S.O.S por la salud

SOS POR LA SALUD
Ilustración: Elena Ospina

Por Raúl Martínez

– Usted tiene cálculos.

– Sí doctora, lo sé. También sé leer y veo que en los resultados de la ecografía de vías urinarias hay un punto que dice “cálculo de 5 mm” y creo que lo único que sí sé es qué significa eso. ¿Me lo van a sacar?

– No.

– ¿Me va a mandar droga para deshacerlo y luego expulsarlo sin dolor?

– No, tampoco.

– ¿Entonces doctora?

– Nada, debe aprender a vivir con él.

Increíble, pero esta es la conversación de la última semana del mes de octubre de este año con la joven doctora de la EPS. Hago énfasis en lo de joven, porque siempre he creído que con los jóvenes podemos cambiar muchas cosas, así que me impresionó más saber que es una chica muy joven la que me responde estas cosas.

– ¡Cómo así doctora, tengo cálculos y no me va a mandar nada! ¿y entonces?

 – Mire, usted tiene un cálculo pequeño, solo de 5 mm; entonces no lo voy a enviar donde un urólogo, porque seguro que por un cálculo de ese tamaño no le van a hacer una cirugía, para eso debe medir un centímetro o más.

Para mí un cálculo (una piedra) de ese tamaño era como tener la piedra del Peñol en el riñón, me imaginaba una piedra de 5 mm de oro.

– No está obstruyendo las vías urinarias -dice la doctora-, así que tampoco es un problema por ahora. Debe vivir con él, si luego le duele y el dolor persiste, pide cita de nuevo, o si ya es muy recurrente el dolor y muy fuerte podría, ahí sí, hablar con el especialista y ponerse de acuerdo para ver qué le hacen.

Esta es la cuarta vez que me da cólico de cálculo renal. No sé si decir que soy muy de malas por esta repetición de cálculos o porque en este momento es la segunda vez que cierran la EPS donde estoy asignado. Fui a llevar la orden de los exámenes ordenados por los médicos de urgencias pero me tocó esperar cita general y que el médico de la EPS, al que le parecía raro que mi dolor (muscular, según él) necesitara medicamentos y exámenes, tuviera espacio en su agenda. Luego, cinco días hábiles esperando la autorización antes de poder pedir la cita para el examen y, finalmente, 15 días hasta la cita asignada. Ahí llevaba casi un mes del dolor de cálculo que me obligó a visitar Urgencias. Como un buen colombiano, creo que me alivié solo, así nos toca a todos en este sistema de salud tan precario, deficiente e inhumano que nos han impuesto en el país.

Cuando fui al laboratorio a tomarme la muestra de orina, madrugué y fui sin orinar. Me recibió la señora de la recepción y me pidió la muestra, le dije que no la había llevado pero que estaba listo para hacerla. Me dijo entonces que tenía que llevarla lista, según ella porque es un laboratorio y se puede contaminar si la toman ahí. Lo creen a uno pendejo, pensé, pero no me quise dañar el día peleando desde las 6:30 am. Luego tuve la misma conversación con la chica que me sacaba la sangre, esta fue más honesta, pues me reconoció que pidieron los frasquitos para las muestras pero ni eso mandaron. La EPS cerraba una semana después de mi visita al laboratorio (el 31 de octubre) y ya no estaban enviando ni esos materiales básicos.

Yo fui paciente de la EPS Comfenalco, pero la liquidaron. Cuando a uno le cierran su EPS lo asignan a otra, cualquiera, por lo menos 3 meses obligado. Nadie sabe si por azar o por venganza, pero en mi caso fui informado de que me habían enviado a una EPS llamada S.O.S. (Servicio Occidental de Salud). Pensé que no podía esperar mucho de una EPS que por nombre tenía un pedido de auxilio. Averigüé, era de Cali y quería abrir “mercado” en Medellín. Al momento de mi traspaso a esa nueva EPS me di cuenta que todavía no tenían ni oficina ni teléfono en Medellín. ¿Se puede alguien imaginar una EPS sin teléfono? No había a dónde llamar para pedir una cita o hacer una pregunta administrativa; en la página web no aparecía ni la “nueva sucursal” de Medellín. No fue un inicio esperanzador, como dirían los viejos: desde el desayuno se sabe qué va a ser el almuerzo.

Me acostumbré al mal servicio y entre esto y mi descuido no pedí traslado. Ahora también S.O.S., la EPS en la que estoy “padeciendo la salud de este país”, cierra.  No me quisieron hacer ni un par de exámenes de laboratorio que le saqué a regañadientes a la joven doctora que me atendió. La señora de la recepción me dijo que me los tenía que hacer en la EPS nueva que me asignaran porque ésta la cerraban en menos de una semana. Así que no sabía siquiera a quién debía pedirle los exámenes ordenados.

La joven doctora terminó enviándome un par de páginas web como receta, no para tomar, sino para leer, como prácticas saludables de vida que debía aprender.

Doctora ¿no me va a mandar exámenes?

No. ¿Le parece poco que le recomiende lecturas sobre vida saludable?

La verdad doctora, sí me parece muy poco.

¡Eh, la gente si es…! decía mientras hacía gestos de desaprobación. Según ella, si uno hace ejercicio y come mejor, ellos, los doctores, ni existirían. Putié al mundo mientras la veía leer de lado a lado el computador y las páginas web que me recomendaría. Reflexionaba sobre si ella necesitó estudiar muchos años para enviarme a leer páginas web. Pensé también que yo puedo leer esas páginas sin que me las mande una doctora. Pensé muchas cosas que callé mientras le veía los gestos de dolor por un malestar en su mano izquierda. Al parecer, un dolor que no la dejaba tranquila. Pensaba en sus palabras, en que de verdad no necesitamos de los médicos que no te quieren atender. Pensaba y sigo convencido que una de las mejores formas de medir el avance de la humanidad es la preocupación por brindar salud de calidad, gratuita y universal, sin distinciones.

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