Entre el ruido y la prisa: veinte años del festival MIMAME

7 CARAVANA DE PAYASOS
Foto:Cortesía La Polilla

Por Anyela Heredia

Cada año, desde 1997, entre octubre y noviembre, el festival internacional de mimos y clowns de Medellín, MIMAME, nos invita al encuentro con el arte gestual, con la risa, con el niño y la niña que todos llevamos dentro y a reflexionar sobre nuestro cuerpo, la forma cómo nos expresamos y cómo vivimos.

Lo que hoy es toda una empresa anidada en una corporación cultural del barrio Belén (La Polilla), y que año tras año moviliza todo un batallón de juglares, saltimbanquis, empleados y voluntarios encargados de la producción, la logística, la comunicación, los contenidos de la programación académica, sonidistas, luminotécnicos, conductores, guías, en fin, todos en función de traer alegría y arte a las calles y plazas de Medellín, comenzó con el sueño de dos locos.

Los mimos Elkin Giraldo y Carlos Álvarez, dos de los más reconocidos se juntaron para crear un espacio de encuentro y cualificación para los mimos de la ciudad, que hasta entonces no dialogaban con propuestas de otras latitudes, ni entre ellos mismos. “No había escuela, por eso era necesario intercambiar conocimientos y confrontar nuestras experiencias con las de otros artistas de la pantomima y así cualificar nuestro oficio”, cuenta Elkinmimo.

El primer MIMAME fue muy pequeño, pero sentó las bases de lo que vendría, a él asistieron solo los mimos locales. “El más foráneo fue Jaimemimo que venía de Bello”. En el segundo, se contó con la participación de Olga Flora, de Cuba, y a partir de allí el festival se posicionó como internacional.

La pantomima, un arte con muchas caras

El festival nació, en palabras de sus fundadores, con una visión un poco obtusa, pues se pensaba que el mimo era aquel personaje de maquillaje blanco, allí no cabía la palabra y mucho menos los payasos, pero luego se fueron dando cuenta que la pantomima en el mundo tiene muchas tendencias y ramificaciones. Lo que hoy conocemos como pantomima clásica, es solo la escuela francesa de Ettiene Decroux y Marcel Marceau, la del mimo de cara blanca que este último popularizó en todo el mundo. Pero la pantomima en la historia de la humanidad siempre estuvo relacionada con los bufones, los saltimbanquis, los arlequines, el carnaval, etc. Así que los mimos, después de algunos años de juntarse solo entre ellos, decidieron invitar a sus hermanos mellisos, los payasos. Hoy día, los payasos han tomado tanta fuerza, que el festival parece más de payasos que de mimos, afirma Jader Guerra, director del festival.

Según Jader, los mimos, tal cual los conocemos, tienden a desaparecer. Pero volverán, como sentencia Ángel Elisondo, tal como lo han hecho históricamente. En Roma tuvieron 500 años de apogeo y cayeron, pervivieron en el medioevo a través de juglares y saltimbanquis, renacieron en la comedia del arte; volvieron a decaer y en el siglo XVIII regresaron con Pierrot y luego en el XX con la escuela francesa.

Pareciera que la pantomima está decayendo de nuevo, pero más bien está evolucionando, como lo evidencia el trabajo del grupo La Casa del Silencio, de Bogotá. “Ahora le llaman teatro físico, teatro gestual, pero en esencia es pantomima, y es en el momento la propuesta más arriesgada y de mayor calidad que hay en Colombia”, concluye Jader.

Este año el festival le dedica un homenaje especial a la vida y obra de Juan Carlos Agudelo, un artista que se formó con Marcel Marceau y es un gran formador de otros mimos en Colombia; él ha creado y dirigido numerosas piezas de teatro gestual.

Un pequeño ruido de una importancia grandilocuente

A lo largo de estos veinte años el festival ha albergado artistas internacionales como la compañía gioirgiana-alemana Mimodram, que marcó un hito en el festival por su puesta en escena de obras tan importantes como Hamlet o Fausto en teatro gestual; también han participado algunos de los payasos más reconocidos del mundo como Jango Edwards, o Anton Valen.

Pero lo más importante de este festival es que sigue siendo alternativo, y ha estado siempre en las comunas populares de la ciudad. Llegarle a 400 niños en una cancha, es muy importante, hacer presencia en los barrios a través de las organizaciones sociales, de los teatros alternativos, de los proyectos culturales de las comunidades es lo que ha garantizado la permanencia de este espacio en la memoria de toda una generación que ha crecido y reído con él año a año.

En 2008, el MIMAME fue elevado a Acuerdo Municipal por el Consejo de Medellín, lo que garantiza que al menos una partecita del presupuesto para la cultura de la ciudad será invertida cada año en el festival. Además de eso, el festival ha obtenido en varias oportunidades el apoyo de Iberescena y otros institutos de cultura internacionales que aportan con tiquetes para que sus artistas puedan venir. También ha recibido apoyo de universidades, alcaldías y empresas privadas, entre las que se destaca el aporte de la Cooperativa Confiar, que les ha acompañado desde el primer festival.

El MIMAME se postula hoy como uno de los festivales más importantes de Latinoamérica en su género, y su participación en diferentes redes y espacios de cooperación le ha permitido trascender fronteras en Antioquia y Colombia, e incluso llevar artistas colombianos a otros países.

“Con todo, dice Jader mimo, el impacto que se logra es muy pequeño, apenas se llega a unas 100 mil personas en la ciudad”. Y lamenta cómo otras formas hacer arte pueden llegar en un mes, a través de poderosas industrias culturales y mediáticas, a todo el mundo, mientras que las expresiones alternativas hacen muchísimo esfuerzo en la formación de públicos.

Recuerda que cuando todo empezó, los mimos y los payasos en la ciudad eran muy pocos, pero gracias al festival la ciudad ha visto crecer el sector artístico, pues no solo se ofrecen espectáculos, sino una variada programación académica con talleres y conferencias que han propiciado intercambios de experiencias y de saberes. De hecho, muchos de los jóvenes que han asistido a esos eventos formativos han decidido dedicarse de lleno al arte.

“El MIMAME -dice- es la posibilidad extraordinaria de estrechar lazos de amistad y hermandad con otros artistas. Es también la oportunidad de dejarse mimar, en todo el sentido de la palabra, de soñar y encontrarse con el lenguaje del silencio y mover un poco lo que hay de estático en nosotros”. Del 19 al 29 de octubre podremos disfrutar en el MIMAME de espectáculos de Brasil, Perú, Ecuador, Argentina, Chile , México, Cataluña y, por supuesto, Colombia.

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