Metamodernismo e Inteligencia Artificial (IA): conocimiento, poder y desigualdad

Por Víctor Andrés Muñoz Marín

Imagen tomada degridmag.com.mx

El paradigma metamoderno

El metamodernismo ha sido propuesto como la estructura de sensibilidad dominante posterior a la crisis financiera del 2008. No representa necesariamente un rechazo a la posmodernidad, ni mucho menos un retorno a la modernidad; más bien oscila entre ambas. Si bien la posmodernidad definió buena parte de las formas de comprender el mundo, vincularse y relacionarse de los seres humanos en las últimas décadas del siglo XX, marcados por la ironía, el escepticismo, la desconfianza y el rechazo al macro relato, el siglo XXI ha comenzado a evidenciar los límites de ese paradigma.

La crisis economica, climática, migratoria y las dinámicas de la pandemia, pusieron de manifiesto la insuficiencia de la actitud posmoderna para afrontar desafíos globales que exigen respuestas colectivas. En este contexto emerge el metamodernismo como una sensibilidad que recupera la posibilidad de creer, comprometerse y actuar, aun reconociendo la incertidumbre y la imposibilidad de alcanzar verdades absolutas. Es la esperanza atravesada por el escepticismo, la sinceridad que conviene con la ironía en la búsqueda de sentido.

En este escenario, la Inteligencia Artificial (IA) encarna con claridad las paradojas del metamodernismo. Es capaz de producir poemas, imágenes y diálogos que evocan empatía y reflexión sobre la condición humana, al mismo tiempo que genera contenidos irónicos, cínicos o absurdos. La IA oscila entre la creatividad y la simulación, entre la autenticidad y la artificialidad, lo que refleja tensiones en una época en que conviene dudar permanente de su autenticidad.

La Inteligencia Artificial (IA) y la estratificación digital

A medida que avanza el siglo XXI, los límites de la posmodernidad se hacen cada vez más evidentes. El auge de la Inteligencia Artificial (IA), que combina el procesamiento empírico de grandes volúmenes de datos con formas de razonamiento abstracto, vislumbra trasformaciones a gran escala del paradigma posmoderno. La IA no solo refleja las divisiones económicas existentes, también configura nuevas jerarquías intelectuales, creativas y tecnológicas.

En el contexto de la IA, las herramientas y plataformas que dominan el panorama digital actual se estratifican en capas: modelos gratuitos con capacidad de producción limitada, frente a versiones pagas que amplían significativamente funciones, ofreciendo niveles superiores de rendimiento, accesibles solo para quienes cuentan con el recurso económico o respaldo de afiliación institucional (con jerarquías internas). Esta diferencia tecnológica pone en el ambiente el debate sobre quiénes tienen mayores posibilidades de creatividad, innovación y producción del conocimiento.

La información y la creatividad ya no se distribuyen de manera horizontal, sino que se estratifican verticalmente, profundizando las brechas de exclusión y desigualdad social. La mercantilización de las herramientas y plataformas digitales son producto del neoliberalismo, que ha configurado una realidad en la que el acceso a la tecnología, y al poder cognitivo y simbólico se distribuyen desigualmente.

Inteligencia Artificial (IA), bots y desafíos de la democracia

En una sociedad cada día más digital, la información fluye constantemente, y las fronteras online (en línea) y offline (fuera de línea), así como entre humanos y máquinas se vuelven cada vez más difusas. En este escenario la IA desempeña un papel fundamental, moldeando no solo la forma en que se produce y consume información, también la percepción de la realidad, lo que plantea desafíos para la experiencia humana.

En la reconfiguración de la experiencia humana, los algoritmos no son observadores pasivos, han sido programados para generar arquitecturas de creencias y valores. Al determinar qué contenido visibilizar y cuál situar en el olvido, la IA no solo condiciona el debate público, altera la versión de la verdad y la experiencia colectiva. Según el podcast “El FRAUDE VIRAL con el que nos están robando la REALIDAD | Pirry”, se muestra que plataformas como YouTube, Facebook, Instagram, entre otras, visibilizan con prioridad el contenido producido con IA; estas imágenes y videos falsos no solo engañan, compite contra el trabajo de investigadores, científicos y creadores que invierten tiempo y dinero.

Por otro lado, un estudio publicado en la revista Nature ha confirmado que los Chatbots impulsados por IA pueden influir en la opinión de las personas, especialmente en contextos como las campañas electorales importantes. El modus operandi de estos sistemas conversacionales consiste en adaptar respuestas y argumentos para incidir en la forma de pensar de los usuarios; además de la exposición continúa de grandes volúmenes de información, puede incrementar su capacidad persuasiva. Paradójicamente, en lugar de generar una ciudadanía mejor informada, las personas se desinforman cada vez más.

A nivel social, económico, político y cultural, se ancla a la posverdad, que consiste en cambiar los sentidos de la historia a favor de los grandes poderes, con el impulso de imponer el olvido sobre las guerras y las desgracias que han provocado en el mundo; el papel fundamental de los algoritmos y las plataformas digitales es favoreces mentiras a favor de intereses económicos y políticos.

Los bots y chatbots se han convertido en herramientas imprescindibles para la cotidianidad de millones de personas. Solo Chagpt registró alrededor de mil millones de usuarios activos en 2026. La proliferación de noticias falsas y de deepfake (imágenes, videos, audios generados con inteligencia artificial) han impactado de manera directa la calidad del debate público. Los discursos de odio y la manipulación digital representan una amenaza a la conversación democrática y al ejercicio efectivo de derechos.

La UNESCO, a inicios del 2026, advirtió que los rasgos que antes permitían identificar deepfakes, como inconsistencia en las sombras, el brillo o los ojos de las figuras, son cada vez menos perceptibles, debido al rápido perfeccionamiento de estas tecnologías. En América Latina también se han popularizado los cheapfakes (videos, audios e imágenes manipulados mediante técnica más simples y de menor costo), los cuales no requieren desarrolladores altamente especializados, han demostrado una gran capacidad de difusión e influencia en la opinión pública, como ocurrió durante las elecciones presidenciales de 2025 en Argentina.

En Colombia este fenómeno comenzó a ser evidente durante las elecciones presidenciales en 2026. Algunas campañas, como la de Abelardo de la Espriella, utilizaron IA y bots para la producción y difusión de contenido político en redes sociales. Si bien estas tecnologías ofrecen nuevas posibilidades de interacción en el electorado, también plantean desafíos relacionados con la información, la manipulación de la opinión pública y la ausencia de marcos legales para su regulación.

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