Venezuela: entre la insurrección y un nuevo golpe de Estado

Violencia extrema en protestas B&N
Foto tomada de: infobae.com

Por Álvaro Lopera

Presenciamos en cámara lenta la reedición de un golpe de Estado típico, cuyo gran titiritero es Estados Unidos. Se intenta repetir los golpes de Guatemala, 1954, República Dominicana, 1965, Brasil, 1964, Chile, 1973, sin contar los golpes palmarios contra la Cuba revolucionaria martiana de 1898, Haití, 1915 y Nicaragua, 1926. Golpes que respondían a la implementación de la doctrina Monroe, que definió América Latina como patio trasero de Estados Unidos. En el siglo XXI, la intervención imperialista ya se hizo sentir en Honduras, Paraguay, Brasil y todo indica que el turno le corresponde ahora a Venezuela, gran reserva mundial petrolífera.

Antecedentes

Venezuela tiene en su haber una riqueza petrolera que supera con creces a Arabia Saudita. Están certificados más de 300 mil millones de barriles, de acuerdo con el reporte 2016 de la British Petroleum (recordar que Colombia solo tiene certificados 2 mil millones). Desde el siglo XX, Venezuela ha sido un gran proveedor de petróleo de Estados Unidos, y le ha surtido cerca del 10% de sus necesidades de combustible; además, desde antaño, en suelo norteamericano hay un centro de refinación de petróleo –CITGO, adscrito a PDVSA (empresa estatal de petróleo), que termina de hacer la labor de refinamiento del petróleo exportado por Venezuela a USA, y además tiene más de 6.000 estaciones de servicio en ese país.

En la época de los gobiernos adecos y copeyanos de Venezuela, CITGO era una chequera que ni siquiera se tenía en cuenta en el presupuesto de la nación, y ello lo denunció con creces el presidente Hugo Chávez cuando llegó al poder en 1999. La apropiación de la renta petrolera se manifestaba en grandes capitales que se mantenían en paraísos fiscales, sin que el país disfrutara de ellos para su desarrollo.

Por otro lado, la franja del Orinoco había sido definida como una riqueza más de los Estados Unidos, pues allí, supuestamente, solo había betún o combustibles muy densos y viscosos, supremamente costosos y difíciles de explotar. Cuando la V República, como se llamó el movimiento político de los chavistas, llegó al gobierno, se descubrió que este petróleo era tan explotable como los otros presentes en el subsuelo venezolano. Hugo Chávez empezó a concientizar al pueblo venezolano de la necesidad de recuperar el tiempo y el capital perdido, y le abrió el grifo de esa riqueza que despertó la esperanza económica de todo un pueblo hasta entonces sumido en la pobreza.

Iniciado el gobierno bolivariano, iniciado el boicot

Es demostrable históricamente que desde el primer minuto de gestión del gobierno bolivariano se inició el boicot de las capas burguesas ricas. En el año 1999 se hizo la primera Asamblea Constituyente de la cual emergió la nueva constitución aprobada a través de un referendo. El apoyo fue de todo el pueblo, pero la burguesía nunca la reconoció como legítima. El 11 abril de 2002, se dio un corto golpe de Estado dirigido por una fracción muy pequeña del Ejército y del generalato, cuya cabeza visible fue el empresario Pedro Carmona, conocido como Pedro El Breve, pues no duró más de tres días en el poder.

En esta intentona, derogaron la constitución y todas las formas de gobierno impulsadas hasta entonces. Quisieron asesinar a Chávez y encarcelar a lo más granado del nuevo gobierno. Fue derrotada por el pueblo, cuando miles de hombres y mujeres humildes bajaron de los cerros y exigieron la presencia del presidente. En 2003, los cuadros de la burguesía, que aún manejaban administrativamente a PDVSA, paralizaron la compañía que siempre ha sido el gran baluarte de las exportaciones venezolanas, ocasionando una pérdida de más de 20.000 millones de dólares. Después de sofocar estos intentos desestabilizadores, el gobierno perdonó a los golpistas y despidió a los principales cuadros administrativos de la estatal petrolera, los mismos que fueron a parar a Pacific Rubiales, en Colombia.

El mono les ganó la partida

La burguesía venezolana siempre ha tenido en sus manos los medios de desinformación y desde allí la guerra de cuarta generación se la hicieron al gobierno chavista. Llamaban desde esos medios racistas “mono” a Chávez; la descalificación del gobierno era el guión preferido. La soberbia y la ordinariez política siempre puso en evidencia a la clase rica que disputaba ilegalmente el poder, porque desde el punto de vista electoral siempre se sintieron perdidos. Es así como, hasta la fecha, el gobierno bolivariano ha librado 20 batallas electorales –con el sistema electoral más perfecto del mundo, como lo afirmó alguna vez el expresidente Jimmy Carter– y ha perdido 2 de ellas.

No han bastado las mejoras de los indicadores sociales, ni el aumento enorme de recintos universitarios, ni las misiones sociales que tanto hicieron por aupar el índice de desarrollo humano venezolano, el cual es superior al colombiano. Las innumerables campañas violentas han agotado hasta el cansancio el panorama político del vecino país. Muerto Chávez, su acérrimo enemigo, y subido Maduro en 2013 por más de 7,5 millones de votos, la derecha, asociada en la MUD (Mesa de la Unidad Democrática), vio, otra vez, la oportunidad para salir del nuevo presidente. Desde 2013, año de la muerte de Chávez y de ascenso de Maduro, la derecha llamó al nuevo movimiento “la salida”, esto es, la expulsión por cualquier medio del chavismo en el poder. Las elecciones legislativas de diciembre de 2015, cuya mayoría fue alcanzada por la derecha, confirmó el movimiento estratégico.

Instrumentación del golpe de Estado y de la insurrección

En abril de 2017 se reinició la violencia callejera, sobre todo en los municipios gobernados por la derecha. Ya se cuentan más de 100 muertos, de los cuales 30 han fallecido por severas quemaduras que la derecha en las calles les ha infligido. Otros tantos son vecinos que no quisieron cumplir la orden de quedarse en casa cuando las barricadas estaban levantadas. Ya son cuatro meses que se cumplen sin que esta guerra sacada de los manuales del Pentágono disminuya o por lo menos, amaine.

El gobierno de Maduro ha ordenado estrictamente a las fuerzas armadas no utilizar armas de fuego para repeler las manifestaciones no tan pacíficas de la oposición, contrario a lo que sucede en Colombia. En Venezuela el uso de las armas está prohibido, a pesar de que la oposición no respeta los derechos humanos, no solo de la fuerza pública, sino de todos los venezolanos que se atreven a las órdenes paramilitares impuestas en los distintos barrios donde la derecha tiene el control.

En el gobierno de Obama, en 2015, se concluyó que Venezuela representaba una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional de Estados Unidos, y desde entonces se vienen imponiendo una serie de sanciones económicas y políticas contra el gobierno. Esa orden ejecutiva se basaba en la supuesta “erosión de las garantías de los Derechos Humanos por parte del Gobierno, las limitaciones a la libertad de prensa, el uso de la violencia y violaciones de los derechos humanos en las protestas antigobierno, así como la presencia de corrupción pública y arrestos arbitrarios”, acciones que, según EE.UU, estarían siendo ejercidas por el Gobierno de Maduro.

Desde entonces, han ido “descubriendo” las múltiples ramificaciones del narcotráfico en
el gobierno –recordemos que en el pasado Chávez fue acusado no solo de utilizar a Venezuela como un trampolín del narcotráfico colombiano, sino también de haber sido el gran apoyo de las FARC y hacer de Venezuela una base de Hizbullah, el grupo político-militar chií con asiento en el Líbano, el cual es el gran enemigo de Israel– quedando claro que lo que no se perdona es la negociación de la enorme riqueza mineral de ese país con potencias extranjeras distintas a Norteamérica.

Ya se iban tejiendo las futuras acciones golpistas e insurreccionales, que ahora Donald Trump dirige con su hombre de la CIA, Mike Pompeo, y con el jefe de la OEA, Luis Almagro. Pompeo, sin ruborizarse, dijo el 20 de julio en un foro sobre seguridad, realizado en el instituto Aspen de Colorado, Estados Unidos, que había de México para tratar el tema de Venezuela y hacerles entender las alternativas para ese rincón del mundo: ‘‘cada vez que tienes un país tan grande, y con la capacidad económica de un país como Venezuela, Estados Unidos tiene profundo interés en garantizar que el país esté tan estable y democrático como sea posible”. Y agregó más adelante: “ estamos muy optimistas de que puede haber una transición en Venezuela, y nosotros –la CIA– está (estamos) haciendo lo mejor de sí para entender la dinámica allá, para que podamos comunicársela a nuestro Departamento de Estado y otros, los colombianos”.

Luis Almagro, secretario de la OEA desde 2015, ha sido uno de los gestores del golpe o por lo menos de la intervención contra el actual gobierno.

En repetidas ocasiones, y de una manera muy desesperada, que ha levantado grandes sospechas, pidió la aplicación de la Carta Democrática de la OEA contra Venezuela debido a lo que él ha llamado “el autogolpe de Estado” del gobierno de Maduro contra la Asamblea Nacional, la misma que está en desacato desde que en Enero de 2016 se resistió a una orden del Tribunal Supremo de Justicia de no juramentar a tres asambleístas del Estado de Amazonas por presuntas implicaciones en la compra de votos. En vista de este desacato al cumplimiento de la orden del TSJ, que impulsó el presidente de la Asamblea, a pesar de que no implicaba la parálisis de la Asamblea, el Tribunal Supremo ordenó la impugnación de todos sus atributos legales.

Almagro, que fue ministro de relaciones exteriores del gobierno de Pepe Mujica, desde el
primer momento de su mandato se puso al frente de las acciones contra Venezuela. Mujica hizo pública una carta de despedida que le escribió en noviembre de 2015 y que termina con las siguientes palabras: “la verdadera solidaridades contribuir a que los venezolanos se puedan autodeterminar…. Lamento el rumbo por el que enfilaste y lo sé irreversible, por eso ahora formalmente te digo adiós y me despido”.

Juan M. Santos, por su parte, lanzó en los últimos días de julio una campaña contra la constituyente venezolana con doce países más de la OEA: Argentina, Brasil, Paraguay, Chile, Perú, Panamá, Costa Rica, Honduras, Guatemala, México, Canadá y Estados Unidos.

Respuesta bolivariana

Ante la hecatombe de la violencia y la injerencia extranjera, el presidente Maduro lanzó el primero de mayo la propuesta de la Asamblea Nacional Constituyente, apegada férreamente a la constitución de 1999. Como siempre, se lanzó el palo a la rueda desde la OEA, la ONU, Estados Unidos, la Unión Europea, el Vaticano, y los doce países que arriba mencionábamos, con los argumentos consabidos: que esa convocatoria no respetaba la constitución de 1999. Que no podía ser vinculante porque no había sido consultado el pueblo, a sabiendas que el artículo 348 de la Constitución dice abiertamente que el presidente puede convocarla. La iglesia venezolana, en cabeza del presidente de la Conferencia Episcopal, Diego Padrón, la calificó como inoportuna y con las siguientes palabras que lanzó en la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal colombiana: “la Asamblea Nacional Constituyente que pretende impulsar Nicolás Maduro es una fórmula comunista de organizar la sociedad”.

El 30 de julio, 8.079.320 (el 41.5% del padrón electoral) venezolanos votaron por los nuevos constituyentes que van a actualizar la vieja constitución chavista para impulsar el gobierno comunal, las misiones como arte y parte de la nueva sociedad, otra economía
no rentista y órganos de dirección del Estado de nuevo tipo. La oposición, como en 2005, ante la elección de los miembros de la Asamblea, no quiso participar en esta nueva jornada y más bien se dedicó a sabotear con acciones armadas y paros, los mismos que no detuvieron el accionar democrático del pueblo venezolano.

Mientras tanto, las nuevas sanciones norteamericanas y el injerencismo de los gobiernos colombiano y mexicano continúan atizando el golpe de Estado o la potencial guerra civil. Por esta razón, hoy más que nunca Venezuela demanda la solidaridad de los pueblos.

Asesinatos de la derecha fascista1
Foto tomada de: forocoches.com

 

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