Reficar antes del sobrecosto de $12 billones

 

Reficar
Foto: Kienyke.com

Por Mario Garcés

En 2009 Ecopetrol negoció la salida de Glencore sin inconveniente, le dio USD 540 millones por el 51% de Reficar y asumió la deuda por más USD4 mil millones con el Eximbank de USA, contraída por Glencore a nombre de Reficar, banco con el que acordó implementar un nuevo modelo financiero para garantizar el crédito, deuda hoy vigente. Todo esto es anterior al escándalo del sobrecosto de la refinería, opacado hoy por otros escándalos de corrupción. Vale la pena recordarlo, para que los responsables no salten impunemente de escándalo en escándalo.

Sociedad de Ecopetrol en Suiza

Para mover los recursos de Reficar se creó ‘Ecopetrol Capital Ag’, con sede en Suiza, sin posibilidad de captar recursos. Allí ingresó el producto de la venta de las acciones de Ecopetrol. La junta de Ecopetrol en junio 11 de 2010, autorizó este vehículo financiero, que sigue endeudando a Ecopetrol; la integraban entonces: María Helena Velázquez, Joaquín Moreno Uribe, Mauricio Cárdenas Santamaría, Hernán Martínez Torres, Óscar Iván Zuluaga, Amílcar Acosta, Javier Gutiérrez Pemberthy y Fabio Echeverri Correa.

La junta de Reficar, entre tanto, se dedicaba a avalar contratos de proveedores de plásticos, comidas, agua, herramientas y demás obras con precios inflados, sin desarrollar planeación alguna del proyecto, lo cual es una falta disciplinaria y penal. Dicha junta la componían: Sergio de la Vega, Jorge Enrique Carvajales, Pedro Rosales, Orlando Cabrales y María Margarita “la Paca” Zuleta, nombrada por Santos en 2012 directora de Colombia Compra Eficiente.

Refinación del Petróleo en Colombia.

En la década de 1950, Colombia dio en concesión la refinación del petróleo a la Shell International Petroleum Co. Ltd, filial de la Standard Oil, Grupo Exxon, de  John D. Rockefeller. Esta empresa construyó refinerías en Barrancabermeja y Cartagena, refinando 26 mil barriles de petróleo diarios, con la obligación de cubrir las necesidades nacionales.

Por su parte, el punto de partida de Ecopetrol, Empresa Colombiana de Petróleos, fue la reversión al Estado en 1951 de la Concesión Mares y Barco, otorgada en 1905 al general Virgilio Barco y a Roberto de Mares, de quien Rafael Reyes, presidente de entonces, era padrino de matrimonio.

En 1974, el gobierno de Pastrana y la Junta de Ecopetrol pagaron USD35 millones a Shell por la refinería de Cartagena, aunque las leyes colombianas exigían su reintegración gratis al finalizar la concesión. Entonces refinaba 42 mil barriles, con lo cual no cubría las necesidades de la Costa y menos del país, que era el convenio de la concesión, incumplimiento que, sin embargo, no fue objeto de sanción.

Los gobernantes que vinieron luego, reversaron todo el proceso, para volver a regalar la Industria Petrolera.

Vender el negocio más rentable del país

Por el decreto 1760 de 2003, Ecopetrol perdió el monopolio de la contratación, y se creó el adefesio de Agencia Nacional de Hidrocarburos ANH, que abrió la venta de acciones de Ecopetrol, la venta de la Refinería de Cartagena, los contratos de Administración delegada y muchas otras barbaridades. Estas medidas dejaron al gobierno sin caja menor y sin posibilidad de contar con ella en el futuro para fortalecer el presupuesto de la nación.

Para lograr ‘la confianza inversionista’, se constituyó REFICAR, Refinería de Cartagena S.A., en octubre 11 de 2007. Se buscaba integrar una nueva construcción con la antigua planta de la refinería, en donde la participación del sector privado fuera mayor que la del Estado. Pero a la postre, este último  resultó siendo el único inversionista. Y como si fuera poco, según la Contraloría General de la Nación, el costo de ejecución de Reficar se incrementó en USD4.023 mil millones ($12 billones) con respecto a los costos inicialmente planeados.

Glencore compra la Refinería

En agosto 25 del 2006 se abrió la licitación, que tenía como objeto garantizar la demanda interna de gasolina y diesel. Las firmas Glencore y Petrobras quedaron finalistas para comprar el 51% de las acciones. Al final se entregó la refinería de Cartagena a Glencore, a pesar que Petrobras contaba con experiencia y ofrecía menor costo por la obra.

Ecopetrol administraría la vieja refinería hasta finales de 2011 y repartiría las ganancias con Glencore, sin que ésta pusiera un peso, pues su aporte estaba destinado para la ampliación de la refinería, que debía inaugurarse en 2011, lo que se aplazó 5 años.

En los términos del negocio, Ecopetrol quedó con el 49%, aporte tasado en USD630.7 millones, el de Glencore debió ser de USD656.4 millones, pero nunca lo desembolsó. Suscrito el negocio, Glencore recibió todo tipo de exenciones tributarias y la Refinería de Cartagena fue declarada Zona Franca para facilitarle la importación de mercancías sin el pago de arancel. Recibió subsidios del gobierno por más de USD300 millones.

En 2009 Ecopetrol refinaba 100 mil barriles diarios y tenía que entregar dividendos a la Repsol YPF y su administradora Glencore, sin que hubiera invertido un peso en la “vieja” refinería, solo porque ahora era el socio mayoritario.

Ecopetrol recompra la Refinería

Antes de este negocio, Glencore –dueña de Cerrejón y de minas de carbón en el Cesar– extraía y comercializaba carbón, pero no refinaba petróleo. En 2009 tuvo que devolver (volver a venderle a Ecopetrol) a Reficar, confesando su incapacidad para cumplir con las metas del proyecto. Esta afanosa operación fue efectuada sin rigor y con poca disciplina jurídica por parte de Ecopetrol. No se dijo ni se discutió en ese urgente trámite de compraventa de acciones que Glencore tenía subcontratada gran parte del diseño, planeación y construcción de Reficar con Chicago Bridge & Iron –CB&I, firma que tampoco tenía experiencia en refinería, y bajo la lesiva modalidad contractual de “usted gaste y yo le pago”. De los 2460 contratos suscritos, algunos tienen hasta 37.000% de reajuste.

Entre las denuncias por sobrecostos se encuentran: compra e instalación de maquinarias y plantas de segunda, facturadas como nuevas; nóminas paralelas; gastos para funcionarios de CBI entre los que se cuentan viajes nacionales e internacionales; cuentas de bares de Cartagena; secretaria bilingüe de la presidencia con salario de $30 millones mensuales; alquiler de perforadoras con taladros especiales, que tenía un monto inicial de USD620.000 y que saltó a USD7’877.000.

Ecopetrol, empresa en extremo sensible y “comprensiva” con sus contratistas extranjeros, y sus abogados, mucho más complacientes y laxos, decidieron no poner talanqueras al asunto, renunciaron a cobrar la cláusula de incumplimiento que regía la relación y de paso le limpiaron el pasado a Glencore para que continuara con el resto de sus negocios en Colombia. Según el presidente de Ecopetrol, se trataba de un “negocio brillante, en un momento inmejorable por la situación de los mercados petroleros nacionales e internacionales”. ¿Para quién?

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