Un teatro en la selva

Festival Selva Adentro. Foto por: Carolina Saldarriaga Cardona

Por Carolina Saldarriaga Cardona

Hace un año emprendimos una utopía –porque las utopías parten de posibilidades reales– de construir el primer teatro en la selva en el marco del Festival Selva Adentro, organizado por la Red de Colectivos de Estudio en Pensamiento en Latinoamérica –CEPELA. Este proyecto lo realizamos en uno de los 26 ETCR (Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación) pactados en la firma del Acuerdo de Paz en noviembre 24 de 2016. Es un espacio ubicado en la vereda Caracolí, municipio del Carmen del Darién, en el departamento del Chocó, donde los ex integrantes de las Farc-Ep y sus familias, en un esfuerzo colectivo para reconstruir el tejido social, cultural y político, están asentados en un territorio que quiere seguir transformando los imaginarios que la guerra dejó.

Ha corrido un año, un poco más de trecientos sesenta y cinco atardeceres, un segundo festival, y los sueños siguen intactos. Un teatro. Una casa. Un río. Una escena. Un baile. Una comunidad. Una maloca para seguir imaginando.

El Teatro Selva Adentro –como lo llama su comunidad– se ha ido convirtiendo durante este año en aquel punto de ancla que posibilita sus deseos de quedarse en la zona. Al lado del río, construido en guaduas, ha roto el cerco con las comunidades cercanas, motivando el tránsito de ellas por las cuencas del Curvaradó para llegar al Festival y a otras actividades, convirtiéndose en ese vínculo alrededor del cual se están construyendo lazos, otras formas de vivir y de relacionarse.

El teatro está siendo el punto de encuentro comunitario. Desde proyecciones de partidos de fútbol, matrimonios, puestas en escena de colectivos artísticos hasta reuniones políticas y culturales han transitado por este espacio. Con cada acontecimiento la forma se está recreando y está adquiriendo diversos y cambiantes significados: teatro escenario, teatro auditorio, teatro salón social. Un espacio abierto para todos, residentes y visitantes, locales y extranjeros, que convoca a reunirse, a compartir y trasgredir la indiferencia.

Foto por: Carolina Saldarriaga Cardona

Narrativas en construcción

Y es que el teatro llegó para quedarse y su presencia –que para algunos es una garantía para mantenerse en la zona–, paulatinamente ha modificado los valores preexistentes en y con el territorio, contribuyendo al paso inminente de los excombatientes de nómadas a sedentarios. Y en ese tránsito están surgiendo nuevas preguntas y una necesidad de reinventarse como sujetos fuera de la guerra. Aunque muchos ya no están, han llegado otros que, junto con los que se quedaron, se han estado reacomodando permanentemente en sus propios espacios. Por eso, no fue extraño encontrarnos con casas más decoradas, intervenidas por ellos mismos, modificando sus formas originales porque las familias ya son más grandes. También la tierra tiene más colores: además de los platanales, guayabos y aguacates aparecieron más cultivos no solo de flores como el zapato de obispo sino de yuca, tomate, cilantro, albaca, papaya, maracuyá, cebolla, limoncillo, que evocan el inicio de un proceso de autonomía alimentaria.

Sin embargo, en el aire está inscrita una especie de zozobra. Y es que el territorio donde están ocurriendo todas estas cosas, aún no es legalmente de ellos y la incertidumbre cada vez los acompaña con más intensidad porque no saben si se van a quedar ahí. Está en juego el arraigo: la necesidad que tenemos todos de pertenecer a algo, a una familia, a un lugar, a una comunidad. Y la libertad: el derecho que tienen de re-inventarse como sujetos fuera de la guerra, de re-conocerse no solo como camaradas sino como ciudadanos, sin jerarquías de mando sino de relaciones colaborativas.

“¿Quién es usted fuera de la guerra?”, le pregunté a uno de los exintegrantes de las Farc-Ep –aquel que el año pasado se sorprendió con su propia obra cuando vio el teatro terminado–: “A mí ya no me gusta que me digan Ramiro, ese era mi nombre de guerra. Yo prefiero que me llamen por mi nombre: Oberto Peña, por mi nombre de paz. A mí me gusta cultivar arroz, ya tengo un hijo y tengo una familia”.

Imaginarios en transición

Foto por: Carolina Saldarriaga Cardona

Octubre 17 al 21 de 2018. El Festival Selva Adentro en su segunda versión, durante cinco días y cinco intensas noches, con un Teatro que se sigue vistiendo y desvistiendo para cada fiesta, logró de nuevo acercar a través de la palabra, la danza, la música y el teatro esas historias de esos sujetos que reclaman ser escuchados, animando acciones colectivas desde lo vivido y lo conocido. Por ejemplo, para este año, la comunidad del ETCR Silver Vidal Mora y el Festival fusionaron esfuerzos y aprovechando que hoy en su partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común están organizados por comunas, cada una de ellas tuvo una responsabilidad durante el Festival: una fue la encargada del hospedaje, organizando sus propias casas, otra del transporte en pangas –lanchas– para traer a las comunidades vecinas y del mantenimiento del teatro, y la última fue encargada de la alimentación, contándonos historias a través de cada plato que ellos preparaban y nosotros nos comíamos. Fuimos encontrando de este modo, en la asociatividad, la fuerza para continuar.

Y es que ha llegado la hora de re-imaginarnos regiones como espacios perfectamente propicios para las transiciones a modelos diferentes, que busquen alternativas desde el arte para afirmar la vida en todas sus dimensiones; ya no se trata solo de criticar lo que es, o de soñar con lo que debe ser, sino de actuar para transformar lo real y realizar la utopía, de construir un mundo donde todos quepamos. Trayendo de nuevo al ruedo las relaciones recíprocas y solidarias, las prácticas territoriales propias de cada proceso de transformación y así iniciar la construcción de nuevos paradigmas. Todo ello confirma aquello de que la arquitectura no es solo una concepción de formas bellas y perfectas, sino de un sistema de relaciones vivas y cambiantes entre sujetos con sus experiencias, objetos con sus formas y contextos, con sus particularidades, que rescatan su dimensión social tan oculta en estos tiempos modernos.

Por ahora, la utopía continúa.

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