Entre mangos y números

IMG-20180304-WA0017
Fotos: Anyela Heredia

Por Ányela Heredia

Como en el cuerpo humano el manguito rotador cumple la función de permitir la movilidad y la estabilidad del hombro, así en la vida de Víctor Alonso Osorio, el manguito dulce, el manguito biche, el manguito con sal y limón… aporta la estabilidad necesaria a la construcción de sus sueños.

Un día como todos, entre semana, se levantó entusiasta, se bañó rapidito y se alistó, como siempre, en diez minutos. Caminó por el barrio Aranjuez y tomó el bus hacia la Minorista, el trancón no fue impedimento para llegar a tiempo, antes de las seis, a la plaza. Compró los mangos y recogió el carrito que empujó, tarareando una vieja canción: “ay por el camino del sitio mío, un carretero alegré pasó…” hasta que al fin llegó a la universidad. No hubo problemas con los vigilantes, que esa mañana, particularmente, lo recibieron entusiastas: “¿Quihubo hermano, cuántos manguitos te vas a vender hoy?” “¡Por ahí cien!”, respondió él y todos sonrieron.

Casi a las doce, antes de entrar a clase, pensó que debía imprimir un documento e hizo la fila en Utopía, “¡Qué nombre ese para una fotocopiadora!”, pensó. De repente, al abrir el correo, encontró un mensaje con un letrero escandaloso que decía: “Expediente disciplinario No. 2017-XXXX Cita notificación resolución apertura”. Dejó de respirar, el anuncio con su ritmo y ortografía discontinuos retumbaba en su cerebro y sintió como si el corazón y los ojos le fueran a explotar. Continuó leyendo: “Con el fin de surtir el proceso de notificación personal de la Resolución No. XXX del 4 de septiembre de 2017, por medio de la cual se ordena la apertura de investigación en el proceso disciplinario de la referencia citada, me permito informarle que deberá presentarse a la Unidad de Asuntos Disciplinarios…, dentro de los cinco (5) días siguientes”. El motivo: un informe de vigilancia afirmaba “haber encontrado al estudiante en situación de ventas cerca de la plaza Barrientos de la Universidad”.

¿Un proceso disciplinario, sin antes haber recibido llamado de atención alguno por parte de las autoridades competentes? Ya se lo habían advertido sus compañeros, él no era el primero ni el único. En junio de 2017, después de una serie de robos a mano armada en el campus de la Universidad de Antioquia (como cada vez que ocurre un problema de seguridad allí), las directivas habían tomado medidas de seguridad que incluían la prohibición de fiestas y la “regulación” de las ventas informales. El argumento era que mediante estas últimas se había fomentado la venta de licor y estupefacientes y el ingreso de personas ajenas a la Universidad. Así las cosas, los más cercanos, los acusados, serían justamente ellos, los estudiantes. De ellos tenían datos ¿a quién si no a ellos podrían abrirle un expediente? No estaban acusándolos de nada, solo tenían que hacer efectiva una medida que, de hecho, hace parte del reglamento estudiantil: la prohibición de las ventas ambulantes al interior del alma mater.

IMG-20180304-WA0020

Los primeros tres días Víctor lloró desconsolado. Ni pensar en perder el cupo en la universidad que tanto trabajo le había costado. Ese era el orgullo de sus padres, desplazados de sus tierras por la crueldad del conflicto armado en el oriente antioqueño. Víctor, el menor de seis hermanos, era el único que tendría el honor de asistir a una universidad.

De qué carajos le había servido estudiar tanto, para qué el sacrificio de dejar a sus padres y hermanos trabajando solos en la finca en Cocorná, para qué las madrugadas, los trasnochos -él nunca fue bueno para el trasnocho, pero si había que estudiar para un examen o una exposición, trasnochaba. Cualquier cosa con tal de cumplir su sueño: ser licenciado en matemáticas de la universidad pública y convertirse en profesor en una de esas escuelitas de pueblo a donde nadie quiere ir.

¿Cómo pretendía entonces la Universidad que desistiera de trabajar; que se dedicara solo a estudiar cuando no conocía otra manera de subsistir? Porque ese arte de cortar mangos en diferentes formas y aderezarlos al gusto de sus comensales es lo único que le ha garantizado la estabilidad económica para poder estudiar y vivir dignamente durante cuatro años en la gran metrópoli.

Del primer año en que vendió mangos con su hermana en el parque Berrío para poder pagarse los pasajes, recuerda el estrés de lidiar con la calle, el ruido, la contaminación, las peleas con “los de espacio público” y el cansancio y el hastío con el que llegaba a clase, muchas veces sobre el tiempo, distraído. Sabe que no quiere regresar allí. No es lo mismo vender en la universidad, allí siente incluso que está haciendo algo bueno por sus compañeros, conoce a la mayoría, lo saludan, lo respetan y se puede dar el lujo de trabajar independiente y haciendo lo que le gusta.

En la negociación con la universidad le ofrecieron adherirse al programa de “Domos móviles”, unos pequeños quioscos en los que a cambio de 21 horas de trabajo semanal puede recibir medio salario mínimo. Hace cuentas y la matemática no le da, eso es mucho menos de lo que produce la venta de los mangos, de la que se benefician, no solo él, sino otras tres personas (su compañera y otros dos compañeros que lo reemplazan mientras él asume sus tareas académicas).

Así que, con todo, decidió quedarse en la universidad y vendiendo los manguitos, de lunes a viernes, con lluvia o con sol, desde por la mañana. Solo que esta vez no es adentro sino a la entrada de la universidad para evitar que el proceso disciplinario avance. Espera poder seguirlo haciendo, al menos durante dos años más, hasta que termine sus estudios.

El 13 de diciembre de 2017 recibió el tan esperado correo que le devolvió la tranquilidad a sus noches, en él se declara el archivo definitivo de la investigación disciplinaria ya que no ha podido comprobarse que haya persistido en su “situación de ventas” dentro de la universidad. No obstante, el riesgo de ser expulsado sigue siendo inminente, pues, a ojos vistas, Víctor sigue siendo un estudiante dedicado a las ventas informales a menos de 100 metros de la portería de la universidad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s