde muy joven me ha confrontado mucho ver cómo las desigualdades no son solo materiales, sino también emocionales, simbólicas y educativas. Empecé mi chamba como educadora popular con adolecentes, en ollas comunitarias, en albergues, en barrios populares, y he entendido que muchas veces la violencia se reproduce porque no tenemos espacios para hablar, sentir, crear y pensar colectivamente. En esta sociedad trabajamos mucho desde las individualidades y hemos perdido la colectividad, lo cual me ha llevado a buscar metodologías que no solo trasmitan información, y que permitan comprender que el ser humano no es solo un receptor de conocimiento, sino que también habitamos conciencia y sensibilidad.

Desde ahí nace Pazciencia como proyecto e idea de vida, como un profundo sentir y respuesta a la pregunta de cómo construir paz desde lo cotidiano, desde lo emocional, la palabra y un yo en apertura hacia un todos. También porque la ciencia y su conocimiento no deberían traernos más guerras, sino más bien traernos más paz, por eso transformar la educación mediante la experiencia que tenemos de ella misma, es nuestro mayor acto de rebeldía.

La idea nace en el 2020 en Perú, desde una incomodidad profunda, pues tenía mucha desazón de cómo se vive el conocimiento en muchos espacios académicos, estaba cansada de ver como el saber se convertía en una forma de poder que separa, jerarquiza y excluye, en vez de ser un puente que acerque. Hay que preguntarse por qué, si aprender es un derecho, tantas personas no saben cuáles son sus derechos fundamentales y menos que aprender también es un derecho. Conversando con personas empezamos a soñar con un espacio donde el conocimiento fuera más amable, horizontal y dialogante, donde no hubiera expertos arriba e inexpertos abajo, sino personas compartiendo saberes y aprendiendo cosas que no sabían, desde la vida, el territorio y las emociones.

Así nació esta idea de propagar saberes, democratizar conocimientos y aprender con otros y de otros, esto es el corazón de Pazciencia. En 2021 la idea se formalizó como organización en Perú, allá buscamos un espacio en Puente Piedra por medio de Manuela, que es una lideresa de una Olla Comuna allí y empezamos a ir con un grupo de adolescentes de Lima y El Callao, profesores apasionados y amistades que le apostaron al proyecto, a conocer las problemáticas y las dinámicas del territorio.

Íbamos cada fin de semana en plena luz del sol a enseñar, a jugar, a cantar, a bailar y a aprender un montón con los niños y jóvenes. Llevábamos talleres de reforzamiento académico, y nosotros que creíamos que íbamos a enseñar algo, supuestamente, terminábamos aprendiendo siempre. Los niños y adolescentes nos enseñaron a pensar distinto, a ver las cosas de otra manera, a entender que el aprendizaje no es solo conocimiento como contenido, es un vínculo, es un juego, es confianza, es dignidad.

Esa experiencia marcó el ADN del Proyecto. Después, por diversas razones, terminé residiendo en Medellín, donde Pazciencia comienza a conformarse como un club juvenil en la comuna 13. Allí empezamos a hacer el Con-sentir, el cual es un proceso enfocado en el cuidado de las cuidadoras (valga la redundancia) y los cuidados (que son los niñ@s, las infancias en general) manteniendo nuestra esencia; educación, arte, palabra, conciencia y construcción de paz desde lo cotidiano.

Incluso realizamos un congreso virtual con docentes de varias partes de Latinoamérica para pensarnos estrategias que apoyen desde lo digital. Este es un proyecto transfronterizo y comunitario, que cree que aprender es un derecho pero también es una experiencia amorosa, política y transformadora. Es un espacio donde el conocimiento no busca imponer, sino acompañar, no busca jerarquizar sino liberar y donde la educación se quiere experimentar como un acto de paz.

El proyecto tiene una filosofía humanista, comunitaria y emancipadora. Nos inspira la educación popular, el pensamiento crítico latinoamericano, los feminismos comunitarios, la pedagogía del cuidado y la justicia social. Estamos de lado de la vida digna, de las comunidades históricamente excluidas, de la no violencia, la memoria, el derecho a aprender y construir paz. Una paz que se construye nombrando las heridas, resignificando las historias y fortaleciendo vínculos a través de la ternura radical.

Sabemos que es difícil trabajar en estos territorios atravesados por múltiples violencias estructurales, pobreza, estigmatización, exclusión educativa, duelo colectivo, rupturas familiares y memorias del conflicto armado. En contextos como la comuna 13 el reto no es solo llegar, si no hacerlo con respeto, sin imponer discursos y comprendiendo las dinámicas del territorio, escuchando antes de hablar. También ha sido un desafío sostener procesos sin financiamiento estable, pero lo hacemos a través del voluntariado, el amor al proyecto y las alianzas comunitarias. Lo más complejo ha sido acompañar emocionalmente  procesos de jóvenes que cargan historias muy duras, sin convertirnos en un espacio terapéutico formal, pero sí en un espacio seguro, digno y humano, donde estas historias pueden existir sin juicio alguno.

Actualmente Pazciencia se desarrolla en Medellín (la comuna 13) y en Perú, en barrios populares, escuelas y espacios comunitarios. No tenemos una sede determinada, sino que vamos a donde nos inviten a tallerear. El impacto de Pazciencia no se mide en números, sino en transformaciones subjetivas, relacionales y comunitarias. Hemos visto jóvenes que recuperan la palabra y se animan a escribir y leer, que empiezan a nombrar sus emociones, a reconstruir su autoestima y a pensar críticamente su realidad. Hemos tenido talleres con cuidadores hombres que han reconocido ciertas cosas, que han permitido que sus vínculos mejoren con ellos mismos y con los demás. Pazciencia es un espacio donde los jóvenes, los adultos y los niños pueden sentirse escuchados, respetados y valorados, no por lo que producen, sino por lo que son.

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